Retales de Historia

Retales de Historia

lunes, 28 de noviembre de 2016

La trágica boda de Alfonso XIII

Tenía que ser un día feliz y al principio lo fue. Miembros de las casas reales más importantes de Europa se reunían en Madrid para lo que hoy se hubiera calificado de enlace del año: la boda entre Alfonso XIII, rey de España e hijo póstumo de Alfonso XII, y de Victoria Eugenia de Battenberg, sobrina de Eduardo VII del Reino Unido y, por tanto, nieta de la reina Victoria.

Alfonso XIII y Victoria Eugenia

El rey Alfonso había alcanzado la mayoría de edad el 17 de mayo de 1902, fecha en que cumplía dieciséis años, y asumía la Jefatura del Estado, hasta entonces regentado por su madre, María Cristina de Habsburgo. No tardaría en empezar a buscar esposa. La elegida fue Victoria Eugenia de Battenberg, Ena, a quien conoció en una reunión organizada en Biarritz por Eduardo VII, rey del Reino Unido. A pesar de la oposición por motivos de religión y de salud (no hay que olvidar que la sombra de la hemofilia volaba sobre los Battenberg), el enlace tuvo lugar en Madrid el día 31 de mayo de 1906 en la iglesia de San Jerónimo el Real. También hubo reticencias por no tener rango de Alteza Real, al que fue elevada poco antes de la boda por su tío Eduardo.

Alfonso y Eugenia a la salida de su boda en San Jerónimo el Real. Un círculo rodea a los reyes para localizarlos entre la multitud

Una multitud empezó a llenar las calles de Madrid en torno a las seis de la mañana. Era tal la cantidad de gente que había, que se tuvo que interrumpir el transporte público: 40.000 personas, muchas venidas de fuera de la capital, impedían que funcionara con normalidad. No sabemos si por ayudar al público asistente o si fue por fines recaudatorios, el ayuntamiento, cuyo alcalde era Eduardo Vincenti, alquilaba sillas a 1 peseta cada una para que los madrileños estuvieran más cómodos al ver el paso de la comitiva. Al igual que ocurriera en la boda de Felipe y Letizia, los propietarios de viviendas con balcones que daban a alguna de las calles del trayecto, los alquilaron por precios que llegaban a 2.000 pesetas, que en su tiempo debía ser una barbaridad. Para el alojamiento de los invitados ya no pudo ayudar el ayuntamiento, sino el estamento nobiliario de la ciudad recibiendo en sus palacios a los invitados a la boda. En esa época, el sector de las plazas hoteleras estaba escasamente desarrollado en Madrid.

La bomba cae sobre la carroza real. La escolta real trata de mantener la formación y la multitud huye presa del pánico

La salida de Palacio de don Alfonso se anuncia con 21 cañonazos. Va vestido de blanco, con el uniforme de Capitán General, con botas y espuelas de oro. Lleva el Toisón de Oro y la banda cruzada de la Gran Cruz Roja del Mérito Militar. Entra en Los Jerónimos al son de la Marcha Real. Eran las 10.00 de la mañana. Como manda la tradición, Victoria Eugenia llegó tarde a pesar de ser británica. Vestía un traje con hermosos bordados hechos en plata y la cola tenía casi cinco metros de largo. Al terminar la ceremonia, la carroza real, tirada por corceles blancos, se encaminó a Palacio mientras recibía las muestras de admiración de los madrileños, que disfrutaban de su ciudad especialmente decorada con motivo del enlace.

Instantes después del atentado. En el suelo se aprecia un caballo muerto por la explosión

El carruaje pasa ante Mateo Morral Roca, que desde un balcón contempla atento a la comitiva. Cuando el séquito se encontraba muy cerca ya de su destino, hizo una pausa frente al número 88 de la calle Mayor, muy cerca de Capitanía General. De pronto, la explosión de una bomba procedente de uno de los balcones cercanos. La bomba, de tipo Orsini, como en el atentado al Liceo de Barcelona, estaba escondida dentro de un manojo de flores; Mateo Morral la había lanzado desde el balcón del cuarto piso en que se encontraba viendo el paso de los reyes y su séquito (el abuelo de la que esto escribe tuvo ocasión de ser testigo del momento por vivir en la calle Mayor cuando era niño, y dio aviso a su familia de lo que iba a pasar a la voz de "mira mamá, un ramo con humo").

Los reyes se presentan ante sus invitados después de la tragedia.

En este momento, el tiempo se para en torno a las 14.30. Pero algo sale mal y la bomba se desvía al rozar unos cables de tranvía. Esto hace que el artefacto no le caiga a los reyes, sino al público que le aplaudía a su paso. Las diferentes fuentes varían las cifras, pero se considera que se producen 28 fallecidos y unos 100 heridos. Lo que poca gente sabe es que en ese edificio tenía una propiedad el Duque de Ahumada, y algunos de sus invitados a presenciar al desfile fallecieron como consecuencia de la detonación.

Mateo Morral

Volviendo al vehículo real. Los caballos que tiran del carruaje se espantan con la explosión y provocan la caída al suelo del cochero, que iba en el pescante. En el interior de la carroza, el rey protege a la reina echándose encima de ella. Todos coinciden en la suerte de la real pareja, sobre todo de ella: la portezuela que había a su lado salió disparada como si de metralla se tratara y se desplomó sobre su hermoso vestido. Después, el rey se asoma por la ventanilla para tranquilizar a sus escoltas acerca de la integridad física de los recién casados, aunque han perdido la vida varios miembros de la comitiva. Los novios bajaron del carruaje y se dirigieron a la mal llamada "carroza de respeto", pues hace las veces de repuesto del coche estropeado. La serenidad que demuestran los reyes en tal difícil trance, hace que sean recibidos con más emoción si cabe por el público que rodea el Palacio Real.

Fachada del edificio donde está el balcón desde el cual se arrojó la bomba. En ese balcón siempre hay un ramo de flores (si la vista no me engaña, es el de arriba del todo a la izquierda)

Rápidamente se inician las investigaciones que conducen a encontrar la habitación desde la que se lanzó el artefacto, y encontraron material con el que posiblemente se construyó. Posteriormente se conoce que varios miembros del Gobierno tenían noticias de amenazas sobre la agresión; ese mismo Gobierno decide continuar con los festejos. Los invitados esperan a los reyes en Palacio; éstos se presentan con los trajes deteriorados por el ataque y la reina luce en su vestido las manchas de sangre de algunas de las víctimas, aunque antes del banquete se cambió de traje. Eso sí, el don Alfonso ordenó cancelar el baile por respeto a los fallecidos.

La noticia aparecida en la prensa

Mateo Morral Roca, anarquista, fue el autor del atentado. Había nacido en Sabadell (Barcelona) en 1800. Provenía de una familia catalana dedicada al negocio de las telas. De educación privilegiada, dejó el negocio familiar para trabajar con Francisco Ferrer i Guardia, pedagogo con fama de sedicioso. Dejó Barcelona para llegar a Madrid el 21 de mayo de 1906. Se aloja en una pensión que le recomendó Ferrer i Guardia, y que estaba en la calle del Arenal, pero opta por trasladarse a un alojamiento que encontró en la calle Mayor, un sitio mucho más adecuado para preparar el atentado contra el rey. Para asegurarse de que iba a disponer sin ningún problema de la estancia donde monta la bomba, pagó un adelanto de 350 pesetas, que en la época debía ser un dinero. También se dijo que la bomba Orsini (o de cesta) se la trajo de Francia un antiguo ministro de la Primera República.

Primitivo monumento dedicado a las víctimas del atentado

Una vez que tira la bomba desde su balcón, Mateo Morral huye dejando olvidado un mapa donde está marcado el trayecto de la comitiva real. Después de atravesar el gentío que sale corriendo del lugar, consigue llegar a El Motín, periódico antimonárquico y antieclesiástico. El director, José Naskens, le consigue un sitio donde esconderse de momento. Finalmente, Morral se marcha de Madrid, llegando a Torrejón de Ardoz (actualmente a 25 km por carretera) el día 2 de junio, con la idea de ir desde ahí a Barcelona. Pero tiene hambre, y entra en una fonda para reponer fuerzas. Las autoridades ya han difundido sus características (la ropa desaseada, sus heridas...) y los presentes le reconocen. Alguien avisa a las autoridades y acude la Guardia Civil. Morral se entrega sin ofrecer resistencia, y cuando le llevan al cuartelillo trata de huir y le pegan un tiro. También se dice que fue un guardia jurado quien le detuvo, lo que explica la facilidad con que se deshace de su captor. Lo cierto es que, el hecho de haber matado a Morral cuando se escapó, hizo que no se pudiera aclarar una posible conspiración.

Monumento dedicado a las víctimas del atentado, inaugurado en 1963

Durante la Segunda República, la calle Mayor, donde tuvo lugar el atentado, recibió el nombre de Mateo Morral. Para guardar la memoria de las víctimas del atentado se construyó una monumento que se situó en la misma calle, pero fue destruido durante el periodo republicano. Posteriormente, el escultor Coullaut Valera realizó uno nuevo en 1963 para sustituir al anterior.


Muchos vieron en la tragedia una premonición de cómo serían los años de reinado del rey. No fue ni el primero ni el último atentado que sufriría don Alfonso, los reyes tuvieron una desgraciada vida de pareja, hijos con mala salud (Alfonso, hemofílico; Jaime, sordomudo; Fernando nació muerto; Gonzalo, también hemofílico), reinado agitado (Semana Trágica de Barcelona, Guerra de Marruecos, dictadura de Primo de Rivera). De nada sirvió que, con la proclamación de la II República, Alfonso XIII se fuera de España para evitar una guerra...


Plaza conmemorativa que hace mención a Luces de Bohemia y al terrorista Mateo Morral. Nótese que relata que el prendimiento tuvo lugar en el piso, cuando en realidad tuvo lugar en Torrejón de Ardoz

lunes, 25 de julio de 2016

Carrington

Hoy vamos a hablar de una mujer transgresora. Aunque sin llegar a formar parte del Grupo de Bloomsbury, fue muy cercana a él, llegando a marcar más diferencia con el resto del mundo que ellos mismos. Se trata de la pintora y decoradora Carrington.

Dora Carrington

Dora de Houghton Carrington nació el 29 de marzo de 1893 en Hereford (Inglaterra), durante el mandato de la reina Victoria. Sus padres eran Samuel Carrington y Charlotte Houghton. Adoraba a su padre, no así a su madre, a quien no tenía mucho aprecio por su estrechez de mente.

Realizó sus estudios secundarios en Bedford. Su familia apoyó su talento por el dibujo pagándole clases privadas. Esta formación se vio recompensada cuando Dora fue becada para estudiar en la Slade School of Art, situada en Londres. Ahí estará hasta 1914 y, a decir verdad, es que tiene mucho éxito entre sus compañeros masculinos. Su paso por este centro marca el inicio de una época en la que, al no gustarle "eso" de Dora, se hará llamar solamente Carrington.

Mark Gertler

Pero, como suele ocurrir cuando la vida tiene un punto de escándalo, aunque Carrington tenía un talento desbordante, todo lo que hizo se vio eclipsado por lo llamativo que resultó ser su vida privada. Tuvo romances con gente próxima o perteneciente al Grupo de Bloomsbury: el pintor Mark Gertler, quien le acercó al grupo, el escritor Gerald Brenan y Henrietta Bingham, hija de un embajador. Hasta que, un día de 1915, Carrington se encontró con otro miembro del grupo: Lytton Strachey, escritor y homosexual, pero el amor de su vida.

Gerald Brenan

Tres años más tarde, Carrington conoce a un amigo de su hermano Noel, el mayor Ralph Partridge, que luchó en la Primera Guerra Mundial. Contraen matrimonio en 1924. No debería sorprendernos si decimos que la nueva pareja se llevaron a vivir con ellos a Strachey, que estaba enamorado de Ralph. Carrington nunca usó el apellido de su marido. Parte de la rutina de la rutina de Carrington consistía en pintar mientras Strachey le enseñaba literatura, y cuando Lytton viajaba, enviaba innumerables cartas a su amada-pupila-hija.

Lytton Strachey, por Carrington (1916). National Gallery

En 1931 Strachey es diagnosticado de cáncer de estómago. Cuando Carrington se entera de la imposibilidad de salvarse de su amado, intenta suicidarse con el monóxido de carbono que desprende su coche, pero su marido lo evita a tiempo. Strachey murió el 21 de enero de 1932, pero Partridge ya no pudo evitar el declive definitivo de Carrington, que se pega un tiro, muriendo en Newbury el 11 de marzo de 1932, a la edad de 38 años.

Como le pasó a muchos otros artistas, el reconocimiento a su obra fue póstumo, aunque quizás ello se debió en parte a ella misma, ya que no solía firmar sus obras y tampoco exponía. Trabajó sobre muebles, tejados y vajillas. Pintó paisajes, retratos y fue decoradora de casas, su principal fuente de ingresos. Sus principales modelos fueron personas próximas al Grupo de Bloomsbury, especialmente su amado Lytton.

De izquierda a derecha, Dora Carrington, Saxon Arnold Sidney-Partner, Ralph Partridge y Lytton Strachey

Hace ilustraciones para la editorial de los Woolf, y la casa en la que vivió con Partridge y Strachey la decoró con frescos. Carrington prefería regalar su trabajo a venderlo, por eso no hizo demasiado dinero, cosa que se vio compensada por un patrimonio que le dejó Lytton a su muerte. Carrington fue redescubierta en los años 70, cuando son publicados sus diarios y parte de la correspondencia que mantuvo con otros artistas y escritores.

Dora Carrington, autorretrato

Si bien Carrington hacía un arte poco innovador, no podía decirse lo mismo de su apariencia, muy poco habitual en una mujer de su época. Llevó un corte de pelo que se consideraba varonil (espantoso, al menos), lo que no impidió, como dijimos antes, gustarle mucho a los hombres. Esto llamó la atención a pesar de ser una época, el periodo de entreguerras, que empujaba a la gente a vivir como si nunca más fuera a pasar nada malo en sus vidas.

miércoles, 13 de abril de 2016

Alaska, 1964

Desde que el hombre habita sobre la faz de la Tierra, ésta a veces parece mandarnos señales de que no la tratamos bien. Quizás eso formó parte de los pensamientos de los habitantes de Alaska el 27 de marzo de 1964, cuando se desencadenó un terremoto de 9,2 grados en la escala de Richter, y que castigó Anchorage (centro-sur de Alaska) y su área de influencia a las 17.36 hora local. El seísmo, un megaterremoto, tuvo una duración superior a cuatro minutos y, según algunas fuentes, sólo fallecieron 15 personas a consecuencia del mismo, a pesar de ser considerado el tercero más fuerte de la historia desde que se tienen registros, pero su fuerza originó una serie de tsunamis aún más destructivos que el terremoto, y que se llevaron 124 vidas.

Anchorage en los años 50

Alaska, situada al noroeste de los Estados Unidos, fue territorio ruso hasta 1867, fecha en que fue vendida a los Estados Unidos, pero no tendrá el estatus de estado hasta el 3 de enero de 1959, cuando pasa a ser el estado número 49 de la Unión. A partir de ese momento, la economía de Alaska vive un fuerte crecimiento. Se abren centro comerciales y se construye la elitista urbanización Turn again by the sea frente a la Bahía de Prudhoe. Pero el sustrato geológico de la zona tiene en su haber arcillas azules, material poco adecuado si se espera un suelo estable.

Mapa con algunas de las poblaciones afectadas en el terremoto y posterior tsunami

El viernes 27 de marzo de 1964 hubo una temperatura de 11ºC en la ciudad de Anchorage. Buen tiempo para la zona y la época del año. Cuando son las 17.30, y tienen lugar las celebraciones de Viernes Santo, la tierra comenzó a temblar. Cuenta una testigo que "cuando comenzó el estruendo, Cristo estaba por morir en la Cruz, eso fue profético para nosotros". Fue un seísmo de una potencia y duración superior a la habitual, y aniquiló todo lo que encontró hasta donde llegó: viviendas, vías de comunicación, la naturaleza misma. La tierra se resquebrajó y devoró a vehículos aparcados en la vía pública. El epicentro se situó a 120 km al este de Anchorage, en la Bahía del Príncipe Guillermo (Prince William Sound), y el hipocentro a 25 km de profundidad. Las consecuencias del seísmo alcanzaron la Columbia Británica, California, Oregón y Hawai. A pesar de la distancia, también se notó en los estados de Washington, Louisiana y Texas.

Mapa de Alaska

Naturalmente, las poblaciones locales fueron las que se vieron más gravemente afectadas: Chenega, Kodiak, Seward, Valdez, Whittier... Anchorage quedó prácticamente destruida. Toda la península de Kenai y los fiordos del sur de Alaska quedaron asolados. Se vivieron once réplicas de unos 6,0º en Richter, y varias más reducidas durante un año. Las réplicas terminaron de tirar abajo las construcciones que aguantaron al principal terremoto.

Anchorage después del terremoto

Los deslizamientos y las fracturas en el suelo fueron algunos de los motivos que provocaron que las infraestructuras básicas (agua, alcantarillado, electricidad, gas, teléfono...) quedaran convertidas en ruinas. El centro de Anchorage quedó devastado (algunas calles se habían hundido hasta 4 m), y su aeropuerto tuvo que ser cerrado al haberse desplomado la torre de control. Una gran parte de las casas que se destruyeron fue por haber sido construidas en zonas de deslizamientos, como es el caso de Turn again by the sea. Se vio afectada una superficie de mayor extensión que California, 297.728,64 km cuadrados. Algunas áreas del litoral se levantaron hasta 11 m y otras se hundieron hasta 2 m.


Como ocurre muchas veces en las zonas donde ha habido un terremoto lo peor estaba por llegar, pues en una zona de costa donde ha habido un seísmo de tal intensidad suele seguir un tsunami o más, en este caso causantes de más víctimas que el mismo terremoto. El más aterrador recorrió el Océano Pacífico alcanzando California, Hawai y Oregón, entre otros lugares.


Nada más terminar la violenta sacudida de tierra, los habitantes de Kodiak y Seward corrieron a refugiarse en tierras más elevadas, pero en Valdez ya no hubo tiempo para una evacuación: el mar se lo tragó para siempre, muriendo todos los trabajadores del puerto. Es posible que a ello contribuyeran los más de seis depósitos de deslizamientos submarinos que hay en su zona. En las cercanías de Kodiak hubo elevaciones de más de 10 m. Y de poco sirvió a Seward su carrera a las alturas. Aunque la pared de agua tardó tres horas en llegar, fueron alcanzados por una pared de agua de 20 m. de altura. La ciudad quedó arrasada cuando explotaron las instalaciones petrolíferas, aunque posteriormente se reconstruyó situando la carretera a mayor altura para no ser alcanzada por el nuevo nivel de marea cuando sube.


En Whittier, se vio cómo surgió una monstruosa ola en medio de su fiordo, e inmediatamente después, tres olas más que borraron a Whittier del mapa. Estas olas que se vieron en Whittier (que se debieron a corrimientos de tierra submarinos) también borraron del mapa a los empleados de un aserradero. Chenega, una pequeña población de habitantes nativos de la Bahía del Príncipe Guillermo, sufrió el fallecimiento de un tercio de su población por una ola de más de 8 m. en total murieron 124 personas por culpa de los 106 tsunamis. El día 28, con la primera luz del día, un helicóptero recorrió el espacio aéreo de Anchorage. Turn again by the sea, el complejo residencial más exclusivo construido en el lugar, estaba destrozado sobre un montón de arcillas azules desmoronadas, y muchos de sus edificios desplazados a cientos de metros del lugar donde se construyeron.


Cuando tuvo lugar el terremoto, hubo muchas cosas que no se entendieron. Para empezar, el número de víctimas fue muy inferior al de San Francisco de 1906 (más de 3.000 mortales y 7,8º en la escala de Richter) a pesar de ser de mayor magnitud. Esto es así porque la población de Alaska siempre fue muy inferior a la de San Francisco y está mucho más dispersa.


Se aprovechó la ocasión para estudiar más sobre el mecanismo que lleva a que tenga lugar un seísmo. Por entonces, se estaba desarrollando una teoría, la de las placas tectónicas, que explica los movimientos de las diferentes partes de la superficie terrestre y supones, en nuestros días, la piedra angular para comprender los movimientos telúricos. Hasta el terremoto de Alaska de 1964 no se supo relacionar los seísmos y los movimientos de las placas. Esta teoría habla de que la corteza terrestre se divide en varias placas, que ahora se sabe que son quince placas mayores y cuarenta y tres menores, moviéndose unas con respecto a las otras, dando lugar (entre otras cosas) a los terremotos. Pero se había formado una nueva placa y se desconocía casi todo sobre su movimiento; parece que se estaba metiendo bajo otra placa generando una falla que podía afectar a una gran superficie cuando se movía. Esa nueva placa se estaba metiendo debajo de Alaska, dando lugar a una zona de subducción (cuando una placa se mete debajo de otra) causante de terremotos.

La exclusiva urbanización Turn again by the sea después del seísmo

El terremoto de Alaska se estudió dentro de los márgenes de la tectónica de placas. A consecuencia del seísmo que afectó a la zona de influencia de Anchorage y otras poblaciones, hubo zonas donde se encontraron moluscos por encontrarse en fondo marino que se levantó más de 11 m y pinos que se morían por el agua salada, pues la tierra que había bajo sus raíces se hundió casi 3 m.

Seward después del terremoto. La fuerza del seísmo retorció las vías donde iban los depósitos de combustible

Al mismo tiempo, los estudios que se hicieron aprovechando el desastre de 1964 también sirvieron para calcular la frecuencia de acción de estos terremotos. El suelo fue perforado hasta una profundidad cercana a 20 m en busca de restos orgánicos (de plantas) para tratar de hacer una datación con el Carbono 14. Donde se encontraron restos de plantas que crecen sobre la superficie de la tierra, se identificó un cambio brusco que explicaría encontrar unas plantas donde no corresponde: cuando se produjo ese cambio tuvo lugar un megaterremoto. En Alaska tuvieron lugar nueve en los 5.500 años anteriores, y si tenemos en cuenta que ocurren cada 630 años, el próximo podría ser en 2.594..., o antes.

Dibujo de una zona de subducción

Al principio decíamos que la mayor parte de las víctimas lo fueron más por los tsunamis que por el terremoto que los provocó. Esos tsunamis fueron provocados por deslizamientos subacuáticos que tuvieron lugar en lugares próximos a la costa, y que tuvieron lugar cuando tenía lugar el terremoto. Las inundaciones empezaron a producirse antes de que terminara el seísmo; como los fiordos tienen en sus bordes componentes agitados por el temblor, éste hace que se desprendan sedimentos hasta el fondo de los fiordos. Empiezan a retirarse ingentes cantidades de agua, que regresan a la costa en forma de temibles tsunamis que, sin compasión, caen sobre la tierra. Las olas alcanzaron alturas que llegaron a los 30, 40 e incluso 60 m.


Después del terremoto y del tsunami de 1964 en Alaska, muchos lugares estuvieron abandonados durante años, pero llegó un momento en que había que plantearse la reconstrucción. Un nuevo Valdez fue reedificado a seis km de distancia del Valdez asolado por las olas y el fuego. Se hizo sobre la grava que dejó un glaciar, pero tiene el inconveniente que no es un terreno firme. Turn again by the sea, la exclusiva zona residencial de Anchorage que se construyó sobre arcillas azules, se convirtió en parque pero también en una nueva zona residencial (¡¡¡...!!!)

Desprendimientos en la zona de Alaska

En total, 479.147,8 km cuadrados se vieron perjudicados conjuntamente por el megaterremoto y el posterior tsunami el 27 de marzo de 1964. Todo esto hizo que se instituyera el Centro Nacional de Información de Tsunamis de Alaska y el Centro Nacional de Información de Terremotos, ambas cosas antes de terminar la década, y nuevas leyes a seguir para la edificación. Con el cambio del milenio se valoró el monto total de las pérdidas, que parece llegaron a 2.300 millones de dólares. Pero en 1968 se encontró petróleo, lo que ayudó a la reconstrucción de infraestructuras y el restablecimiento de población en la zona.

Anchorage en la actualidad

Aquí termina una historia sobre el terremoto y el tsunami más trágicos en la historia de los Estados Unidos, y el tercer terremoto de los registrados en el mundo. "Sólo" murieron 139 persona, pero se pasó un miedo atroz. Ojalá no se repita.

lunes, 30 de marzo de 2015

La fiebre del oro de California

California, enero de 1848. Se está construyendo un molino en el rancho del general John Sutter, cerca de Coloma y, al remover la tierra, alguien encuentra unas pepitas de oro. Sutter, que tiene el sueño de convertir su rancho en una gran explotación agrícola, no tiene interés en dar a conocer la noticia pues cree (y razón no le falta) que todo lo que podía desencadenar aquel descubrimiento daría al traste con sus aspiraciones. Pero ya era tarde para lamentaciones: acababa de dispararse la fiebre del oro de California.

John Sutter hacia 1850

Pero siempre hay alguien dispuesto a estropear los planes de otro, y el periodista del The Californian, Samuel Brannan, da la voz de alarma el 15 de agosto de 1848, al publicar un artículo donde informaba del acontecimiento. Hombre con visión comercial, se apresuró a abrir un establecimiento donde los futuros buscadores de oro encontrarían todo el material necesario para su aventura. En cuanto a Sutter, hay que decir que no se equivocó, y su proyecto agrícola se vino abajo.

Samuel Brannan

¿Por qué se encontraron esas pepitas en el molino de Sutter? Hace 200 millones de años, los movimientos de la placa tectónica del Pacífico empujaron el fondo marino hasta situarlo debajo de lo que es el continente americano. Ese fondo marino, que tenía vestigios de oro, se fue fusionando con la corteza continental, hasta asomar por tierras de lo que luego se conoció como Sierra Nevada. Posteriormente, el oro sedimentó en el lecho de los ríos de esa zona, y luego apareció en el molino de Sutter.

Esquema de una zona de subducción

A California empezó a llegar un montón de gente desde todos los rincones del mundo. En ese momento, San Francisco, fundada en 1776, no tenía más de 15.000 habitantes, y sus infraestructuras no estaban preparadas para recibir todo lo que se le venía encima. Los primeros buscadores llegaron el mismo 1848, pero la primera oleada grande sería de 90.000 aventureros que llegarían a lo largo de 1849.

San Francisco, 1850

En este momento, California carecía de legislación que regulara el funcionamiento de lo que iba a pasar. Pertenecía a México pero estaba ocupada militarmente por los Estados Unidos, que no la convirtió en estado suyo hasta 1850. Durante algún tiempo, se funcionó con un batiburrillo de normas de ambos países. Precisamente, esa falta de legislación fue o que permitió a los buscadores quedarse con el oro que fueron encontrando.

Carretas tiradas por bueyes

Pronto se puso de manifiesto que el sistema de transportes que llevo a toda esa gente hasta la nueva Tierra Prometida que no era precisamente el mejor. Unas veces se hacía todo el viaje en barco, sufriendo una interminable travesía de más de 30.000 kilómetros; otras se llegaba a la costa oeste mediante canoas, caballo o mulas antes de embarcarse en una nave que llevara a los aventureros hasta San Francisco. La ruta más habitual era cruzando los Estados Unidos por tierra en carretas tiradas por bueyes. Esto era así porque, en caso de surgir la necesidad de comerse al animal, el buey siempre cundía más que cualquier otro animal de tiro.

San Francisco, 1851

Toda esta gente llega y tiene que vivir en algún sitio. Suelen buscar un alojamiento lo más económico posible. Los hay que usan recintos abandonados, otros pequeños pabellones obtenidos de embarcaciones abandonadas en el puerto. Muchas de estas embarcaciones se convertirán después en tiendas con todo tipo de artículos o, incluso, en tabernas. Ni en el viaje ni en la vivienda hay garantías de que las condiciones sean suficientemente salubres. Las naves solían ser barcos que habían arribado a San Francisco repletos de mercancías para abastecer a toda la masa de gente que se había presentado en la zona. Muchas veces eran en las que habían venido aventureros, y sus tripulantes las dejaban tiradas en el puerto para dedicarse también ellos a la búsqueda de oro.

Mineros chinos y blancos durante la Fiebre del oro de California (1852)

El origen de los buscadores fue muy diverso. Eran mayoría los estadounidenses. Los que dieron el primer paso fueron los mismos habitantes del estado de California, de origen multicultural, incluyendo indios y europeos, especialmente franceses. También vinieron desde México y Sudamérica. En cuanto a los buscadores de origen asiático, proliferó la población de origen chino, aunque también hubo filipinos.

Mineros con una mujer

En cuanto a las mujeres, las hubo que fueron acompañando a sus parejas y muchas se quedaban solas por la muerte de los hombres en alguno de los muchos altercados que se producían en las tabernas producto del alcohol o en alguno de los múltiples accidentes que se producían. Algunas pudieron llevar a cabo actividades empresariales, pero no todas tuvieron esa suerte, y no faltaron quienes se dedicaron a la prostitución en alguno de los muchos locales frecuentados por los buscadores.

Forty-niner

Muchos de estos exploradores recibieron el nombre de forty-niners (en inglés, cuarenta y nueve), por llegar a lo largo de 1849, año en que llegó el mayor grupo. Figuraban entre los mejores buscadores, llegando a recoger oro por valor de miles de dólares. Igualmente se les llama argonautas, en alusión a la nave Argo, el barco en el que un grupo de hombres acompañaron a Jasón en la búsqueda del vellocino de oro, igual que estos hombres llegaron en barco y fueron detrás de vetas del metal precioso.

Estos hombres también fueron conocidos con el nombre de gambusinos, y seguían las huellas de minerales, aunque no lo obtenían en grandes cantidades. Según el Vocabulario de mexicanismos (1899), de Joaquín García Icazbalceta, un gambusino es un minero a pequeña escala que busca vetas de minerales, preferiblemente valiosos. La procedencia de esta palabra se explica en el Diccionario de americanismos (1942) de Francisco J. Santamaría, donde se dice que la palabra forma parte del extenso vocabulario resultante de la castellanización del inglés americano en las zonas fronterizas entre los Estados Unidos y México, de manera que la palabra cambusino se usaría para hablar de los primeros buscadores de oro norteamericanos de esas zonas. La búsqueda de los gambusinos para dar con los mejores filones de minerales valiosos dependía, en gran medida, del azar: no tenían la mejor preparación para la búsqueda. En general, los buscadores solían trabajar de forma individual, aunque a veces trabajaban en equipo: solo los grupos o las empresas que se formaron hacían rentable la búsqueda del preciado metal. Estos hombres llegaron a formar una poderosa sociedad de buscadores de oro en el norte del estado, pero no fueron muchos los que hicieron fortuna. El Río de las Plumas fue uno de los lugares donde encontraron más oro. Otros ríos donde también trabajaron fueron el Río Sacramento y el Río Trinidad.

Criba

Buscadores con un plato de los que usaban para buscar oro

Empezaron pescando el oro en las corrientes de agua y en el lecho de los ríos, empleando una criba a modo de tamiz, para separar los diferentes minerales encontrados. También usaba una batea o plato, que muchas veces tienen el borde escalonado y es allí donde las pepitas de oro se quedan con más facilidad. Más tarde, construyeron diques para desviar el curso del río de forma que el cauce quedaba al aire, para poder cavar con más comodidad. Buscaban el oro en las partes donde había mayor concentración de diferentes minerales.

Operaciones de búsqueda en los ríos. En el dibujo se aprecia cómo eran los diques de contención que se hacían para desviar el agua y dejar el lecho del río al descubierto para poder excavar con más comodidad. California Harper's Weekly Magazine

Con el fin de averiguar si las rocas recogidas tienen valor, los gambusinos se valían de un cuerno de vaca donde mezclaban los minerales con agua, de forma que el oro tomaba la apariencia de un hilo brillante. Luego, esas piedras se llevaban a las taunas, que eran molinos donde se trituraban para extraer el oro. Para separar el oro de la piedra donde venía incrustada también se usaba mercurio.

Tauna

Generalmente, el oro se empleaba para subsistir en el día a día: pagar el alquiler y comprar comida. También lo empleaban como moneda de cambio los dueños de los negocios que, a su vez, vendían las provisiones y los útiles de trabajo a los buscadores. Por otra parte, el oro generó la creación de entidades bancarias que emitían billetes cuyo valor los respaldaba el oro, creándose en 1854 la Casa de Moneda de San Francisco.

Para 1850, ya se había terminado con el oro más fácil de coger. Ya no había tantos beneficios como antes y se tuvo que empezar a buscar en otras zonas.

Minería hidráulica, en la cual los mineros lanzan agua a alta presión contra las laderas de las colinas donde está el mineral, erosionando de forma masiva grandes cantidades de tierra para descubrir el metal

En torno a 1853 tuvieron lugar los que se consideran primeros trabajos de minería hidráulica, al construirse aparatos que servían para depurar la grava para facilitar la búsqueda del oro. No era buen método porque dejaron cantidades ingentes de grava, generando con ello muchos elementos contaminantes que perjudicaron la flora y la fauna de la zona.

El uso del mercurio, antes mencionado, fue empleado para levantar millones de toneladas de suelo, pero tampoco fue un acierto. A pesar de ser un elemento altamente contaminante, en el norte de California se usaron más de 10.000.000 de kilos para la obtención del oro. Los primeros afectados por ello fueron las comunidades indígenas que tenían la pesca como parte de sus medios de subsistencia. No fueron pocos los lugares donde se empleó mercurio y que luego no fueron descontaminados, por lo que el consumo de pescado de muchos ríos de la zona está completamente desaconsejado, dado que aún persiste la contaminación en muchos sitios.

En cuanto a la grava, resulta que no es apta para la agricultura. Esta técnica perjudicó a los gambusinos, que vieron mermadas sus ganancias, al disminuir las fuentes de oro, por lo que tuvieron que organizarse buscando otras formas para conseguir minerales valiosos. Se hizo uso del dragado que consiste, básicamente, en limpiar el fondo de las zonas cubiertas de agua alejadas del área de la zona del Río Americano, que fue donde empezó todo. También se buscó oro con los procedimientos de los métodos tradicionales de la minería, haciendo túneles en los riscos.

Río Americano  en relación a la Granja de Sutter

Pero hacía tiempo que habían empezado a surgir problemas con los buscadores de origen extranjero. No es que fueran conflictivos sino que, al disminuir la cantidad de oro de fácil acceso, comenzaron a ser una molestia para los buscadores nacionales, que no veían la forma de eliminar obstáculos. A alguien se le ocurrió encajarles un impuesto de veinte dólares al mes (que en la época debía ser dinero), a ver si de esta manera se marchaban, pero como aún quedaba gente que se resistía, más adelante se crearon leyes que les dificultaban aún más las cosas. Aquello se había convertido en un todos contra todos. A los nacionales les estorbaban los inmigrantes, y a los inmigrantes los indígenas, empujados a dejar las tierras donde pescaban y cazaban, lo que a la larga supuso una reducción drástica de su población.

Levi Strauss

Hay una creencia muy extendida y es que los comerciantes que aprovecharon el tirón de la fiebre ganaron muchísimo dinero. Pero también estaban los que perdieron su negocio en alguno de los muchos incendios que hubo. Quien sí supo hacer dinero fue Levi Strauss, que extendió el uso de la ropa de trabajo hecha con mezclilla naciendo, de esa forma, los pantalones vaqueros.

Pero hubo buscadores que, como resultado de su trabajo, ganaron mucho más, que para algo las pepitas de oro tenían más valor que lo que se podía comprar en un establecimiento de suministros para buscadores de oro.

También los hubo que ganaron dinero ocupándose del transporte de los múltiples viajeros que iban a la zona y de su alojamiento. Desgraciadamente, lo que más abundó fue gente que no gestionó bien la aventura y sufrió pérdidas, por haber tenido que cerrar el negocio o por haber llegado a la zona cuando ya se había pillado todo el oro al que era fácil acceder.

En 1855, la población de la zona ya llegaba a 300.000 personas. Como siempre, las cifras bailan. En poco más de veinte años murieron 120.000 personas, ya sea por hambre, por enfermedad o víctima de la violencia, muchas veces genocida, pues las tierras de los nativos también eran susceptibles de ser explotadas, y los buscadores de oro hacían por echarles de allí.

Como en toda revolución económica y social, la que supuso la fiebre del oro de California trajo consecuencias y no solo negativas. Hubo un desarrollo urbanístico muy grande, incluyendo la construcción de escuelas y vías en condiciones. Y también político, pues California entró en la Unión en 9 de septiembre de 1850. La oleada de gente que fue en busca de un futuro mejor obligó a una mejora en los transportes. Mejora la calidad de los viajes en barco y, en 1863, se inaugura el ferrocarril que sale de Sacramento, que para algo es la capital del estado, y seis años más tarde uno que atraviesa los Estados Unidos. Todos estos avances reducían ostensiblemente la duración del viaje. A largo plazo, la agricultura se tomó su revancha siendo, en la actualidad, el estado de la Unión de mayor producción agrícola, en especial la uva.

El primer ferrocarril transcontinental

La fiebre del oro en California tuvo su auge a mediados del siglo XIX. Muchas poblaciones surgieron de la nada y, tal y como florecieron se marchitaron. También surgió un tipo de buscador de minerales, el gambusino (forty-niner o argonauta), que aún hoy perdura en muchos sitios. Debió desatarse una auténtica locura, en pos de una quimera que, aún hoy, algunos siguen buscando.