Retales de Historia

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jueves, 11 de agosto de 2011

Nunca más Hiroshima

Ayer se cumplieron 66 años de la capitulación de Japón en el verano de 1945, finalizando así la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué se llegó a la capitulación? Porque cuatro días antes se tiró una bomba atómica sobre población civil y, tres días después de esa bomba, se tiró otra, también sobre población civil. Es curioso, pero para lo próximo en el tiempo de estos acontecimientos, he encontrado baile de fechas. Pero, un días más, un día menos ¿qué más da?

Hongo producido por la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima.

El 6 de agosto de 1945 cayó sobre Hiroshima una bomba atómica que no encontró obstáculos en una ciudad levantada sobre terreno casi llano del todo: los edificios quedaron como si hubieran quemado papel. Se dice que en Japón en seguida se pensó en rendirse, pero no hubo tiempo de comprobarlo pues, el 9 de agosto de 1945, se lanzó otra bomba sobre Nagasaki, a unos 300 kms. de la anterior ciudad bombardeada. Los efectos de esta bomba fueron peores porque Nagasaki estaba en un valle, como si las ondas destructivas hubieran rebotado en las laderas de las montañas y volvían a hacer daño. Lo curioso es que aquí quedaron equipos médicos intactos.

Hongo producido por la bomba atómica lanzada sobre Nagasaki.

Lo cierto es que la capitulación japonesa se produjo de forma inmediata el 10 de agosto, y fue cuando los japoneses tuvieron la ocasión de oír por primera vez la voz de su tenno (emperador) por la radio: se llamaba Hirohito.

Hirohito.

La rendición no se firmaría hasta el 2 de septiembre de ese mismo año, y tendría lugar en la cubierta del acorazado Missouri. Siempre me llamó la atención la vestimenta de los representantes de ambos países, Estados Unidos y Japón, en tal ocasión: los japoneses, entre ellos el Ministro de Relaciones Exteriores Mamoru Shigemitsu, vestido de chaqué y sombrero de copa; Douglas MacArthur, por los Estados Unidos, con traje de campaña arrugado.

Firma de la rendición japonesa sobre el acorazado Missouri.

Más adelante se supo que la bomba que cayó sobre Hiroshima se llamaba Little Boy, el avión desde el que cayó se llamaba Enola Gay, que era el nombre de soltera de la madre de su piloto, Paul Tibbets. De él, unos dicen que estaba muy orgulloso de la “hazaña"; otros cuentan que pidió ayuda psiquiátrica. La bomba que cayó sobre Nagasaki se llamaba Fat Man, y el avión Bockscar. Ambos aviones fueron un B-29.

El Enola Gay con su piloto, Paul Tibbets.
Little Boy.
Fat Man.

Volviendo sobre la población afectada. Se estima que en Hiroshima murieron 120.000 personas de forma inmediata por los efectos de Little Boy; en Nagasaki 74.000 personas fueron las víctimas directas de Fat Man. También puede decirse que nació una “nueva raza”, los hibakusha: supervivientes que recibieron un alto índice de radiación, aunque bien pensado, era muy difícil encontrar a alguien que hubiera resultado del todo ileso.

Mujer herida por la bomba caída sobre Hiroshima.
Niña herida por la bomba caída sobre Nagasaki.
Sombras producidas por efecto de la explosión de la bomba atómica en Hiroshima. Aquí ni hay heridos, ni cosas: simplemente se disolvió lo que había.

La fatalidad quiso que muchos supervivientes de Hiroshima fueran a refugiarse a Nagasaki, pero ¿quién se iba a imaginar que caería una segunda bomba de tal magnitud y en tan poco tiempo? No hay que olvidar que los hibakusha fueron discriminados en su propio país, y tardaron en recibir una compensación económica a su desgracia.

Me imagino que a estas alturas ya habréis pensado que estoy de tal lado, y que los otros eran malísimos: nada de eso. Había que tomar una decisión y se tomó. Lo que sí pienso es que la guerra se pudo terminar de otra manera: a ver si por una vez aprendemos la lección. Nunca más Hiroshima ni Nagasaki.

Hiroshima después del bombardeo.