Retales de Historia

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lunes, 30 de marzo de 2015

La fiebre del oro de California

California, enero de 1848. Se está construyendo un molino en el rancho del general John Sutter, cerca de Coloma y, al remover la tierra, alguien encuentra unas pepitas de oro. Sutter, que tiene el sueño de convertir su rancho en una gran explotación agrícola, no tiene interés en dar a conocer la noticia pues cree (y razón no le falta) que todo lo que podía desencadenar aquel descubrimiento daría al traste con sus aspiraciones. Pero ya era tarde para lamentaciones: acababa de dispararse la fiebre del oro de California.

John Sutter hacia 1850

Pero siempre hay alguien dispuesto a estropear los planes de otro, y el periodista del The Californian, Samuel Brannan, da la voz de alarma el 15 de agosto de 1848, al publicar un artículo donde informaba del acontecimiento. Hombre con visión comercial, se apresuró a abrir un establecimiento donde los futuros buscadores de oro encontrarían todo el material necesario para su aventura. En cuanto a Sutter, hay que decir que no se equivocó, y su proyecto agrícola se vino abajo.

Samuel Brannan

¿Por qué se encontraron esas pepitas en el molino de Sutter? Hace 200 millones de años, los movimientos de la placa tectónica del Pacífico empujaron el fondo marino hasta situarlo debajo de lo que es el continente americano. Ese fondo marino, que tenía vestigios de oro, se fue fusionando con la corteza continental, hasta asomar por tierras de lo que luego se conoció como Sierra Nevada. Posteriormente, el oro sedimentó en el lecho de los ríos de esa zona, y luego apareció en el molino de Sutter.

Esquema de una zona de subducción

A California empezó a llegar un montón de gente desde todos los rincones del mundo. En ese momento, San Francisco, fundada en 1776, no tenía más de 15.000 habitantes, y sus infraestructuras no estaban preparadas para recibir todo lo que se le venía encima. Los primeros buscadores llegaron el mismo 1848, pero la primera oleada grande sería de 90.000 aventureros que llegarían a lo largo de 1849.

San Francisco, 1850

En este momento, California carecía de legislación que regulara el funcionamiento de lo que iba a pasar. Pertenecía a México pero estaba ocupada militarmente por los Estados Unidos, que no la convirtió en estado suyo hasta 1850. Durante algún tiempo, se funcionó con un batiburrillo de normas de ambos países. Precisamente, esa falta de legislación fue o que permitió a los buscadores quedarse con el oro que fueron encontrando.

Carretas tiradas por bueyes

Pronto se puso de manifiesto que el sistema de transportes que llevo a toda esa gente hasta la nueva Tierra Prometida que no era precisamente el mejor. Unas veces se hacía todo el viaje en barco, sufriendo una interminable travesía de más de 30.000 kilómetros; otras se llegaba a la costa oeste mediante canoas, caballo o mulas antes de embarcarse en una nave que llevara a los aventureros hasta San Francisco. La ruta más habitual era cruzando los Estados Unidos por tierra en carretas tiradas por bueyes. Esto era así porque, en caso de surgir la necesidad de comerse al animal, el buey siempre cundía más que cualquier otro animal de tiro.

San Francisco, 1851

Toda esta gente llega y tiene que vivir en algún sitio. Suelen buscar un alojamiento lo más económico posible. Los hay que usan recintos abandonados, otros pequeños pabellones obtenidos de embarcaciones abandonadas en el puerto. Muchas de estas embarcaciones se convertirán después en tiendas con todo tipo de artículos o, incluso, en tabernas. Ni en el viaje ni en la vivienda hay garantías de que las condiciones sean suficientemente salubres. Las naves solían ser barcos que habían arribado a San Francisco repletos de mercancías para abastecer a toda la masa de gente que se había presentado en la zona. Muchas veces eran en las que habían venido aventureros, y sus tripulantes las dejaban tiradas en el puerto para dedicarse también ellos a la búsqueda de oro.

Mineros chinos y blancos durante la Fiebre del oro de California (1852)

El origen de los buscadores fue muy diverso. Eran mayoría los estadounidenses. Los que dieron el primer paso fueron los mismos habitantes del estado de California, de origen multicultural, incluyendo indios y europeos, especialmente franceses. También vinieron desde México y Sudamérica. En cuanto a los buscadores de origen asiático, proliferó la población de origen chino, aunque también hubo filipinos.

Mineros con una mujer

En cuanto a las mujeres, las hubo que fueron acompañando a sus parejas y muchas se quedaban solas por la muerte de los hombres en alguno de los muchos altercados que se producían en las tabernas producto del alcohol o en alguno de los múltiples accidentes que se producían. Algunas pudieron llevar a cabo actividades empresariales, pero no todas tuvieron esa suerte, y no faltaron quienes se dedicaron a la prostitución en alguno de los muchos locales frecuentados por los buscadores.

Forty-niner

Muchos de estos exploradores recibieron el nombre de forty-niners (en inglés, cuarenta y nueve), por llegar a lo largo de 1849, año en que llegó el mayor grupo. Figuraban entre los mejores buscadores, llegando a recoger oro por valor de miles de dólares. Igualmente se les llama argonautas, en alusión a la nave Argo, el barco en el que un grupo de hombres acompañaron a Jasón en la búsqueda del vellocino de oro, igual que estos hombres llegaron en barco y fueron detrás de vetas del metal precioso.

Estos hombres también fueron conocidos con el nombre de gambusinos, y seguían las huellas de minerales, aunque no lo obtenían en grandes cantidades. Según el Vocabulario de mexicanismos (1899), de Joaquín García Icazbalceta, un gambusino es un minero a pequeña escala que busca vetas de minerales, preferiblemente valiosos. La procedencia de esta palabra se explica en el Diccionario de americanismos (1942) de Francisco J. Santamaría, donde se dice que la palabra forma parte del extenso vocabulario resultante de la castellanización del inglés americano en las zonas fronterizas entre los Estados Unidos y México, de manera que la palabra cambusino se usaría para hablar de los primeros buscadores de oro norteamericanos de esas zonas. La búsqueda de los gambusinos para dar con los mejores filones de minerales valiosos dependía, en gran medida, del azar: no tenían la mejor preparación para la búsqueda. En general, los buscadores solían trabajar de forma individual, aunque a veces trabajaban en equipo: solo los grupos o las empresas que se formaron hacían rentable la búsqueda del preciado metal. Estos hombres llegaron a formar una poderosa sociedad de buscadores de oro en el norte del estado, pero no fueron muchos los que hicieron fortuna. El Río de las Plumas fue uno de los lugares donde encontraron más oro. Otros ríos donde también trabajaron fueron el Río Sacramento y el Río Trinidad.

Criba

Buscadores con un plato de los que usaban para buscar oro

Empezaron pescando el oro en las corrientes de agua y en el lecho de los ríos, empleando una criba a modo de tamiz, para separar los diferentes minerales encontrados. También usaba una batea o plato, que muchas veces tienen el borde escalonado y es allí donde las pepitas de oro se quedan con más facilidad. Más tarde, construyeron diques para desviar el curso del río de forma que el cauce quedaba al aire, para poder cavar con más comodidad. Buscaban el oro en las partes donde había mayor concentración de diferentes minerales.

Operaciones de búsqueda en los ríos. En el dibujo se aprecia cómo eran los diques de contención que se hacían para desviar el agua y dejar el lecho del río al descubierto para poder excavar con más comodidad. California Harper's Weekly Magazine

Con el fin de averiguar si las rocas recogidas tienen valor, los gambusinos se valían de un cuerno de vaca donde mezclaban los minerales con agua, de forma que el oro tomaba la apariencia de un hilo brillante. Luego, esas piedras se llevaban a las taunas, que eran molinos donde se trituraban para extraer el oro. Para separar el oro de la piedra donde venía incrustada también se usaba mercurio.

Tauna

Generalmente, el oro se empleaba para subsistir en el día a día: pagar el alquiler y comprar comida. También lo empleaban como moneda de cambio los dueños de los negocios que, a su vez, vendían las provisiones y los útiles de trabajo a los buscadores. Por otra parte, el oro generó la creación de entidades bancarias que emitían billetes cuyo valor los respaldaba el oro, creándose en 1854 la Casa de Moneda de San Francisco.

Para 1850, ya se había terminado con el oro más fácil de coger. Ya no había tantos beneficios como antes y se tuvo que empezar a buscar en otras zonas.

Minería hidráulica, en la cual los mineros lanzan agua a alta presión contra las laderas de las colinas donde está el mineral, erosionando de forma masiva grandes cantidades de tierra para descubrir el metal

En torno a 1853 tuvieron lugar los que se consideran primeros trabajos de minería hidráulica, al construirse aparatos que servían para depurar la grava para facilitar la búsqueda del oro. No era buen método porque dejaron cantidades ingentes de grava, generando con ello muchos elementos contaminantes que perjudicaron la flora y la fauna de la zona.

El uso del mercurio, antes mencionado, fue empleado para levantar millones de toneladas de suelo, pero tampoco fue un acierto. A pesar de ser un elemento altamente contaminante, en el norte de California se usaron más de 10.000.000 de kilos para la obtención del oro. Los primeros afectados por ello fueron las comunidades indígenas que tenían la pesca como parte de sus medios de subsistencia. No fueron pocos los lugares donde se empleó mercurio y que luego no fueron descontaminados, por lo que el consumo de pescado de muchos ríos de la zona está completamente desaconsejado, dado que aún persiste la contaminación en muchos sitios.

En cuanto a la grava, resulta que no es apta para la agricultura. Esta técnica perjudicó a los gambusinos, que vieron mermadas sus ganancias, al disminuir las fuentes de oro, por lo que tuvieron que organizarse buscando otras formas para conseguir minerales valiosos. Se hizo uso del dragado que consiste, básicamente, en limpiar el fondo de las zonas cubiertas de agua alejadas del área de la zona del Río Americano, que fue donde empezó todo. También se buscó oro con los procedimientos de los métodos tradicionales de la minería, haciendo túneles en los riscos.

Río Americano  en relación a la Granja de Sutter

Pero hacía tiempo que habían empezado a surgir problemas con los buscadores de origen extranjero. No es que fueran conflictivos sino que, al disminuir la cantidad de oro de fácil acceso, comenzaron a ser una molestia para los buscadores nacionales, que no veían la forma de eliminar obstáculos. A alguien se le ocurrió encajarles un impuesto de veinte dólares al mes (que en la época debía ser dinero), a ver si de esta manera se marchaban, pero como aún quedaba gente que se resistía, más adelante se crearon leyes que les dificultaban aún más las cosas. Aquello se había convertido en un todos contra todos. A los nacionales les estorbaban los inmigrantes, y a los inmigrantes los indígenas, empujados a dejar las tierras donde pescaban y cazaban, lo que a la larga supuso una reducción drástica de su población.

Levi Strauss

Hay una creencia muy extendida y es que los comerciantes que aprovecharon el tirón de la fiebre ganaron muchísimo dinero. Pero también estaban los que perdieron su negocio en alguno de los muchos incendios que hubo. Quien sí supo hacer dinero fue Levi Strauss, que extendió el uso de la ropa de trabajo hecha con mezclilla naciendo, de esa forma, los pantalones vaqueros.

Pero hubo buscadores que, como resultado de su trabajo, ganaron mucho más, que para algo las pepitas de oro tenían más valor que lo que se podía comprar en un establecimiento de suministros para buscadores de oro.

También los hubo que ganaron dinero ocupándose del transporte de los múltiples viajeros que iban a la zona y de su alojamiento. Desgraciadamente, lo que más abundó fue gente que no gestionó bien la aventura y sufrió pérdidas, por haber tenido que cerrar el negocio o por haber llegado a la zona cuando ya se había pillado todo el oro al que era fácil acceder.

En 1855, la población de la zona ya llegaba a 300.000 personas. Como siempre, las cifras bailan. En poco más de veinte años murieron 120.000 personas, ya sea por hambre, por enfermedad o víctima de la violencia, muchas veces genocida, pues las tierras de los nativos también eran susceptibles de ser explotadas, y los buscadores de oro hacían por echarles de allí.

Como en toda revolución económica y social, la que supuso la fiebre del oro de California trajo consecuencias y no solo negativas. Hubo un desarrollo urbanístico muy grande, incluyendo la construcción de escuelas y vías en condiciones. Y también político, pues California entró en la Unión en 9 de septiembre de 1850. La oleada de gente que fue en busca de un futuro mejor obligó a una mejora en los transportes. Mejora la calidad de los viajes en barco y, en 1863, se inaugura el ferrocarril que sale de Sacramento, que para algo es la capital del estado, y seis años más tarde uno que atraviesa los Estados Unidos. Todos estos avances reducían ostensiblemente la duración del viaje. A largo plazo, la agricultura se tomó su revancha siendo, en la actualidad, el estado de la Unión de mayor producción agrícola, en especial la uva.

El primer ferrocarril transcontinental

La fiebre del oro en California tuvo su auge a mediados del siglo XIX. Muchas poblaciones surgieron de la nada y, tal y como florecieron se marchitaron. También surgió un tipo de buscador de minerales, el gambusino (forty-niner o argonauta), que aún hoy perdura en muchos sitios. Debió desatarse una auténtica locura, en pos de una quimera que, aún hoy, algunos siguen buscando.


27 comentarios:

  1. Un artículo muy bonito e instructivo.

    Tras haberlo leído, me da la impresión de que esta gente tuvo que currar más que los mexicanos o los peruanos, para obtener los metales preciosos. Aparte de la escasez, que motivó siempre peleas entre ellos.

    En resumen, que pasó como siempre, la gente se quiso hacer rica de una manera fácil y rápida, sin embargo, muy pocos lo consiguieron, y algunos que sí lo hicieron eran ajenos a la búsqueda del oro.

    Muchas gracias y saludos.

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    1. Me alegra saber que te ha gustado, Aliado. Está claro que la fiebre del oro no fue algo tan "emocionante" como lo pintan en las películas del oeste, pero sí debió ser un sueño maravilloso…

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    2. Un sueño que termina siempre en pesadilla, aquí en Perú conosco de cerca las fiebres de oro en Madre de Dios, Nazca y la verdad que solo traen miseria, delincuencia, depredación y asolando el medio ambiente ya que en su mayoría son personas que nada tienen que perder, ganando solo el intermediario en la compra y venta del oro.

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  2. Y maravilloso,a sido,tu relato...

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  3. Muy buen blog, voy a empezar a seguirlo y recomendarlo desde el mio

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  4. Muy buen blog, voy a empezar a seguirlo y recomendarlo desde el mio

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  5. me pueden decir tres cosas positivas que pasaron en la fiebre de oro

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Te puedo decir cuatro cosas negativas. Para ello quiero tomar prestadas las palabras de un señor que escribió al buzón de correo: miseria, delincuencia, depredación y devastación del medio ambiente. Pero te puedo decir una: soñar. Es cierto que la fiebre del oro trajo demasiadas cosas negativas pero, al menos, trajo una positiva: permitió soñar a mucha gente. Quizás pueda parecer una tontería, pero cuando dejas de soñar estás muerto.

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    3. Mi crítica era por las consecuencias de las fiebres de oro, pero si hablamos de los sueños, tienes toda la razón de que uno está muerto si deja de soñar, ya que el verdadero sueño solo ocurre cuando estas despierto.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Me sirvio mucho este programa me ayudo para mi colegio muchas gracias a los autores

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