Retales de Historia

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lunes, 25 de julio de 2016

Carrington

Hoy vamos a hablar de una mujer transgresora. Aunque sin llegar a formar parte del Grupo de Bloomsbury, fue muy cercana a él, llegando a marcar más diferencia con el resto del mundo que ellos mismos. Se trata de la pintora y decoradora Carrington.

Dora Carrington

Dora de Houghton Carrington nació el 29 de marzo de 1893 en Hereford (Inglaterra), durante el mandato de la reina Victoria. Sus padres eran Samuel Carrington y Charlotte Houghton. Adoraba a su padre, no así a su madre, a quien no tenía mucho aprecio por su estrechez de mente.

Realizó sus estudios secundarios en Bedford. Su familia apoyó su talento por el dibujo pagándole clases privadas. Esta formación se vio recompensada cuando Dora fue becada para estudiar en la Slade School of Art, situada en Londres. Ahí estará hasta 1914 y, a decir verdad, es que tiene mucho éxito entre sus compañeros masculinos. Su paso por este centro marca el inicio de una época en la que, al no gustarle "eso" de Dora, se hará llamar solamente Carrington.

Mark Gertler

Pero, como suele ocurrir cuando la vida tiene un punto de escándalo, aunque Carrington tenía un talento desbordante, todo lo que hizo se vio eclipsado por lo llamativo que resultó ser su vida privada. Tuvo romances con gente próxima o perteneciente al Grupo de Bloomsbury: el pintor Mark Gertler, quien le acercó al grupo, el escritor Gerald Brenan y Henrietta Bingham, hija de un embajador. Hasta que, un día de 1915, Carrington se encontró con otro miembro del grupo: Lytton Strachey, escritor y homosexual, pero el amor de su vida.

Gerald Brenan

Tres años más tarde, Carrington conoce a un amigo de su hermano Noel, el mayor Ralph Partridge, que luchó en la Primera Guerra Mundial. Contraen matrimonio en 1924. No debería sorprendernos si decimos que la nueva pareja se llevaron a vivir con ellos a Strachey, que estaba enamorado de Ralph. Carrington nunca usó el apellido de su marido. Parte de la rutina de la rutina de Carrington consistía en pintar mientras Strachey le enseñaba literatura, y cuando Lytton viajaba, enviaba innumerables cartas a su amada-pupila-hija.

Lytton Strachey, por Carrington (1916). National Gallery

En 1931 Strachey es diagnosticado de cáncer de estómago. Cuando Carrington se entera de la imposibilidad de salvarse de su amado, intenta suicidarse con el monóxido de carbono que desprende su coche, pero su marido lo evita a tiempo. Strachey murió el 21 de enero de 1932, pero Partridge ya no pudo evitar el declive definitivo de Carrington, que se pega un tiro, muriendo en Newbury el 11 de marzo de 1932, a la edad de 38 años.

Como le pasó a muchos otros artistas, el reconocimiento a su obra fue póstumo, aunque quizás ello se debió en parte a ella misma, ya que no solía firmar sus obras y tampoco exponía. Trabajó sobre muebles, tejados y vajillas. Pintó paisajes, retratos y fue decoradora de casas, su principal fuente de ingresos. Sus principales modelos fueron personas próximas al Grupo de Bloomsbury, especialmente su amado Lytton.

De izquierda a derecha, Dora Carrington, Saxon Arnold Sidney-Partner, Ralph Partridge y Lytton Strachey

Hace ilustraciones para la editorial de los Woolf, y la casa en la que vivió con Partridge y Strachey la decoró con frescos. Carrington prefería regalar su trabajo a venderlo, por eso no hizo demasiado dinero, cosa que se vio compensada por un patrimonio que le dejó Lytton a su muerte. Carrington fue redescubierta en los años 70, cuando son publicados sus diarios y parte de la correspondencia que mantuvo con otros artistas y escritores.

Dora Carrington, autorretrato

Si bien Carrington hacía un arte poco innovador, no podía decirse lo mismo de su apariencia, muy poco habitual en una mujer de su época. Llevó un corte de pelo que se consideraba varonil (espantoso, al menos), lo que no impidió, como dijimos antes, gustarle mucho a los hombres. Esto llamó la atención a pesar de ser una época, el periodo de entreguerras, que empujaba a la gente a vivir como si nunca más fuera a pasar nada malo en sus vidas.

miércoles, 13 de abril de 2016

Alaska, 1964

Desde que el hombre habita sobre la faz de la Tierra, ésta a veces parece mandarnos señales de que no la tratamos bien. Quizás eso formó parte de los pensamientos de los habitantes de Alaska el 27 de marzo de 1964, cuando se desencadenó un terremoto de 9,2 grados en la escala de Richter, y que castigó Anchorage (centro-sur de Alaska) y su área de influencia a las 17.36 hora local. El seísmo, un megaterremoto, tuvo una duración superior a cuatro minutos y, según algunas fuentes, sólo fallecieron 15 personas a consecuencia del mismo, a pesar de ser considerado el tercero más fuerte de la historia desde que se tienen registros, pero su fuerza originó una serie de tsunamis aún más destructivos que el terremoto, y que se llevaron 124 vidas.

Anchorage en los años 50

Alaska, situada al noroeste de los Estados Unidos, fue territorio ruso hasta 1867, fecha en que fue vendida a los Estados Unidos, pero no tendrá el estatus de estado hasta el 3 de enero de 1959, cuando pasa a ser el estado número 49 de la Unión. A partir de ese momento, la economía de Alaska vive un fuerte crecimiento. Se abren centro comerciales y se construye la elitista urbanización Turn again by the sea frente a la Bahía de Prudhoe. Pero el sustrato geológico de la zona tiene en su haber arcillas azules, material poco adecuado si se espera un suelo estable.

Mapa con algunas de las poblaciones afectadas en el terremoto y posterior tsunami

El viernes 27 de marzo de 1964 hubo una temperatura de 11ºC en la ciudad de Anchorage. Buen tiempo para la zona y la época del año. Cuando son las 17.30, y tienen lugar las celebraciones de Viernes Santo, la tierra comenzó a temblar. Cuenta una testigo que "cuando comenzó el estruendo, Cristo estaba por morir en la Cruz, eso fue profético para nosotros". Fue un seísmo de una potencia y duración superior a la habitual, y aniquiló todo lo que encontró hasta donde llegó: viviendas, vías de comunicación, la naturaleza misma. La tierra se resquebrajó y devoró a vehículos aparcados en la vía pública. El epicentro se situó a 120 km al este de Anchorage, en la Bahía del Príncipe Guillermo (Prince William Sound), y el hipocentro a 25 km de profundidad. Las consecuencias del seísmo alcanzaron la Columbia Británica, California, Oregón y Hawai. A pesar de la distancia, también se notó en los estados de Washington, Louisiana y Texas.

Mapa de Alaska

Naturalmente, las poblaciones locales fueron las que se vieron más gravemente afectadas: Chenega, Kodiak, Seward, Valdez, Whittier... Anchorage quedó prácticamente destruida. Toda la península de Kenai y los fiordos del sur de Alaska quedaron asolados. Se vivieron once réplicas de unos 6,0º en Richter, y varias más reducidas durante un año. Las réplicas terminaron de tirar abajo las construcciones que aguantaron al principal terremoto.

Anchorage después del terremoto

Los deslizamientos y las fracturas en el suelo fueron algunos de los motivos que provocaron que las infraestructuras básicas (agua, alcantarillado, electricidad, gas, teléfono...) quedaran convertidas en ruinas. El centro de Anchorage quedó devastado (algunas calles se habían hundido hasta 4 m), y su aeropuerto tuvo que ser cerrado al haberse desplomado la torre de control. Una gran parte de las casas que se destruyeron fue por haber sido construidas en zonas de deslizamientos, como es el caso de Turn again by the sea. Se vio afectada una superficie de mayor extensión que California, 297.728,64 km cuadrados. Algunas áreas del litoral se levantaron hasta 11 m y otras se hundieron hasta 2 m.


Como ocurre muchas veces en las zonas donde ha habido un terremoto lo peor estaba por llegar, pues en una zona de costa donde ha habido un seísmo de tal intensidad suele seguir un tsunami o más, en este caso causantes de más víctimas que el mismo terremoto. El más aterrador recorrió el Océano Pacífico alcanzando California, Hawai y Oregón, entre otros lugares.


Nada más terminar la violenta sacudida de tierra, los habitantes de Kodiak y Seward corrieron a refugiarse en tierras más elevadas, pero en Valdez ya no hubo tiempo para una evacuación: el mar se lo tragó para siempre, muriendo todos los trabajadores del puerto. Es posible que a ello contribuyeran los más de seis depósitos de deslizamientos submarinos que hay en su zona. En las cercanías de Kodiak hubo elevaciones de más de 10 m. Y de poco sirvió a Seward su carrera a las alturas. Aunque la pared de agua tardó tres horas en llegar, fueron alcanzados por una pared de agua de 20 m. de altura. La ciudad quedó arrasada cuando explotaron las instalaciones petrolíferas, aunque posteriormente se reconstruyó situando la carretera a mayor altura para no ser alcanzada por el nuevo nivel de marea cuando sube.


En Whittier, se vio cómo surgió una monstruosa ola en medio de su fiordo, e inmediatamente después, tres olas más que borraron a Whittier del mapa. Estas olas que se vieron en Whittier (que se debieron a corrimientos de tierra submarinos) también borraron del mapa a los empleados de un aserradero. Chenega, una pequeña población de habitantes nativos de la Bahía del Príncipe Guillermo, sufrió el fallecimiento de un tercio de su población por una ola de más de 8 m. en total murieron 124 personas por culpa de los 106 tsunamis. El día 28, con la primera luz del día, un helicóptero recorrió el espacio aéreo de Anchorage. Turn again by the sea, el complejo residencial más exclusivo construido en el lugar, estaba destrozado sobre un montón de arcillas azules desmoronadas, y muchos de sus edificios desplazados a cientos de metros del lugar donde se construyeron.


Cuando tuvo lugar el terremoto, hubo muchas cosas que no se entendieron. Para empezar, el número de víctimas fue muy inferior al de San Francisco de 1906 (más de 3.000 mortales y 7,8º en la escala de Richter) a pesar de ser de mayor magnitud. Esto es así porque la población de Alaska siempre fue muy inferior a la de San Francisco y está mucho más dispersa.


Se aprovechó la ocasión para estudiar más sobre el mecanismo que lleva a que tenga lugar un seísmo. Por entonces, se estaba desarrollando una teoría, la de las placas tectónicas, que explica los movimientos de las diferentes partes de la superficie terrestre y supones, en nuestros días, la piedra angular para comprender los movimientos telúricos. Hasta el terremoto de Alaska de 1964 no se supo relacionar los seísmos y los movimientos de las placas. Esta teoría habla de que la corteza terrestre se divide en varias placas, que ahora se sabe que son quince placas mayores y cuarenta y tres menores, moviéndose unas con respecto a las otras, dando lugar (entre otras cosas) a los terremotos. Pero se había formado una nueva placa y se desconocía casi todo sobre su movimiento; parece que se estaba metiendo bajo otra placa generando una falla que podía afectar a una gran superficie cuando se movía. Esa nueva placa se estaba metiendo debajo de Alaska, dando lugar a una zona de subducción (cuando una placa se mete debajo de otra) causante de terremotos.

La exclusiva urbanización Turn again by the sea después del seísmo

El terremoto de Alaska se estudió dentro de los márgenes de la tectónica de placas. A consecuencia del seísmo que afectó a la zona de influencia de Anchorage y otras poblaciones, hubo zonas donde se encontraron moluscos por encontrarse en fondo marino que se levantó más de 11 m y pinos que se morían por el agua salada, pues la tierra que había bajo sus raíces se hundió casi 3 m.

Seward después del terremoto. La fuerza del seísmo retorció las vías donde iban los depósitos de combustible

Al mismo tiempo, los estudios que se hicieron aprovechando el desastre de 1964 también sirvieron para calcular la frecuencia de acción de estos terremotos. El suelo fue perforado hasta una profundidad cercana a 20 m en busca de restos orgánicos (de plantas) para tratar de hacer una datación con el Carbono 14. Donde se encontraron restos de plantas que crecen sobre la superficie de la tierra, se identificó un cambio brusco que explicaría encontrar unas plantas donde no corresponde: cuando se produjo ese cambio tuvo lugar un megaterremoto. En Alaska tuvieron lugar nueve en los 5.500 años anteriores, y si tenemos en cuenta que ocurren cada 630 años, el próximo podría ser en 2.594..., o antes.

Dibujo de una zona de subducción

Al principio decíamos que la mayor parte de las víctimas lo fueron más por los tsunamis que por el terremoto que los provocó. Esos tsunamis fueron provocados por deslizamientos subacuáticos que tuvieron lugar en lugares próximos a la costa, y que tuvieron lugar cuando tenía lugar el terremoto. Las inundaciones empezaron a producirse antes de que terminara el seísmo; como los fiordos tienen en sus bordes componentes agitados por el temblor, éste hace que se desprendan sedimentos hasta el fondo de los fiordos. Empiezan a retirarse ingentes cantidades de agua, que regresan a la costa en forma de temibles tsunamis que, sin compasión, caen sobre la tierra. Las olas alcanzaron alturas que llegaron a los 30, 40 e incluso 60 m.


Después del terremoto y del tsunami de 1964 en Alaska, muchos lugares estuvieron abandonados durante años, pero llegó un momento en que había que plantearse la reconstrucción. Un nuevo Valdez fue reedificado a seis km de distancia del Valdez asolado por las olas y el fuego. Se hizo sobre la grava que dejó un glaciar, pero tiene el inconveniente que no es un terreno firme. Turn again by the sea, la exclusiva zona residencial de Anchorage que se construyó sobre arcillas azules, se convirtió en parque pero también en una nueva zona residencial (¡¡¡...!!!)

Desprendimientos en la zona de Alaska

En total, 479.147,8 km cuadrados se vieron perjudicados conjuntamente por el megaterremoto y el posterior tsunami el 27 de marzo de 1964. Todo esto hizo que se instituyera el Centro Nacional de Información de Tsunamis de Alaska y el Centro Nacional de Información de Terremotos, ambas cosas antes de terminar la década, y nuevas leyes a seguir para la edificación. Con el cambio del milenio se valoró el monto total de las pérdidas, que parece llegaron a 2.300 millones de dólares. Pero en 1968 se encontró petróleo, lo que ayudó a la reconstrucción de infraestructuras y el restablecimiento de población en la zona.

Anchorage en la actualidad

Aquí termina una historia sobre el terremoto y el tsunami más trágicos en la historia de los Estados Unidos, y el tercer terremoto de los registrados en el mundo. "Sólo" murieron 139 persona, pero se pasó un miedo atroz. Ojalá no se repita.

lunes, 30 de marzo de 2015

La fiebre del oro de California

California, enero de 1848. Se está construyendo un molino en el rancho del general John Sutter, cerca de Coloma y, al remover la tierra, alguien encuentra unas pepitas de oro. Sutter, que tiene el sueño de convertir su rancho en una gran explotación agrícola, no tiene interés en dar a conocer la noticia pues cree (y razón no le falta) que todo lo que podía desencadenar aquel descubrimiento daría al traste con sus aspiraciones. Pero ya era tarde para lamentaciones: acababa de dispararse la fiebre del oro de California.

John Sutter hacia 1850

Pero siempre hay alguien dispuesto a estropear los planes de otro, y el periodista del The Californian, Samuel Brannan, da la voz de alarma el 15 de agosto de 1848, al publicar un artículo donde informaba del acontecimiento. Hombre con visión comercial, se apresuró a abrir un establecimiento donde los futuros buscadores de oro encontrarían todo el material necesario para su aventura. En cuanto a Sutter, hay que decir que no se equivocó, y su proyecto agrícola se vino abajo.

Samuel Brannan

¿Por qué se encontraron esas pepitas en el molino de Sutter? Hace 200 millones de años, los movimientos de la placa tectónica del Pacífico empujaron el fondo marino hasta situarlo debajo de lo que es el continente americano. Ese fondo marino, que tenía vestigios de oro, se fue fusionando con la corteza continental, hasta asomar por tierras de lo que luego se conoció como Sierra Nevada. Posteriormente, el oro sedimentó en el lecho de los ríos de esa zona, y luego apareció en el molino de Sutter.

Esquema de una zona de subducción

A California empezó a llegar un montón de gente desde todos los rincones del mundo. En ese momento, San Francisco, fundada en 1776, no tenía más de 15.000 habitantes, y sus infraestructuras no estaban preparadas para recibir todo lo que se le venía encima. Los primeros buscadores llegaron el mismo 1848, pero la primera oleada grande sería de 90.000 aventureros que llegarían a lo largo de 1849.

San Francisco, 1850

En este momento, California carecía de legislación que regulara el funcionamiento de lo que iba a pasar. Pertenecía a México pero estaba ocupada militarmente por los Estados Unidos, que no la convirtió en estado suyo hasta 1850. Durante algún tiempo, se funcionó con un batiburrillo de normas de ambos países. Precisamente, esa falta de legislación fue o que permitió a los buscadores quedarse con el oro que fueron encontrando.

Carretas tiradas por bueyes

Pronto se puso de manifiesto que el sistema de transportes que llevo a toda esa gente hasta la nueva Tierra Prometida que no era precisamente el mejor. Unas veces se hacía todo el viaje en barco, sufriendo una interminable travesía de más de 30.000 kilómetros; otras se llegaba a la costa oeste mediante canoas, caballo o mulas antes de embarcarse en una nave que llevara a los aventureros hasta San Francisco. La ruta más habitual era cruzando los Estados Unidos por tierra en carretas tiradas por bueyes. Esto era así porque, en caso de surgir la necesidad de comerse al animal, el buey siempre cundía más que cualquier otro animal de tiro.

San Francisco, 1851

Toda esta gente llega y tiene que vivir en algún sitio. Suelen buscar un alojamiento lo más económico posible. Los hay que usan recintos abandonados, otros pequeños pabellones obtenidos de embarcaciones abandonadas en el puerto. Muchas de estas embarcaciones se convertirán después en tiendas con todo tipo de artículos o, incluso, en tabernas. Ni en el viaje ni en la vivienda hay garantías de que las condiciones sean suficientemente salubres. Las naves solían ser barcos que habían arribado a San Francisco repletos de mercancías para abastecer a toda la masa de gente que se había presentado en la zona. Muchas veces eran en las que habían venido aventureros, y sus tripulantes las dejaban tiradas en el puerto para dedicarse también ellos a la búsqueda de oro.

Mineros chinos y blancos durante la Fiebre del oro de California (1852)

El origen de los buscadores fue muy diverso. Eran mayoría los estadounidenses. Los que dieron el primer paso fueron los mismos habitantes del estado de California, de origen multicultural, incluyendo indios y europeos, especialmente franceses. También vinieron desde México y Sudamérica. En cuanto a los buscadores de origen asiático, proliferó la población de origen chino, aunque también hubo filipinos.

Mineros con una mujer

En cuanto a las mujeres, las hubo que fueron acompañando a sus parejas y muchas se quedaban solas por la muerte de los hombres en alguno de los muchos altercados que se producían en las tabernas producto del alcohol o en alguno de los múltiples accidentes que se producían. Algunas pudieron llevar a cabo actividades empresariales, pero no todas tuvieron esa suerte, y no faltaron quienes se dedicaron a la prostitución en alguno de los muchos locales frecuentados por los buscadores.

Forty-niner

Muchos de estos exploradores recibieron el nombre de forty-niners (en inglés, cuarenta y nueve), por llegar a lo largo de 1849, año en que llegó el mayor grupo. Figuraban entre los mejores buscadores, llegando a recoger oro por valor de miles de dólares. Igualmente se les llama argonautas, en alusión a la nave Argo, el barco en el que un grupo de hombres acompañaron a Jasón en la búsqueda del vellocino de oro, igual que estos hombres llegaron en barco y fueron detrás de vetas del metal precioso.

Estos hombres también fueron conocidos con el nombre de gambusinos, y seguían las huellas de minerales, aunque no lo obtenían en grandes cantidades. Según el Vocabulario de mexicanismos (1899), de Joaquín García Icazbalceta, un gambusino es un minero a pequeña escala que busca vetas de minerales, preferiblemente valiosos. La procedencia de esta palabra se explica en el Diccionario de americanismos (1942) de Francisco J. Santamaría, donde se dice que la palabra forma parte del extenso vocabulario resultante de la castellanización del inglés americano en las zonas fronterizas entre los Estados Unidos y México, de manera que la palabra cambusino se usaría para hablar de los primeros buscadores de oro norteamericanos de esas zonas. La búsqueda de los gambusinos para dar con los mejores filones de minerales valiosos dependía, en gran medida, del azar: no tenían la mejor preparación para la búsqueda. En general, los buscadores solían trabajar de forma individual, aunque a veces trabajaban en equipo: solo los grupos o las empresas que se formaron hacían rentable la búsqueda del preciado metal. Estos hombres llegaron a formar una poderosa sociedad de buscadores de oro en el norte del estado, pero no fueron muchos los que hicieron fortuna. El Río de las Plumas fue uno de los lugares donde encontraron más oro. Otros ríos donde también trabajaron fueron el Río Sacramento y el Río Trinidad.

Criba

Buscadores con un plato de los que usaban para buscar oro

Empezaron pescando el oro en las corrientes de agua y en el lecho de los ríos, empleando una criba a modo de tamiz, para separar los diferentes minerales encontrados. También usaba una batea o plato, que muchas veces tienen el borde escalonado y es allí donde las pepitas de oro se quedan con más facilidad. Más tarde, construyeron diques para desviar el curso del río de forma que el cauce quedaba al aire, para poder cavar con más comodidad. Buscaban el oro en las partes donde había mayor concentración de diferentes minerales.

Operaciones de búsqueda en los ríos. En el dibujo se aprecia cómo eran los diques de contención que se hacían para desviar el agua y dejar el lecho del río al descubierto para poder excavar con más comodidad. California Harper's Weekly Magazine

Con el fin de averiguar si las rocas recogidas tienen valor, los gambusinos se valían de un cuerno de vaca donde mezclaban los minerales con agua, de forma que el oro tomaba la apariencia de un hilo brillante. Luego, esas piedras se llevaban a las taunas, que eran molinos donde se trituraban para extraer el oro. Para separar el oro de la piedra donde venía incrustada también se usaba mercurio.

Tauna

Generalmente, el oro se empleaba para subsistir en el día a día: pagar el alquiler y comprar comida. También lo empleaban como moneda de cambio los dueños de los negocios que, a su vez, vendían las provisiones y los útiles de trabajo a los buscadores. Por otra parte, el oro generó la creación de entidades bancarias que emitían billetes cuyo valor los respaldaba el oro, creándose en 1854 la Casa de Moneda de San Francisco.

Para 1850, ya se había terminado con el oro más fácil de coger. Ya no había tantos beneficios como antes y se tuvo que empezar a buscar en otras zonas.

Minería hidráulica, en la cual los mineros lanzan agua a alta presión contra las laderas de las colinas donde está el mineral, erosionando de forma masiva grandes cantidades de tierra para descubrir el metal

En torno a 1853 tuvieron lugar los que se consideran primeros trabajos de minería hidráulica, al construirse aparatos que servían para depurar la grava para facilitar la búsqueda del oro. No era buen método porque dejaron cantidades ingentes de grava, generando con ello muchos elementos contaminantes que perjudicaron la flora y la fauna de la zona.

El uso del mercurio, antes mencionado, fue empleado para levantar millones de toneladas de suelo, pero tampoco fue un acierto. A pesar de ser un elemento altamente contaminante, en el norte de California se usaron más de 10.000.000 de kilos para la obtención del oro. Los primeros afectados por ello fueron las comunidades indígenas que tenían la pesca como parte de sus medios de subsistencia. No fueron pocos los lugares donde se empleó mercurio y que luego no fueron descontaminados, por lo que el consumo de pescado de muchos ríos de la zona está completamente desaconsejado, dado que aún persiste la contaminación en muchos sitios.

En cuanto a la grava, resulta que no es apta para la agricultura. Esta técnica perjudicó a los gambusinos, que vieron mermadas sus ganancias, al disminuir las fuentes de oro, por lo que tuvieron que organizarse buscando otras formas para conseguir minerales valiosos. Se hizo uso del dragado que consiste, básicamente, en limpiar el fondo de las zonas cubiertas de agua alejadas del área de la zona del Río Americano, que fue donde empezó todo. También se buscó oro con los procedimientos de los métodos tradicionales de la minería, haciendo túneles en los riscos.

Río Americano  en relación a la Granja de Sutter

Pero hacía tiempo que habían empezado a surgir problemas con los buscadores de origen extranjero. No es que fueran conflictivos sino que, al disminuir la cantidad de oro de fácil acceso, comenzaron a ser una molestia para los buscadores nacionales, que no veían la forma de eliminar obstáculos. A alguien se le ocurrió encajarles un impuesto de veinte dólares al mes (que en la época debía ser dinero), a ver si de esta manera se marchaban, pero como aún quedaba gente que se resistía, más adelante se crearon leyes que les dificultaban aún más las cosas. Aquello se había convertido en un todos contra todos. A los nacionales les estorbaban los inmigrantes, y a los inmigrantes los indígenas, empujados a dejar las tierras donde pescaban y cazaban, lo que a la larga supuso una reducción drástica de su población.

Levi Strauss

Hay una creencia muy extendida y es que los comerciantes que aprovecharon el tirón de la fiebre ganaron muchísimo dinero. Pero también estaban los que perdieron su negocio en alguno de los muchos incendios que hubo. Quien sí supo hacer dinero fue Levi Strauss, que extendió el uso de la ropa de trabajo hecha con mezclilla naciendo, de esa forma, los pantalones vaqueros.

Pero hubo buscadores que, como resultado de su trabajo, ganaron mucho más, que para algo las pepitas de oro tenían más valor que lo que se podía comprar en un establecimiento de suministros para buscadores de oro.

También los hubo que ganaron dinero ocupándose del transporte de los múltiples viajeros que iban a la zona y de su alojamiento. Desgraciadamente, lo que más abundó fue gente que no gestionó bien la aventura y sufrió pérdidas, por haber tenido que cerrar el negocio o por haber llegado a la zona cuando ya se había pillado todo el oro al que era fácil acceder.

En 1855, la población de la zona ya llegaba a 300.000 personas. Como siempre, las cifras bailan. En poco más de veinte años murieron 120.000 personas, ya sea por hambre, por enfermedad o víctima de la violencia, muchas veces genocida, pues las tierras de los nativos también eran susceptibles de ser explotadas, y los buscadores de oro hacían por echarles de allí.

Como en toda revolución económica y social, la que supuso la fiebre del oro de California trajo consecuencias y no solo negativas. Hubo un desarrollo urbanístico muy grande, incluyendo la construcción de escuelas y vías en condiciones. Y también político, pues California entró en la Unión en 9 de septiembre de 1850. La oleada de gente que fue en busca de un futuro mejor obligó a una mejora en los transportes. Mejora la calidad de los viajes en barco y, en 1863, se inaugura el ferrocarril que sale de Sacramento, que para algo es la capital del estado, y seis años más tarde uno que atraviesa los Estados Unidos. Todos estos avances reducían ostensiblemente la duración del viaje. A largo plazo, la agricultura se tomó su revancha siendo, en la actualidad, el estado de la Unión de mayor producción agrícola, en especial la uva.

El primer ferrocarril transcontinental

La fiebre del oro en California tuvo su auge a mediados del siglo XIX. Muchas poblaciones surgieron de la nada y, tal y como florecieron se marchitaron. También surgió un tipo de buscador de minerales, el gambusino (forty-niner o argonauta), que aún hoy perdura en muchos sitios. Debió desatarse una auténtica locura, en pos de una quimera que, aún hoy, algunos siguen buscando.


sábado, 21 de febrero de 2015

La batalla de Bosworth

¿Quién no ha escuchado alguna vez aquello de “mi reino por un caballo”? La leyenda cuenta que la pronunció Ricardo III cuando está a punto de ser derrotado en la batalla de Bosworth, una de las últimas de la Guerra de las Dos Rosas, guerra civil que se prolongó de 1455 a 1487, y enfrentó a la Casa de Lancaster y a la Casa de York por el trono de Inglaterra. Tuvo lugar el 22 de agosto de 1485 y apenas duró un par de horas pero, con la caída del rey Ricardo III, apartó para siempre a la dinastía Plantagenet del trono de Inglaterra.

Batalla de Bosworth

El lector debe tener en cuenta que, las fechas de este artículo correspondientes a la época de la batalla, son las del calendario juliano, por lo cual hay que sumar nueve días a las fechas de la época.

Enrique Tudor

Como dijimos al empezar, la batalla de Bosworth enfrenta a dos casas aspirantes a la corona de Inglaterra: por parte de los Lancaster, Enrique Tudor, conde de Richmond; por parte de los York, el rey de Inglaterra, Ricardo III. Pero hay un tercer bando, el formado por los hermanos Stanley, partidarios de sí mismos.

Ricardo III

En el momento en que tiene lugar la batalla, Enrique Tudor tiene 28 años y ha pasado la mayor parte de su vida fuera de Inglaterra. Sabe más de negocios que de guerra, por lo que se deja aconsejar por hombres de experiencia para dirigir a sus tropas. En ese sentido, su principal apoyo es John de Vere, XIII conde de Oxford.

John de Vere, conde de Oxford

Comparado con sus antepasados, como puede ser Ricardo Corazón de León, Ricardo III es una piltrafa, a pesar de lo cual, la falta de presencia física no le resta valor en el campo de batalla. Entre sus partidarios están John Howard, I duque de Norfolk, y Henry Percy, conde de Northumberland. A ambos los favorece con ventajas económicas y cargos importantes.

Duque de Norfolk

William Stanley es yorkista convencido y se siente más cercano a Ricardo. Thomas Stanley es más flexible; solo en 1485 sirve a Enrique IV, Eduardo IV y Ricardo III. Espera hasta el último momento para arrimarse a quien beneficia más a sus intereses. Thomas, además, es el padrastro de Enrique, lo que hace que Ricardo no termine de fiarse de él y coge como rehén a Jorge, hijo de Thomas, para que no se vuelva en su contra.

Thomas Stanley

Ahora voy a explicar cómo se llegó al punto en que se quiso llegar a la batalla. Inglaterra sufre los efectos de una guerra civil que, en la fecha de la batalla, ya dura 30 años. En 1471, el destronado rey Enrique VI muere en la Torre de Londres, y su único hijo, Eduardo, es ahorcado por partidarios de los York el mismo año, por lo que la Casa de Lancaster pierde el trono.

Eduardo IV

El nuevo rey, Eduardo IV, perteneciente a la Casa de York, desata una persecución contra quienes no lo reconocen como monarca, así que el candidato Lancaster más próximo a la corona, Enrique Tudor, tiene que huir de Inglaterra llegando a Bretaña. Por parte de padre, Enrique desciende de Juan de Gante, duque de Lancaster, pero por parte de su madre, Margarita Beaufort, es de origen bastardo y, aunque los Beaufort son legitimados, es a costa de renunciar a sus derechos al trono.

Eduardo y Ricardo, John Everett Millais, 1878

Eduardo IV murió el 9 de abril de 1483. Deja dos hijos, Eduardo, de doce años de edad, y Ricardo, de nueve, demasiado jóvenes para hacerse cargo de la corona, por lo que se forma un Consejo Real para hacerse cargo de la Regencia hasta la mayoría de edad del joven Eduardo. Para evitar las intrigas de los Woodville, familia de la reina viuda, el Consejo Real llama a Ricardo Plantagenet, duque de Gloucester, hermano del difunto rey y, por tanto, tío del nuevo monarca. La Regencia de Ricardo se inicia el 29 de abril, y empieza haciéndose cargo del nuevo rey, Eduardo V. No pierde el tiempo y acusa a los Woodville de felonía y manda ajusticiarlos. El 22 de junio, el Parlamento declara ilegal la unión entre Eduardo IV e Isabel Woodville; con ello Ricardo consigue la bastardía de los hijos de la pareja y, por tanto, corta el acceso de ambos niños al trono, que Ricardo ocupa a partir del 26 de junio de 1483. Eduardo V y su hermano Ricardo, son encerrados en la Torre de Londres, y no se vuelve a saber de ellos.

Margarita Beaufort

Ese mismo verano de 1483, se empieza a fraguar una conjura contra el rey ladrón. La cabecilla de la conspiración es Margarita de Beaufort, viuda en segundas nupcias de Edmundo Tudor, (hijo de Enrique V de Inglaterra) y, en ese momento, casada en cuartas nupcias con Thomas Stanley, Lord Alto Condestable de Inglaterra. Enrique Tudor, hijo de Margarita y Edmundo, y miembro de la Casa de Lancaster, es propuesto para el trono.

Hay un primer intento para deponer a Ricardo. Se prepara una invasión; Enrique debe llegar a Inglaterra por mar y Henry Stafford, duque de Buckingham (a quien Margaret convenció para participar en el complot), desde el País de Gales. Corría el año 1484. Ricardo está al tanto de los movimientos subversivos y ordena pulverizar los puentes del río Severn. Tiene lugar una tormenta que aumenta el caudal del río y, al llegar a él, las tropas del duque no pueden cruzarlo. Buckingham huye, pero es atrapado por soldados de Ricardo, que manda matarlo (2 de noviembre de 1484). El duque de Buckingham había sido uno de las personas que había ayudado a Ricardo a apartar del entorno de la corona a la familia materna del joven Eduardo V. Enrique, por su parte, había intentado desembarcar el 10 de octubre, pero su flota queda diseminada por el temporal que afectaba la zona (está claro que la Armada de Felipe II no fue la primera que tuvo problemas). Al acercarse a Plymouth para desembarcar, se percata de la presencia de unos hombres de Ricardo y se vuelve a Bretaña.

Pierre Landais

En 1484, aprovechando una enfermedad de Enrique II, duque de Bretaña, donde está protegido Enrique, Pierre Landais, tesorero del duque, llega con Ricardo a un acuerdo para entregarle a Enrique y a su tío, Jasper Tudor. Los Tudor son advertidos de ello por John Morton, obispo de Flandes, y pueden huir y ponerse bajo la protección de Carlos VIII de Francia, al que le viene muy bien la presencia de sus huéspedes pues se convierten en escudo contra las pretensiones de Ricardo hacia Francia.

Ana de Neville, vidriera del castillo de Cardiff

Pero Ricardo también tiene problemas: el 16 de marzo de 1485, su esposa, Ana Neville, muere y enseguida recaen las sospechas sobre Ricardo. Si bien es cierto que Ana pudo morir de tuberculosis, también hay sospechas de que Ricardo andaba considerando casarse con su sobrina Isabel, prometida de su oponente Enrique. Fuese lo que fuese, la muerte de Ana hace perder terreno a Ricardo.

Isabel de York

Enrique, que se entera de las supuestas intenciones de Ricardo, deja Harfleur, al norte de Francia, el 1 de agosto de 1485. Llega a Mill Bay, suroeste del País de Gales, el 7 de agosto. Arrebata la fortaleza de Dale y no es bien recibido por los lugareños, pero al llegar al condado de Pembrokeshire, donde nació Enrique y donde hay tropas de Ricardo, varios oficiales del rey se unen a las tropas de Enrique. Uno de ellos, Rhys ap Thomas recluta por el camino a 500 soldados más, de origen galés, que siguen al ejército del Tudor.

Hacía tiempo que Ricardo estaba al corriente de los planes de Enrique, pero es informado con retraso. A partir del 16 de agosto se van congregando sus tropas. El duque de Norfolk se dirige a Leicester, ciudad que gustaba mucho al entorno de Ricardo. Tres días después le envía 80 hombres. El conde de Northumberland también se encamina hacia Leicester.

Enrique no va primeramente a Londres, sino al este, donde se reúnen con las tropas de sus partidarios ingleses y antiguos partidarios de Ricardo. Pasa por Staffordshire, pero se mueve con lentitud por si puede reclutar más soldados antes de llegar a la batalla: sus tropas siguen siendo muy inferiores en número a las de Ricardo. A estas alturas, ya había entrado en contacto con los Stanley, que se movilizan y se posicionan en la avanzadilla de las tropas de Enrique. El 21 de agosto, Enrique acampa al noroeste, en White Moors, y los Stanley, al norte de Dallington.

Ricardo III y el duque de Norfolk se reúnen en Leicester el 20 de agosto. El conde de Northumberland se encuentra con ellos el 21. Las tropas de Ricardo se dirigen al oeste para cortar el paso de Enrique a la capital del reino. Entonces Ricardo decide marchar hacia Ambion Hill, pensando que sería una buena idea…

Y llegó la batalla. Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre el lugar exacto en que tuvo lugar la batalla, y es debido a la diferencia de opiniones que hay sobre el estado del suelo en los diferentes lugares considerados para la batalla. No hay que olvidar que Ricardo tuvo que dejar su caballo debido a que éste se hundió en suelo pantanoso. Parece que prevalece la tesis que afirma que fue en Ambion Hill, colina situada en Leicestershire, Inglaterra, donde tuvo lugar la batalla de Bosworth y, al mismo tiempo, el nombre de la batalla se tomó de la cercana localidad de Market Bosworth.

Primera etapa de la batalla. Una parte del ejército de Ricardo carga desde Ambion Hill contra las fuerzas de Enrique. Los Stanley observan la situación desde el sur. Autor del mapa: Jappalang

Las tropas de Ricardo se sitúan en la línea de cresta de una colina. El conde de Northumberland, en el flanco izquierdo, con la caballería. El duque de Norfolk, en el flanco derecho, acompañado de lanceros, resguarda a la artillería y a los arqueros. En medio de todo, Ricardo al frente de la infantería. Desde donde está puede ver dónde se sitúan las tropas enemigas. Entre los soldados de Enrique hay muchos exiliados que escaparon de Ricardo, muchos galeses y escasos ingleses. Se cree que hubo tropas francesas, seguramente mercenarios. Las tropas de Enrique están en el suroeste, y los soldados de los Stanley al sur.

Enrique avanza con sus tropas en dirección a Ambion Hill y rodea un pantano cercano. Ricardo le hace llegar un mensaje a Thomas Stanley, recordándole que tiene a su hijo Jorge de rehén. Stanley no reacciona y Ricardo ordena la ejecución del joven, pero sus soldados le recomiendan posponer el ajusticiamiento para no distraer la atención de la batalla. Enrique reclama a Stanley pruebas de su lealtad y este le da una respuesta muy ambigua, no se sabe si por proteger a su hijo o por seguir su política de “caballo ganador”, y deja solo a Enrique, que pone sus tropas en manos del conde de Oxford, que mantiene a los soldados en un solo bloque pero de forma que puedan evitar ser rodeados.

Posición de Northumberland en Ambion Hill

Las tropas de Enrique reciben muestras de la artillería de Ricardo cuando aquellos buscan eludir el pantano. Entran en acción los arqueros de ambos bandos. Los hombres del conde de Oxford son superiores cuando se han bajado de sus caballos. Al duque de Norfolk se le escapan los soldados. Ricardo tiene problemas y le pide ayuda a Northumberland, que no responde, seguramente, por el poco espacio que había en la cresta de la colina.

Enrique se une a los Stanley, Ricardo se da cuenta y decide arriesgarse para acabar lo antes posible con su contrario. Se pone al frente de una carga de caballería y se lanza sobre la cuadrilla donde se encuentra Enrique y mata al portaestandarte. A Enrique le protegen sus escoltas.

Segunda etapa de la batalla. Ricardo conduce un pequeño grupo de hombres alrededor del campo de batalla y carga contra Enrique, que se dirige hacia los Stanley. William Stanley acude en auxilio de Enrique. Autor del mapa: Jappalang

Como Ricardo está enredado en luchar con los hombres de su enemigo, y alejado de los suyos, William Stanley se dirige con sus soldados hacia donde está Enrique. El todavía rey, prácticamente solo, es rodeado y acorralado hacia el pantano. Su caballo se hunde en el terreno pantanoso, lo que obliga a Ricardo a desmontar. Parece que es en este momento en el que se supone que dice aquello de “mi reino por un caballo”, pero la imaginación de Shakespeare, autor de Ricardo III, fue demasiado lejos porque, en realidad, sus soldados le ofrecen sus cabalgaduras para que escape, pero no acepta, y Ricardo y la dinastía Plantagenet mueren, posiblemente por herida de lanza.

En cuanto se conoce la noticia, el ejército de Ricardo se esfuma. El duque de Norfolk también muere, mientras que el conde de Northumberland consigue huir con sus tropas. Al terminar la batalla, Lord Stanley encuentra la corona de Ricardo y se la lleva a Enrique, que será coronado en Crown Hill, y reinará con el nombre de Enrique VII.

Participaron 10.000 soldados partidarios de los York, 5.000 de los Lancaster, y 6.000 de los Stanley. Entre muertos y heridos, el ejército de los York perdió 1.000 soldados, el de los Lancaster 100 y se desconocen las pérdidas de las tropas de los Stanley. Todavía hubo algún levantamiento en contra del nuevo rey Enrique, pero fueron sofocados.

Iglesia de St James, Dadlington

Los fallecidos reciben sepultura en la iglesia de Saint James de Dadlington. Ricardo, de momento, no es enterrado. Sus restos son llevados a Leicester, donde es exhibido desnudo ante la población y, posteriormente, es inhumado en un lugar desconocido.

Placa conmemorativa del lugar donde se supone que murió Ricardo III

Asimismo, Enrique se encarga de cambiar la fecha oficial de inicio de su reinado a un momento anterior a la batalla, de forma que puede imputar por felonía a muchos que, en su momento, no le apoyaron.

Como era de esperar, los Stanley salieron muy bien parados. A Lord Stanley le nombra conde de Derby (y le da mucho dinero), y a William le hace su chambelán personal. A John de Vere, conde de Oxford, le devuelve los títulos y tierras que le quitó Ricardo, y le hace almirante de Inglaterra; a su tío, Jasper Tudor, le concede el título de duque de Bedford.

Antes hablábamos de Shakespeare. Su obra Ricardo III tiene como parte más importante de la misma la batalla de Bosworth, durante la cual Ricardo es acosado por los fantasmas de la gente que perdió la vida por su culpa.

En 1955, Laurence Olivier dirige y protagoniza un gran film titulado también Ricardo III y basado en la obra homónima de Shakespeare, donde las escenas de la batalla de Bosworth, que ocupa unos 20 minutos de un metraje de dos horas y media, fueron rodadas en Madrid.


Meses después de la batalla, Enrique, ya proclamado rey de Inglaterra, contrae matrimonio con Isabel de York, hija de Eduardo IV, el 18 de enero de 1846, con la idea de unir en una rama a los Lancaster y a los York, iniciando así la nueva dinastía Tudor.