Retales de Historia

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sábado, 15 de octubre de 2011

El milagro de San José

13 de octubre de 2010. Son las 21:56, hora local. Es rescatado el último de los 33 mineros atrapados en una de las minas del yacimiento de San José, después de sobrevivir bajo tierra los 70 días posteriores al derrumbe producido el 5 de agosto. Esta mina se encuentra situada a 950 kilómetros de Santiago y a 80 de Copiapó, ciudad situada en una zona de tradición minera, en la región chilena de Atacama, famosa por su desierto.

La proyección internacional de Copiapó empieza el 5 de agosto de 2010, a las 20:30 horas, hora local, momento en que se produce un derrumbe que deja atrapados a un grupo de hombres a 622 metros de profundidad. Se suceden días de incertidumbre, no hay noticias de que estén bien, pero se da por hecho de que están mal. ¿Cuánta gente ha sobrevivido a un desastre similar? Pero, 17 días más tarde, una perforadora es el medio utilizado para hacer llegar a la superficie una nota redactada al más puro estilo de Góngora: “Estamos bien en el refugio los 33”.




Sebastián Piñera, presidente de Chile, enseñando a la prensa la nota que los mineros hicieron llegar a la superficie sirviéndose de una perforadora.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, enseña orgulloso a las cámaras la nota redactada en trazos rojos, y poco después se consiguen las primeras imágenes obtenidas del interior de la mina, grabadas con una sonda, y se aprovecha la misma vía por la que va esta sonda para hacerles llegar agua y alimentos, que ya les quedaba muy poco, aunque parece que los mineros atrapados no carecían de agua, pues podían obtenerla por medio de un canalón que daba al refugio. Pero sacar a estos hombres de dentro de la tierra va a ser muy difícil, conseguirlo es un sueño. Pronto llegan muestras de solidaridad de todo el mundo: llega ayuda de otras empresas chilenas, que ponen a disposición del equipo de rescate sus mejores máquinas. Se hace un túnel con una taladradora que hace llegar la esperanza al refugio.



También llega ayuda del extranjero, por ejemplo, de Australia y de Estados Unidos, que aporta un equipo de científicos que trae tecnología de la NASA, tecnología que se emplea para la construcción de la cápsula que, posteriormente, sacará a los mineros de su refugio. Según se estudian diversas opciones para el rescate, se descubre que se llega a la tragedia porque no se habían respetado las normas de seguridad, ni siquiera había una segunda vía de acceso. Los rescatadores están desbordados, sus familias están desesperadas y se ve llorar al ministro de Minería, Laurence Golborne.

Familiar de uno de los mineros atrapados.
Pero Franklin Lobos encuentra tiempo para sonreír a pesar de la tragedia.

Se empieza a estudiar la posibilidad de hacer un paso por el que pueda meterse una cápsula lo suficientemente ancha para que entre un hombre e ir sacando uno a uno a los mineros atrapados, pero hacerlo sin añadir más riesgos va a llevar un tiempo que no sobra, y se habla de que esta labor llevará tres meses… Pero el equipo que se encarga de las tareas de rescate no cae en el desaliento: empieza a construirse una plataforma de hormigón donde se montará la grúa que sostendrá la cápsula en la que saldrán los mineros de su prisión. Para evitar derrumbes, se intuba la vía que se ha abierto hasta el refugio, y se hacen pruebas para comprobar que el mecanismo funciona.

Esquema de la cápsula de rescate.



Y llega el momento. La cápsula Fénix 2, pintada con los colores de la bandera de Chile, baja los 622 metros que hay hasta el refugio donde aguardan los 33 hombres (se habían construidos tres cápsulas iguales, Fénix 1, Fénix 2 y Fénix 3, por si había problemas técnicos y hubiera que sustituir la cápsula elegida para el rescate). Por si se atasca la cápsula en su camino a la superficie, se podrá abrir una trampilla que hay en el suelo y el minero que esté dentro podrá bajar hasta el refugio. Antes habían bajado seis personas del equipo de rescate para preparar a los mineros en su salida a la libertad. Los responsables de la operación habían organizado la salida dividiendo a los mineros en tres grupos: el primero, integrado por los cinco más hábiles; el segundo, por los once más débiles; y el tercero, por los diecisiete más fuertes.

El grupo de "los más hábiles".

Uno a uno van saliendo los 33 hombres, con gafas de sol para evitar que la luz del exterior les hiciera daño en los ojos después de estar tantos días con el mínimo indispensable. Empiezan con el grupo de "los más hábiles"; el primero en salir es Florencio Ávalos, de 31 años de edad, a las 00:14 del 13 de octubre; es capataz.




El segundo fue Mario Sepúlveda, que subió piedras a modo de souvenir para las autoridades (unos días más tarde, en una visita oficial al Reino Unido, Piñera le dio una de esas piedras a Isabel II). Después siguieron Juan Illanes, Carlos Mamani (el único minero que no era chileno) y Jimmy Sánchez.

El grupo de los "más débiles".

Continúan "los más débiles": Osmán Araya, José Ojeda (autor de la nota que daba a conocer al mundo que los 33 estaban vivos), Claudio Yáñez, Mario Gómez, Álex Vega, Jorge Galleguillos (30 años en la mina), Edison Peña (fanático de Elvis), Carlos Barrios, Víctor Zamora, Víctor Segovia y Daniel Herrera.

El grupo de los "más fuertes".

Y finalmente, los más fuertes: Omar Reygadas, Esteban Rojas, Pablo Rojas, Darío Segovia, Yonni Barios (el accidente puso al descubierto que estaba con dos señoras, aunque parece que no fue el único), Samuel Ávalos, Carlos Burgueño, José Henríquez, Renán Ávalos, Claudio Acuña, Franklin Lobos (ex˗futbolsta que llegó a jugar con la selección chilena), Richard Villarroel (ya había sobrevivido al terremoto y al maremoto que habían afectado a Chile ese mismo año), Juan Carlos Aguilar, Raúl Bustos, Pedro Cortéz, Ariel Ticona y, finalmente, Luis Urzúa (récord mundial de permanencia en el interior de una mina, y no por gusto). En este momento ya son las 21:56 del 13 de octubre. Entre las 22:33 y las 00:33 del día siguiente salen a la superficie los seis miembros del equipo de rescate.

La cápsula Fénix 2 durante las tareas de rescate.

Después de todo esto, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, que había estado recibiendo a los mineros según salían de las entrañas de la tierra, promete que se tomarán medidas, y los mineros pusieron al Estado Chileno una demanda por valor de 16,5 millones de dólares: les han rendido muchos homenajes y les han invitado a muchos sitios, pero eso no les compensa del mal trago que pasaron y de las dificultades económicas que están pasando porque, claro, después de aquello perdieron su trabajo… En cualquier caso, el rescate de los 33 hombres que permanecieron sepultados casi dos meses y medio bajo tierra, supuso el triunfo del espíritu humano. Aquello fue un verdadero milagro.