Retales de Historia

Retales de Historia

miércoles, 30 de mayo de 2018

Carlos Luis de Austria


Fue el tercero de los hijos de Sofía de Habsburgo que llegaron a la edad adulta y, por decirlo de alguna manera, pasó a la historia de rebote, dado que no estaba en su camino ningún imperio ni escándalo alguno. Carlos Luis de Austria nació en Schönbrunn el 30 de junio de 1833. Desde su nacimiento ostentaba el rango de archiduque.

Carlos Luis en torno a 1861, fotografiado por Ludwig Angerer

Como hermano de Francisco José, era cuñado de la célebre Sisi e hijo de la temida archiduquesa Sofía de Baviera, de la que decían que era el único hombre en palacio.

Se casó tres veces: la primera con Margarita de Sajonia (1850-1858), la segunda con María Anunciada de Borbón-Dos Sicilias (1862-1871) y María Teresa de Portugal (1873-1896). Tuvo seis hijos entre la segunda y la tercera esposa, siendo María Anunciada la madre de Francisco Fernando de Austria, aquel que posteriormente sería heredero del trono austro-húngaro y sería asesinado en Sarajevo cuando estaba de visita oficial en la ciudad en compañía de su mujer, Sofía Chotek, también muerta en el atentado.

Sofía de Baviera, madre de Carlos Luis

A la muerte de Rodolfo de Austria (1858-1889), hijo del emperador Francisco José I, Carlos Luis se convierte fugazmente en heredero de un imperio en decadencia, pero poco después, renunció en favor de su hijo mayor, Francisco Fernando.

Princesa María Anunciada de Borbón Dos-Sicilias

Pero las cosas pudieron ser muy diferentes para Carlos Luis. En 1853, su hermano el emperador Francisco José I fue blanco de una atentado del que salió ileso. A pesar de tener más hijos, además de Francisco José y Carlos Luis, Sofía estaba empeñada en que fuera su "Franzi" el garante de la permanencia de los Habsburgo en el trono imperial. Y se puso a buscar a la mujer que ocupara el puesto de emperatriz. Había que actuar con mucho tiento pues, entre las casas reinantes europeas, había muchos lazos, ya sea familiares o políticos, y Sofía no quería herir a nadie (al menos eso decía).

Postal conmemorativa de la muerte del archiduque Francisco Fernando y su esposa, Sofía Chotek

La elegida la tenía más cerca de lo que pensaba. Se trataba de la duquesa Elena de Baviera, hija de Ludovica, la cual era hermana de Sofía. Así que, Elena era prima hermana de Francisco José. La consanguinidad no era un impedimento para Sofía, que acordó con Ludovica que la futura pareja se conociera en la residencia de verano que la Familia Imperial tenía en Bad Ischl. Pero Sofía no quería que el duque Max, padre de Elena, estuviera presente pues, a su gusto, era políticamente incorrecto para lo establecido en la Corte Imperial, y tenía miedo que fuera a fastidiar algo (de todos modos, la antipatía era mutua).

Ludovica de Baviera en torno a  1808

Para disimular, Ludovica decide que las acompañe Sisi, hermana de Elena, y que llevaba algún tiempo escribiéndose con Carlos Luis. Aunque el interés de Sisi en Carlos Luis parecía más bien de camaradas, parece que Carlos Luis si tenía verdadero interés por ella. Así que, la idea de Ludovica sobre un posible compromiso entre Sisi y Carlos Luis, a éste le hubieran venido muy bien... si se  hubieran llevado a cabo. Lo que sigue es que Francisco José se compromete con Sisi, y Elena se queda compuesta (o descompuesta) y sin novio. Y Carlos Luis como si fuera invisible.

Retrato de Francisco José I y Elisabeth en torno a 1853

La vida da muchas vueltas. Carlos Luis vio como su hermano mayor se casaba con su amor de juventud, pero también que perdió el único hijo varón que podía ocupar el trono y, además en trágicas circunstancias. Él no fue emperador, pero también tuvo un hijo heredero al trono, también muerto trágicamente, y su asesinato fue el detonante de la Primera Guerra Mundial, pero esto ya no lo vio. A diferencia de Francisco José, se ahorró ese sufrimiento. Carlos Luis murió en Viena el 19 de mayo de 1896, a los 62 años de edad. Fue enterrado en la Cripta de los Capuchinos (Cripta Imperial de Viena).

lunes, 16 de octubre de 2017

La matanza de Tlatelolco

Ocurrió el 2 de octubre de 1968. Una concentración pacífica de estudiantes, reunida en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en México D.F., fue agredida brutalmente por soldados del ejército mexicano y por una facción paramilitar llamada Batallón Olimpia. La Matanza de Tlatelolco, como así fue conocida aquella tragedia, fue consecuencia de la represión llevada a cabo por el gobierno mexicano hacia una corriente social, el movimiento estudiantil de 1968, al que se sumaron profesores, amas de casa y profesionales de muy diferente origen, que no estaban a gusto con el autoritarismo del gobierno. En julio de aquel año, tuvieron lugar una serie de protestas, principalmente estudiantiles, en la capital de México. Había una gran descontento con el autoritarismo gubernamental, que no tenía en cuenta la autonomía universitaria, censuraban la subida de tasas escolares y la supresión de las ayudas del Estado.

Logotipo de las Olimpiadas de México 68

En 1968, México era observado desde distintos lugares del Mundo por las Olimpiadas que iban a iniciarse el día 12 del mismo mes. las autoridades mexicanas querían transmitir al resto del planeta una imagen de normalidad, cuidaban mucho su imagen exterior y, para ello, hizo lo imposible en controlar las comunicaciones. Por otra parte, y con el fin de canalizar mejor todas las quejas, los disconformes con el gobierno de la nación crearon el Consejo Nacional de Huelga.

Preparatoria Ochoterena

En el mundo se está viviendo la época de la Guerra Fría. En México, las universidades son foros de debate donde se habla de los problemas que acosan al país, pero el movimiento toma impulso en las "prepas" (escuelas preparatorias de acceso a la Universidad), y sale de ellas cuando el país se acerca a su momento de mayor exposición ante el mundo, los Juegos Olímpicos, que se celebrarán en octubre del mismo año.

El 22 de julio de 1968, después de un evento deportivo, tuvo lugar una bronca entre diversos grupos de estudiantes: por un lado, alumnos de la Escuela Preparatoria Isaac Ochoterena; por otro alumnos del Instituto Politécnico Nacional. Los granaderos (que no gozaban especialmente del aprecio de la población) se encargan de dispersar a los participantes en la bronca. Parece que el ambiente ya estaba caldeado por las diferencias entre el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México, y los mismos estudiantes, que reclamaban calidad de vida, igualdad y libertad de expresión, entre otros derechos.

A la izquierda, Gustavo Díaz Ordaz. A la derecha, Javier Barros Sierra

Del 26 al 29 de julio, varios centros educativos se declaran en huelga, lo que sirvió de excusa para que entraran en sus instalaciones tropas del ejército y de los granaderos. El 29 se produce una concentración de alumnos del Instituto Politécnico en señal de protesta por la actuación de los granaderos. Luego tiene lugar otra que conmemora la Revolución Cubana. Finalmente, las dos multitudes se encuentran y se hermanan.

Se suceden los encuentros violentos, con heridos y muertos. Uno de los más fuertes fue el que tuvo lugar cerca de la calle 5 de mayo, donde concurrieron los estudiantes con los policías y granaderos, saldándose con un número en torno a 500 heridos. También se destruye la puerta de un edificio por la acción de un arma de gran potencia, una puerta tallada en el siglo XVIII que había en la Escuela Preparatoria de San Ildefonso.

En la imagen de arriba, Barros Sierra a la cabeza de una manifestación. En la imagen de abajo, tanquetas enfrentándose a manifestantes

Javier Barros Sierra, el rector de la UNAM, se manifestó en contra de lo ocurrido. El 30 de julio de 1968, enarboló a media asta la bandera mexicana que había en la Ciudad Universitaria, y pide la libertad de los estudiantes encarcelados. Entonces surge aquello de "¡Únete al pueblo!". Inmediatamente aparece el Consejo Nacional de Huelga, al cual pertenecen estudiantes y docentes de universidades. El movimiento estudiantil da lugar a una serie de peticiones que se ponen en conocimiento público el 4 de agosto de 1968:

1. Libertad a los presos políticos.

2. Derogar los artículos del Código Penal Federal que permitían la disolución social y sirvieron como instrumento jurídico para permitir la agresión contra los estudiantes.

3. La desaparición del Cuerpo de Granaderos.

4. Destitución de las autoridades policiales.

5. Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.

6. Que los funcionarios culpables de los hechos sangrientos fuesen revocados de sus responsabilidades como autoridades.

Aunque parezca mentira, en este punto, las autoridades estaban más preocupadas de la proximidad de las Olimpiadas que de los problemas sociales que había en México. El día 22 de agosto, el gobierno manifiesta su intención de hablar con los portavoces del movimiento estudiantil, quedando claro que las conversaciones tendrían lugar ante miembros de los medios de comunicación.


La "Marcha del Silencio"

El día 26 (otras fuentes dicen que el 27), tiene lugar una manifestación que marcha en dirección al Zócalo. Durante el transcurso de la misma, se señala a Díaz Ordaz como culpable del descontento. Sócrates Campos, representante del movimiento, confía en recibir una respuesta presidencial: en torno a tres mil estudiantes montaron sus tiendas de campaña en el lugar. Cuando llega la noche del 28 de agosto, los estudiantes son dispersados a culatazos. Luego salen varios tanques del interior del Palacio Nacional. Estos tanques destruyen los asentamientos estudiantiles, mientras que los soldados se dedican a perseguir y a pegar a los estudiantes, de cuyos labios salía el grito de "¡México, libertad!".

Durante el mes de septiembre continúa el descontento. Se insiste en llegar al diálogo entre las diferencias partes, pero el gobierno no responde, dando lugar a la "Marcha del Silencio" (13 de septiembre), en la que los asistentes se amordazaron como parte de la protesta. Está claro que las cosas no se iban a quedar ahí, pues el ejército invade la UNAM el 18 de septiembre. Barros Sierra deja el cargo de rector unos días más tarde por no aceptar interferencias ajenas a la Universidad. Siguieron muchos más enfrentamientos, muchos de ellos con policías infiltrados entre las filas estudiantiles. En una de estas luchas, los estudiantes hicieron una serie de trincheras para poner obstáculos al avance de los vehículos blindados que ya habían sacado a la calle. Esta medida, en principio eficaz, se vino abajo cuando entró en escena el Batallón Olimpia. La teoría era que este batallón debía ayudar a proteger a los asistentes a posibles disturbios relacionados con las Olimpiadas.

Imagen de arriba: manifestantes ocupando la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco el día 2 de octubre. Imagen de abajo: tanquetas entrando en Tlatelolco el 2 de octubre

El ejército entró en el campus de la UNAM por orden del presidente de México, el 23 de septiembre, haciendo detenciones totalmente arbitrarias y propinando palizas a los estudiantes. Aunque la renuncia del rector Barros Sierra no había sido aceptada, eso no evitó que el número de protestas fueran en aumento. Como colofón de una huelga de estudiantes que ya duraba nueve semanas, tiene lugar una protesta contra la acción del ejército: se juntan unos 15.000 estudiantes procedentes de diferentes universidades.

En medio de toda esta tensión, el 2 de octubre, unos 80.000 estudiantes se juntan en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Miles de personas acompañadas de sus familias, se sumaron al gentío que ya estaba allí. El ejército vigila para que no haya desórdenes, poniendo especial interés en proteger la Torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Imagen de arriba: uno de los helicópteros desde los que se disparó la bengala verde que daba la señal de inicio de la matanza. Imagen de abajo: soldados en el tejado de un edificio de las inmediaciones de la plaza

Al igual que ya ocurriera en otras concentraciones, se infiltran soldados pertenecientes al Batallón Olimpia (de unos 600 hombres) para participar en los enfrentamientos desde dentro. Tropas del ejército mexicano se dirigen al edificio Chihuahua, empezando así la Operación Galeana. En este edificio hay muchos periodistas y cabecillas del movimiento estudiantil, y el ejército cierra la plaza por el este. Esas tropas, obviamente, van de paisano pero llevan en la mano izquierda un guante blanco para distinguirse de los verdaderos manifestantes. Los soldados rodean la plaza empleando automóviles con blindaje. Más tarde, en la terraza de ese edificio, se encuentran múltiples armas. Alguien observa todo lo que pasa desde los altos de la iglesia de Santiago, que cerró sus puertas el empezar los altercados.

Iglesia de Santiago. Autor: Ismael Rangel Gómez

En torno a las 6.20 p.m., el público asistente al mitin empezó a marcharse tranquilamente. De pronto, las personas que se dirigen al púbico son forzados por los infiltrados a tirarse al suelo. Sin la más mínima vergüenza por parte de sus ocupantes, desde un helicóptero se dispara una bengala: se abría la veda para una cacería de seres humanos. Los francotiradores del Batallón Olimpia empezaron a disparar desde el edificio Chihuahua y otros inmuebles de la zona. Los proyectiles iban dirigidos a los asistentes a la protesta, pero también disparaban a los militares que estaban allí para hacer creer que el ataque venía de los manifestantes.

Según el periodista Francisco Ortiz Pinchetti, miembros del Batallón reconocieron haber empezado el enfrentamiento. Pretendieron hacer creer que se hizo por contestar el supuesto ataque de los estudiantes, y que el caos empujó las balas hacia los inocentes. No tardó en verse una alfombra de seres humanos en el suelo de la Plaza de las Tres Culturas. Cundió el pánico. Los presentes huyeron por donde pudieron. Muchos estudiantes evitaron el peligro refugiándose en sitios perdidos en los edificios cercanos, pero ello no evitó que los soldados siguieran con la persecución, es más, allanaron viviendas: muchas personas que vivían en esos edificios escondieron a manifestantes que huían de las armas, y ellos también fueron agredidos. De hecho, se habían producido disparos en el interior de muchos pisos. Aquel aniquilamiento duró hasta el amanecer.

Imagen de arriba: soldados a la espera para entrar al ataque. Imagen del medio: gente huyendo de la persecución. A la derecha de la imagen, una niña corriendo de a mano de una mujer. Imagen de abajo: soldados aporreando a manifestantes

Otros estudiantes se dirigieron a los ascensores pensando en huir por allí, pero al abrirse se encontraron una desagradable sorpresa: una manada de hombres con la mano izquierda enguantada les apuntaban con armas y los dejan en manos de miembros del ejército, que se encargan de sacarlos del edificio para obligarles después a despojarse de los pantalones y quedarse con las manos apoyadas en la pared. Entre estudiantes, profesores y personas de otros sectores, se detienen más de 2.000. Las mismas personas que ocupaban muchos apartamentos de los alrededores, pudieron comprobar desde sus ventanas, con horror, que la explanada estaba llena de muertos de diferentes edades y condición, no solo militares, sino también niños y mujeres.

A la derecha, miembros del Batallón Olimpia de paisano. Llevan calzado un guante blanco en la mano izquierda. En la imagen de la derecha, estudiantes detenidos que fueron obligados a quitarse la ropa

A las 20.30 se empieza a despejar la plaza. Evacúan a los heridos y se levantan los fallecidos. No tardó en limpiarse la sangre que ensució el suelo, y eso que estaba lloviendo; de eso se ocuparon los bomberos. Vehículos del ejército rodaban por todas partes. También unos setenta camiones, donde se cargaron los cadáveres como si fueran sacos de cemento. Los que tuvieron más suerte, los arrestados, fueron dirigidos a varios centros de detención, sometidos a un aislamiento de días y días, y martirizados con interrogatorios interminables.

Como suele ocurrir en situaciones de este tipo, a día de hoy no se sabe la cantidad exacta de víctimas. Debe entenderse como tales no sólo los muertos, sino también los heridos, los desaparecidos e, incluso, las más que numerosas detenciones arbitrarias que se hicieron sin las más mínimas garantías de seguridad de los afectados. Por otra parte, testigos del momento quisieron calcular el número de muertos según el número de fallecidos por vehículo, pero tampoco se sabrá la cantidad exacta porque los llevaron al Campo Militar número 1 para proceder a su incineración. Los detenidos fueron dispersados por diferentes centros penitenciarios mexicanos. Quisieron hacernos creer que sólo fueron 20 muertos; con México como centro del mundo por los Juegos Olímpicos hubiera quedado muy mal que se reconocieran más, y 20 muertos ya eran demasiado, aunque la cantidad que más suena, según averiguaciones recientes, es la de 300 fallecidos. El dedo acusador señala al Estado Mexicano, y Díaz Ordaz a los infiltrados en las filas de los estudiantes. Entre los mandos militares que participaron en la matanza, figuraban autoridades próximos al círculo presidencial.

En la imagen de arriba, cadáveres apiñados en una ambulancia. En la imagen de abajo, cadáveres en la morgue

La prensa extranjera, como Julián Petiffer de la BBC, pudo ver cómo se ametralló no sólo a manifestantes, sino también a personas que pasaban por ahí. También la escritora mexicana Elena Poniatowska publicó impresionantes testimonios, como el de la mujer que buscaba a su hijo y pudo contar más de 60 muertos. Cuando llegó el momento de atender a los supervivientes, el personal sanitario no tenía ni medios ni espacio suficiente: donde cabía una persona tenían que meter a varios. En un alarde de cinismo, Díaz Ordaz se hace responsable de lo ocurrido, pero nada impide la inauguración de los XIX Juegos Olímpicos el 12 de octubre de 1968. Lo cierto es que los estudiantes no querían echar a perder los Juegos, pero sí que todo el mundo se enterase de que en México las cosas no iban tan bien como parecía.

Las balas de los francotiradores alcanzaron las ventanas de varias viviendas

Pero más tarde o más temprano se hace justicia (o al menos eso parece). En 2005, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado ordenó que se detuvieran a casi 60 personas relacionadas con la carnicería. El que fuera presidente de México entre 1970 y 1976, Luis Echeverría, iría a los tribunales para ser juzgado (aunque luego fue exonerado). También Julio Sánchez Varga, que fue procurador general de la República de México; Luis de Barreda Moreno, subdirector de la Dirección Federal de Seguridad en el momento de la tragedia; y a Miguel Nazar Haro, que fue dirigente de uno de los grupos armados que intervino en Tlatelolco. Viendo cómo funcionaba las cosas, quizás se haya conseguido demasiado si aún no se han hecho desaparecer los documentos de la Fiscalía que se ocupó del asunto. El 3 de octubre la plaza se despertó limpia y en la prensa se destacó el estado del tiempo.

Monumento dedicado a los caídos en Tlatelolco

viernes, 31 de marzo de 2017

Harvey Milk

Hace tiempo vi una película que me encantó y que, con los tiempos que corren, sería estupendo que pudiéramos volver a verla, especialmente se trata de la televisión pública. Su título en español era Mi nombre es Harvey Milk, protagonizada por Sean Penn. Harvey Milk fue el primer homosexual reconocido públicamente que ocupó un cargo en Estados Unidos, y pionero en la lucha a favor de los derechos LGTB. Harvey Bernard Milk nació en la localidad de Woodmere (Nueva York) el 22 de mayo de 1930. Su padre se dedicaba al comercio de ropa y su abuelo, inmigrante lituano, tuvo un negocio propio.

Harvey Milk


Milk ingresó en la Nueva York State College (Albany, Nueva York), obteniendo el título de profesor en 1951. Se alistó en la Marina para participar en la Guerra de Corea (1950-1953) y alcanzó el grado de subteniente. Se licenció con honores cuando dejó el ejército en 1955. Posteriormente, trasladó su residencia a Dallas (Texas). Aunque cueste pensarlo de él, era una persona muy conservadora (fue un firme anticomunista) y en Dallas debería haberse sentido como pez en el agua, pero era judío, y en Texas eso era un obstáculo.

Harvey Milk con traje militar

Cambió de aires, una vez más, volviendo a Nueva York. Aquí se dedicó a dar clases, actividad que dejó años después. Ya vivía, sin ocultarlo, con un hombre, Joe Campbell. Más tarde entró a trabajar en Wall Street en 1963, mostrando gran habilidad a la hora de elegir las inversiones. En ésta época, una nueva pareja le hizo evolucionar en su pensamiento, y a partir de este momento, se interesa por otras cosas, como los musicales y el teatro, colaborando en la realización de Inner City. Este ambiente le ayudó a Milk a aceptar su orientación sexual y a cambiar de orientación política. Fue consciente de su homosexualidad desde mucho antes de llegar a la edad adulta aunque, durante mucho tiempo, prefirió disimularlo. De hecho, llegó a pensar en casarse con una lesbiana amiga suya para ocultarlo con más facilidad. A decir verdad, tenía una forma de ser que no le ayudaba a quedarse demasiado tiempo en el mismo sitio, lo que le llevó a tener ocupaciones muy diferentes. Inicia una relación con Jack Galen McKinley.

Portada del disco con la música de Inner City, realizado por la RCA

En 1972, Milk y su nuevo novio se van a vivir a San Francisco, estableciéndose en el distrito de Castro, donde había una importante comunidad homosexual. Abrió una tienda de fotografía, punto neurálgico de su posterior actividad política. Harvey Milk tiene un gran magnetismo personal y madera de líder, lo que le lleva a instaurar la Asociación de Comerciantes Locales de Castro Valley. De carácter solidario, quiso hacer algo más por su comunidad, y en 1973 presentó su candidatura para la Junta de Supervisores de San Francisco, consiguiendo su objetivo en 1977. Las normas electorales habían cambiado, pasando de votarse globalmente a hacerlo por distritos, y eso le favoreció. También cambió de imagen, y pasó a ir con el pelo corto y traje. Para entonces estaba saliendo con Scott Smith.

Harvey Milk sentado en el escaparate de la Castro Camera

Fue un camino complicado. Aunque era un histriónico, poco a poco consigue captar el interés de los medios y de los votantes. Al final le pasa lo que no hubiera pensado años atrás, se convierte en abanderado de la causa LGTB, participando activamente en el hecho de evitar que saliera adelante una ley gracias a la cual se hubieran discriminado en el trabajo a las personas con una orientación sexual diferente a la políticamente correcta. Pero no se olvidaba de ayudar a otros sectores especialmente marginados, como son los ancianos y los niños de las escuelas con falta de medios.

No había pasado un año cuando Dan White, supervisor y de pensamiento opuesto a Harvey Milk y al alcalde de San Francisco, George Moscone, renuncia a su cargo alegando que cobraba muy poco y el tenía una familia numerosa. Y como protesta a la ley, que favorecía a los homosexuales. Pero se dio cuenta que había metido la pata y quiso echarse atrás, pero no fueron pocos los que empujaron al alcalde a oponerse al retorno de White, que se lo tomó muy mal. Entonces ocurrió la tragedia. El 27 de noviembre de 1978 Dan White se presentó en el Ayuntamiento con un arma y entró en el edificio eludiendo todos los controles de seguridad. Esperó a que Moscone saliera de una reunión y éste le comunicó la decisión que había tomado: el alcalde recibió cuatro tiros. Después fue al despacho de Milk. Tuvieron un altercado, y White zanjó la cuestión disparándole seis veces. Cundió el pánico, lo que fue aprovechado por el asesino para escapar. Otra de las supervisoras, Dianne Feinstein, encontró el cuerpo de Harvey Milk.

Dan White

Está claro que Dan White no podía tener mejor abogado porque, el cargo de asesinato pasó a ser de homicidio voluntario, y solo fue condenado a siete miserables años. El letrado tuvo la suficiente habilidad de alegar inestabilidad mental y depresión por parte de su cliente. Dijeron que esa inestabilidad se debía a los daños producidos en el cerebro de White por haber comido basura: se había aplicado la conocida como defensa Twinkie, nombre tomado de unos pastelitos rellenos de crema. Decir que se ha aplicado la defensa Twinkie era lo mismo que decir que, para la defensa, se alegaron motivos sin importancia. De todos modos, se ve que White algo de conciencia debía tener: después de salir de la cárcel terminó suicidándose, el 21 de octubre de 1985, con el humo del motor de su coche.
El alcalde Moscone

No cayó bien una sentencia tan injusta, lo que dio lugar a la White Night Riots (Disturbios de la Noche Blanca): se produjo una manifestación, que iba desde la Calle Castro al Ayuntamiento de la ciudad, en la que la multitud portaba velas en señal de duelo. Ahí los recibió Dianne Feinstein, que ocupaba el cargo de alcalde después del asesinato de Moscone. A pesar del trato conciliador de Feinstein, no se pudieron evitar violentos disturbios.

Dianne Feinstein jurando el cargo de alcaldesa

Harvey Milk impulsó la participación política del colectivo LGTB en San Francisco, y el trato con otros colectivos desfavorecidos. Se ocupó de otros aspectos, como puede ser su contribución a encontrar vivienda a personas de escasos recursos y procurando mejoras en el transporte público. Sentó las bases para una convivencia cívica y en su ciudad de adopción todos los años se le homenajea en la San Francisco Harvey Milk Memorial Parade y en otros actos.

White Night Riots

Pocos saben que Milk era un apasionado de la ópera, y muchas veces iba solo a los establecimientos operísticos de Nueva York a disfrutar de ese género musical. En 1996, Stewart Wallace estrenó su ópera Harvey Milk, quizás el más sentido homenaje que se le pudo hacer.

Harvey Milk

Para terminar, quiero citar unas palabras de Dianne Feinstein, la mujer que encontró muerto a Harvey Milk: "Su homosexualidad le daba una comprensión de las cicatrices que llevan todas las personas oprimidas". Harvey Milk, espejo en el que deberían mirarse muchos que tienen poder y no hacen nada.

lunes, 28 de noviembre de 2016

La trágica boda de Alfonso XIII

Tenía que ser un día feliz y al principio lo fue. Miembros de las casas reales más importantes de Europa se reunían en Madrid para lo que hoy se hubiera calificado de enlace del año: la boda entre Alfonso XIII, rey de España e hijo póstumo de Alfonso XII, y de Victoria Eugenia de Battenberg, sobrina de Eduardo VII del Reino Unido y, por tanto, nieta de la reina Victoria.

Alfonso XIII y Victoria Eugenia

El rey Alfonso había alcanzado la mayoría de edad el 17 de mayo de 1902, fecha en que cumplía dieciséis años, y asumía la Jefatura del Estado, hasta entonces regentado por su madre, María Cristina de Habsburgo. No tardaría en empezar a buscar esposa. La elegida fue Victoria Eugenia de Battenberg, Ena, a quien conoció en una reunión organizada en Biarritz por Eduardo VII, rey del Reino Unido. A pesar de la oposición por motivos de religión y de salud (no hay que olvidar que la sombra de la hemofilia volaba sobre los Battenberg), el enlace tuvo lugar en Madrid el día 31 de mayo de 1906 en la iglesia de San Jerónimo el Real. También hubo reticencias por no tener rango de Alteza Real, al que fue elevada poco antes de la boda por su tío Eduardo.

Alfonso y Eugenia a la salida de su boda en San Jerónimo el Real. Un círculo rodea a los reyes para localizarlos entre la multitud

Una multitud empezó a llenar las calles de Madrid en torno a las seis de la mañana. Era tal la cantidad de gente que había, que se tuvo que interrumpir el transporte público: 40.000 personas, muchas venidas de fuera de la capital, impedían que funcionara con normalidad. No sabemos si por ayudar al público asistente o si fue por fines recaudatorios, el ayuntamiento, cuyo alcalde era Eduardo Vincenti, alquilaba sillas a 1 peseta cada una para que los madrileños estuvieran más cómodos al ver el paso de la comitiva. Al igual que ocurriera en la boda de Felipe y Letizia, los propietarios de viviendas con balcones que daban a alguna de las calles del trayecto, los alquilaron por precios que llegaban a 2.000 pesetas, que en su tiempo debía ser una barbaridad. Para el alojamiento de los invitados ya no pudo ayudar el ayuntamiento, sino el estamento nobiliario de la ciudad recibiendo en sus palacios a los invitados a la boda. En esa época, el sector de las plazas hoteleras estaba escasamente desarrollado en Madrid.

La bomba cae sobre la carroza real. La escolta real trata de mantener la formación y la multitud huye presa del pánico

La salida de Palacio de don Alfonso se anuncia con 21 cañonazos. Va vestido de blanco, con el uniforme de Capitán General, con botas y espuelas de oro. Lleva el Toisón de Oro y la banda cruzada de la Gran Cruz Roja del Mérito Militar. Entra en Los Jerónimos al son de la Marcha Real. Eran las 10.00 de la mañana. Como manda la tradición, Victoria Eugenia llegó tarde a pesar de ser británica. Vestía un traje con hermosos bordados hechos en plata y la cola tenía casi cinco metros de largo. Al terminar la ceremonia, la carroza real, tirada por corceles blancos, se encaminó a Palacio mientras recibía las muestras de admiración de los madrileños, que disfrutaban de su ciudad especialmente decorada con motivo del enlace.

Instantes después del atentado. En el suelo se aprecia un caballo muerto por la explosión

El carruaje pasa ante Mateo Morral Roca, que desde un balcón contempla atento a la comitiva. Cuando el séquito se encontraba muy cerca ya de su destino, hizo una pausa frente al número 88 de la calle Mayor, muy cerca de Capitanía General. De pronto, la explosión de una bomba procedente de uno de los balcones cercanos. La bomba, de tipo Orsini, como en el atentado al Liceo de Barcelona, estaba escondida dentro de un manojo de flores; Mateo Morral la había lanzado desde el balcón del cuarto piso en que se encontraba viendo el paso de los reyes y su séquito (el abuelo de la que esto escribe tuvo ocasión de ser testigo del momento por vivir en la calle Mayor cuando era niño, y dio aviso a su familia de lo que iba a pasar a la voz de "mira mamá, un ramo con humo").

Los reyes se presentan ante sus invitados después de la tragedia.

En este momento, el tiempo se para en torno a las 14.30. Pero algo sale mal y la bomba se desvía al rozar unos cables de tranvía. Esto hace que el artefacto no le caiga a los reyes, sino al público que le aplaudía a su paso. Las diferentes fuentes varían las cifras, pero se considera que se producen 28 fallecidos y unos 100 heridos. Lo que poca gente sabe es que en ese edificio tenía una propiedad el Duque de Ahumada, y algunos de sus invitados a presenciar al desfile fallecieron como consecuencia de la detonación.

Mateo Morral

Volviendo al vehículo real. Los caballos que tiran del carruaje se espantan con la explosión y provocan la caída al suelo del cochero, que iba en el pescante. En el interior de la carroza, el rey protege a la reina echándose encima de ella. Todos coinciden en la suerte de la real pareja, sobre todo de ella: la portezuela que había a su lado salió disparada como si de metralla se tratara y se desplomó sobre su hermoso vestido. Después, el rey se asoma por la ventanilla para tranquilizar a sus escoltas acerca de la integridad física de los recién casados, aunque han perdido la vida varios miembros de la comitiva. Los novios bajaron del carruaje y se dirigieron a la mal llamada "carroza de respeto", pues hace las veces de repuesto del coche estropeado. La serenidad que demuestran los reyes en tal difícil trance, hace que sean recibidos con más emoción si cabe por el público que rodea el Palacio Real.

Fachada del edificio donde está el balcón desde el cual se arrojó la bomba. En ese balcón siempre hay un ramo de flores (si la vista no me engaña, es el de arriba del todo a la izquierda)

Rápidamente se inician las investigaciones que conducen a encontrar la habitación desde la que se lanzó el artefacto, y encontraron material con el que posiblemente se construyó. Posteriormente se conoce que varios miembros del Gobierno tenían noticias de amenazas sobre la agresión; ese mismo Gobierno decide continuar con los festejos. Los invitados esperan a los reyes en Palacio; éstos se presentan con los trajes deteriorados por el ataque y la reina luce en su vestido las manchas de sangre de algunas de las víctimas, aunque antes del banquete se cambió de traje. Eso sí, el don Alfonso ordenó cancelar el baile por respeto a los fallecidos.

La noticia aparecida en la prensa

Mateo Morral Roca, anarquista, fue el autor del atentado. Había nacido en Sabadell (Barcelona) en 1800. Provenía de una familia catalana dedicada al negocio de las telas. De educación privilegiada, dejó el negocio familiar para trabajar con Francisco Ferrer i Guardia, pedagogo con fama de sedicioso. Dejó Barcelona para llegar a Madrid el 21 de mayo de 1906. Se aloja en una pensión que le recomendó Ferrer i Guardia, y que estaba en la calle del Arenal, pero opta por trasladarse a un alojamiento que encontró en la calle Mayor, un sitio mucho más adecuado para preparar el atentado contra el rey. Para asegurarse de que iba a disponer sin ningún problema de la estancia donde monta la bomba, pagó un adelanto de 350 pesetas, que en la época debía ser un dinero. También se dijo que la bomba Orsini (o de cesta) se la trajo de Francia un antiguo ministro de la Primera República.

Primitivo monumento dedicado a las víctimas del atentado

Una vez que tira la bomba desde su balcón, Mateo Morral huye dejando olvidado un mapa donde está marcado el trayecto de la comitiva real. Después de atravesar el gentío que sale corriendo del lugar, consigue llegar a El Motín, periódico antimonárquico y antieclesiástico. El director, José Naskens, le consigue un sitio donde esconderse de momento. Finalmente, Morral se marcha de Madrid, llegando a Torrejón de Ardoz (actualmente a 25 km por carretera) el día 2 de junio, con la idea de ir desde ahí a Barcelona. Pero tiene hambre, y entra en una fonda para reponer fuerzas. Las autoridades ya han difundido sus características (la ropa desaseada, sus heridas...) y los presentes le reconocen. Alguien avisa a las autoridades y acude la Guardia Civil. Morral se entrega sin ofrecer resistencia, y cuando le llevan al cuartelillo trata de huir y le pegan un tiro. También se dice que fue un guardia jurado quien le detuvo, lo que explica la facilidad con que se deshace de su captor. Lo cierto es que, el hecho de haber matado a Morral cuando se escapó, hizo que no se pudiera aclarar una posible conspiración.

Monumento dedicado a las víctimas del atentado, inaugurado en 1963

Durante la Segunda República, la calle Mayor, donde tuvo lugar el atentado, recibió el nombre de Mateo Morral. Para guardar la memoria de las víctimas del atentado se construyó una monumento que se situó en la misma calle, pero fue destruido durante el periodo republicano. Posteriormente, el escultor Coullaut Valera realizó uno nuevo en 1963 para sustituir al anterior.


Muchos vieron en la tragedia una premonición de cómo serían los años de reinado del rey. No fue ni el primero ni el último atentado que sufriría don Alfonso, los reyes tuvieron una desgraciada vida de pareja, hijos con mala salud (Alfonso, hemofílico; Jaime, sordomudo; Fernando nació muerto; Gonzalo, también hemofílico), reinado agitado (Semana Trágica de Barcelona, Guerra de Marruecos, dictadura de Primo de Rivera). De nada sirvió que, con la proclamación de la II República, Alfonso XIII se fuera de España para evitar una guerra...


Plaza conmemorativa que hace mención a Luces de Bohemia y al terrorista Mateo Morral. Nótese que relata que el prendimiento tuvo lugar en el piso, cuando en realidad tuvo lugar en Torrejón de Ardoz

lunes, 25 de julio de 2016

Carrington

Hoy vamos a hablar de una mujer transgresora. Aunque sin llegar a formar parte del Grupo de Bloomsbury, fue muy cercana a él, llegando a marcar más diferencia con el resto del mundo que ellos mismos. Se trata de la pintora y decoradora Carrington.

Dora Carrington

Dora de Houghton Carrington nació el 29 de marzo de 1893 en Hereford (Inglaterra), durante el mandato de la reina Victoria. Sus padres eran Samuel Carrington y Charlotte Houghton. Adoraba a su padre, no así a su madre, a quien no tenía mucho aprecio por su estrechez de mente.

Realizó sus estudios secundarios en Bedford. Su familia apoyó su talento por el dibujo pagándole clases privadas. Esta formación se vio recompensada cuando Dora fue becada para estudiar en la Slade School of Art, situada en Londres. Ahí estará hasta 1914 y, a decir verdad, es que tiene mucho éxito entre sus compañeros masculinos. Su paso por este centro marca el inicio de una época en la que, al no gustarle "eso" de Dora, se hará llamar solamente Carrington.

Mark Gertler

Pero, como suele ocurrir cuando la vida tiene un punto de escándalo, aunque Carrington tenía un talento desbordante, todo lo que hizo se vio eclipsado por lo llamativo que resultó ser su vida privada. Tuvo romances con gente próxima o perteneciente al Grupo de Bloomsbury: el pintor Mark Gertler, quien le acercó al grupo, el escritor Gerald Brenan y Henrietta Bingham, hija de un embajador. Hasta que, un día de 1915, Carrington se encontró con otro miembro del grupo: Lytton Strachey, escritor y homosexual, pero el amor de su vida.

Gerald Brenan

Tres años más tarde, Carrington conoce a un amigo de su hermano Noel, el mayor Ralph Partridge, que luchó en la Primera Guerra Mundial. Contraen matrimonio en 1924. No debería sorprendernos si decimos que la nueva pareja se llevaron a vivir con ellos a Strachey, que estaba enamorado de Ralph. Carrington nunca usó el apellido de su marido. Parte de la rutina de la rutina de Carrington consistía en pintar mientras Strachey le enseñaba literatura, y cuando Lytton viajaba, enviaba innumerables cartas a su amada-pupila-hija.

Lytton Strachey, por Carrington (1916). National Gallery

En 1931 Strachey es diagnosticado de cáncer de estómago. Cuando Carrington se entera de la imposibilidad de salvarse de su amado, intenta suicidarse con el monóxido de carbono que desprende su coche, pero su marido lo evita a tiempo. Strachey murió el 21 de enero de 1932, pero Partridge ya no pudo evitar el declive definitivo de Carrington, que se pega un tiro, muriendo en Newbury el 11 de marzo de 1932, a la edad de 38 años.

Como le pasó a muchos otros artistas, el reconocimiento a su obra fue póstumo, aunque quizás ello se debió en parte a ella misma, ya que no solía firmar sus obras y tampoco exponía. Trabajó sobre muebles, tejados y vajillas. Pintó paisajes, retratos y fue decoradora de casas, su principal fuente de ingresos. Sus principales modelos fueron personas próximas al Grupo de Bloomsbury, especialmente su amado Lytton.

De izquierda a derecha, Dora Carrington, Saxon Arnold Sidney-Partner, Ralph Partridge y Lytton Strachey

Hace ilustraciones para la editorial de los Woolf, y la casa en la que vivió con Partridge y Strachey la decoró con frescos. Carrington prefería regalar su trabajo a venderlo, por eso no hizo demasiado dinero, cosa que se vio compensada por un patrimonio que le dejó Lytton a su muerte. Carrington fue redescubierta en los años 70, cuando son publicados sus diarios y parte de la correspondencia que mantuvo con otros artistas y escritores.

Dora Carrington, autorretrato

Si bien Carrington hacía un arte poco innovador, no podía decirse lo mismo de su apariencia, muy poco habitual en una mujer de su época. Llevó un corte de pelo que se consideraba varonil (espantoso, al menos), lo que no impidió, como dijimos antes, gustarle mucho a los hombres. Esto llamó la atención a pesar de ser una época, el periodo de entreguerras, que empujaba a la gente a vivir como si nunca más fuera a pasar nada malo en sus vidas.