Retales de Historia

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jueves, 4 de julio de 2013

Eloy Gonzalo, el héroe de Cascorro

Seguimos en Cuba. En Madrid, a continuación del paseo dedicado al General Martínez Campos, hay una calle dedicada a Eloy Gonzalo. ¿Quién era Eloy Gonzalo?

Eloy Gonzalo de uniforme.

Un día de invierno de 1868, dejaron abandonado a un niño en la puerta del orfanato de Madrid. El crío iba acompañado de una nota que lo presentaba como hijo de Luisa García, soltera y natural de Valladolid. También ponía que el niño había nacido el 1 de diciembre de ese mismo año en Malaguilla (Guadalajara) y se pedía que se le bautizara como Eloy Gonzalo García.

Malaguilla, pueblo natal de Eloy Gonzalo.

Placa conmemorativa en la calle Mesón de Paredes de Madrid y que dice "En este lugar estuvo la inclusa donde vivió Eloy Gonzalo, héroe de Cascorro, nacido en 1868".

Al mismo tiempo, Braulia Miguel y Francisco Díaz, de Ávila, habían perdido a su propio hijo hacía muy poco, por lo que eran las personas más indicadas para ocuparse del niño Eloy, y las monjas dejaron al bebé en sus manos. Pasa el tiempo y aquí nos encontramos con algo que no está del todo claro: unas fuentes dicen que las monjas dejaron de ayudar a la pareja y que estos abandonaron al niño, otras dicen que la pareja simplemente murió…, en cualquier caso Eloy vuelve a quedarse solo. 

Nuestro héroe se gana el sustento como aprendiz de diversos oficios (carpintero, albañil…) hasta que recala en el ejército. Esto ocurre en 1889, cuando Eloy tiene veintiún años. Formaba parte del Regimiento de Dragones Lusitania, donde alcanzó la graduación de cabo en 1891. Después, es destinado al Cuerpo de Carabineros en Estepona (Málaga). Pero se enamoró y pidió permiso en el Ejército para casarse. Era el año 1895. Una noche había quedado con su novia, y se la encontró beneficiándose a un superior. Está claro que a Eloy no le sentó bien y acabó condenado por un Consejo de Guerra a pasar doce años en el Presidio Militar de Valladolid. 

Soldados protagonistas del Grito de Baire (que, según parece, no fue el único...).

Vapor León XIII.

El Grito de Baire (23 de febrero de 1895) marca el inicio de la guerra en Cuba. Había mucha necesidad de soldados, por lo que el gobierno se vio en la necesidad de aprobar medidas que llevaban a la excarcelación de presos para que pudieran luchar en las colonias. Estas medidas beneficiaron a Eloy, que este mismo año de 1895 se embarcaba en el vapor León XIII con destino a Cuba. En diciembre llegará a Puerto Príncipe (Camagüey), donde se incorporará al Regimiento de Infantería María Cristina nº 63. En este momento, los asuntos militares en Cuba los dirige el general Weyler, sucesor de Martínez Campos, pero con métodos mucho más contundentes.

General Weyler.

Calixto García.

Máximo Gómez.

La madrugada del 22 de septiembre de 1896, cerca de tres mil insurrectos armados con sólo dos piezas de artillería a las órdenes de Calixto García y Máximo Gómez rodean la localidad de Cascorro (cerca de Puerto Príncipe) donde hay una guarnición española, al mando del capitán Francisco Neila, con 170 soldados españoles. En Cascorro, población rodeada de plantaciones de azúcar, había tres fuertes, ligados entre sí por una trinchera convertida en un río de barro. Además, la mala defensa de esta plaza y su localización, la hacían muy apetecible a los mambises (guerrilleros antiespañoles en Cuba).

En el mapa, el punto rojo es Cascorro, el punto verde La Habana.

Pero los españoles, que no pensaban rendirse, no tardaron en estar al límite de sus fuerzas. La ayuda que se había pedido no llegaba y la disentería, el tifus y la malaria parecían haberse puesto de acuerdo con los rebeldes, que no se cansaban de asediar la plaza fortificada. La ayuda enviada por el general Adolfo Jiménez Castellanos, fusileros y caballería, se habían quedado varados por el barro ocasionado por las lluvias torrenciales, al tiempo que la munición empezaba a escasear… Cuatro días después, la única solución era volar un bohío donde estaban agazapados los enemigos más fieros a una distancia de apenas 50 metros.

Francisco Neila.

Mambises.

Adolfo Jiménez Castellanos.

Bohío, cabaña circular hecha de ramas, cañas o maderas, con una sola puerta y sin ventanas.

El capitán Neila pidió voluntarios para tan arriesgada misión y Eloy Gonzalo se ofreció diciendo: “no tengo a nadie que me llore o me necesite”. Cuentan que puso una sola condición: que le ataran para poder traerlo de vuelta a las líneas españolas por si moría en el acto. Se pertrechó con un fusil, una mecha y una lata de combustible; se escurrió hasta las líneas enemigas y prendió fuego al problemático bohío. Salió corriendo y volvió vivo. Poco después Cascorro fue liberado por tropas amigas al mando del general Adolfo Jiménez Castellanos.

Estatua de Eloy Gonzalo vista de frente.

En esta foto se aprecia con toda claridad el fusil con la bayoneta calada.

Otra imagen de la estatua del héroe de Cascorro, donde incluso parece que hay más disposición para caminar hacia el peligro.

No tarda en llegar la noticia a Europa. Domingo Blanco, corresponsal de El Imparcial en La Habana, da a conocer la hazaña. Eloy Gonzalo es condecorado con la Cruz de Plata al mérito militar, con la que obtiene una pensión de 7,50 pesetas mensuales; y Neila recibe la Laureada de San Fernando y es ascendido a comandante. Pero Eloy no muere en combate, sino de disentería. Esto ocurre en el Hospital Militar de Matanza el 18 de junio de 1897. Hay quien dice que se lo llevó a la tumba otra enfermedad, provocada por la mala alimentación y la mala vida de los soldados españoles en Cuba. Ese mismo año, la reina María Cristina da la orden de repatriar sus restos, que actualmente descansan en el Cementerio de la Almudena, también lugar de reposo de otros caídos en Cuba.

Pedestal de la estatua de Eloy Gonzalo con la dedicatoria del Ayuntamiento de Madrid.

Otro detalle del pedestal.

No se ganó la guerra, pero Eloy Gonzalo alcanzó la gloria. El mismo año de su muerte le dedican una calle; también se convoca un concurso para elegir al autor de una escultura que recuerde la proeza, escultura que podemos encontrar en el Rastro de Madrid. El ganador fue el segoviano Aniceto Marinas y la imagen fue inaugurada en 1902 por Alfonso XIII. La imagen, de 2,30 metros, está hecha de bronce, y representa al héroe en el momento de su hazaña, con una soga y una lata, vistiendo el uniforme azul y blanco que llevaban los soldados españoles en Cuba. El pedestal de granito es de José López Sallaberry.

Placa de la Plaza de Cascorro.

Con el tiempo, la plaza que se llamaba Nicolás Salmerón, en 1913 pasó a denominarse plaza de Cascorro, era lo suyo.

Para terminar, unas imágenes de Héroes del 95 (España, 1947), dirigida por Raúl Alfonso, donde se recrea la hazaña de Eloy Gonzalo, interpretado por Fred Galiana.

video

Eloy Gonzalo, un inclusero héroe de Cascorro y héroe de Madrid.

6 comentarios:

  1. Muy buena entrada y con muy buenas fotos. ¡¡Mis felicitaciones!!

    Sólo te quería decir que me parece recordar que los soldados españoles en Cuba llevaban un traje de algodón, que llamaban de rayadillo, por tener muchas rayas, como los pijamas antiguos. También solían llevar un sombrero de paja.

    En la estatua veo una cosa que no está muy clara. Parece que el soldado lleva unas botas, cuando lo tradicional en el Ejército español de la época era que calzara unas alpargatas. Las botas sólo las llevaban los suboficiales y oficiales.

    En esa guerra murieron más del doble de soldados españoles a causa de las enfermedades que de las balas enemigas.

    Saludos.

    Saludos.

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  2. Muchas gracias por tus elogios, Aliado. Yo me imagino que la estatua no lleva el sombrero porque en el momento del acto heroico un sombrero así haría más llamativo al soldado y sería más fácil darle.

    Lo de las botas se me ocurre que igual se las pusieran a la estatua porque daría más sensación de fuerza y determinación.

    Me quedo con los datos que proporcionas. Gracias.

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  3. Una excelente entrada sobre el héroe de Cascorro al que dediqué parte de una entrada en mi blog. Una guerra, aquélla de Cuba en la que hubo pocas bajas en combate, muy pocas, y muchas, varios miles, victimas de la falta de adecuada impedimenta de la tropa y duras condiciones de vida en la manigua; a lo que hubo que añadir la interferencia, casi siempre ocurre, de la política sobre las decisiones militares, como sucedió con la sustitución de Weyler.
    Ha sido una agradable descubrimiento su blog, que visitaré en adelante. Un saludo.

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    1. Estimado Sr.: debo agradecerle sus elogios, tan escasos en los tiempos que corren. Sueño con poder dedicarle más tiempo a esto, nunca se sabe.

      Como no puedo ser menos, yo también he mirado en su blog y, aunque no he encontrado el post al que hace referencia, sí he visto que ha hecho un magnífico trabajo, tanto en contenidos como en organización; yo también le visitaré. Ha sido un placer.

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  4. En primer lugar, es una vergüenza que a muchos militares profesionales, por muy poco que hicieron, les dieron en esa guerra una medalla y hasta la Laureada de San Fernando, que es la máxima condecoración militar, y a este héroe apenas le dieron nada. Además, esas medallas siempre se han dado dependiendo del grado que tengas. No les dan a todos la misma.

    En cuanto a lo de las muertes de los soldados españoles, por lo que yo he leído, murió bastante gente, pero, en su mayor parte, a causa de las enfermedades tropicales. Realmente, España concentró muchas tropas en Cuba, más que todo el Ejército USA en ese momento.

    Saludos.

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    1. Gracias por tu nuevo comentarioa, Aliado. A veces da la impresión que, más que los méritos en combate, tiene más peso las relaciones que puedan tener las personas que reciben ciertos reconocimientos. Más adelante volveré sobre el tema de Cuba y el de la influencia de los aspectos sanitarios a la hora de las bajas.

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