Retales de Historia

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lunes, 20 de febrero de 2012

Paricutín

Estaba Dionisio Pulido trabajando en el campo y se llevó el mayor susto de su vida. El 20 de febrero de 1943, a las cuatro de la tarde, vió como salían disparados de una grieta vapor y piedras. Esto ocurría en un campo de maíz, a unos 100 metros de donde se encontraba Dionisio: nacía el Paricutín, iniciando así una actividad que duró nueve años.


El Paricutín en una explosión de 1946.


Dionisio sintió que se quemaba los pies y un ruido horrible le hizo salir corriendo. Quiso avisar a su familia pero cuando llegó su casa ya no estaba. Para entonces, el campo donde trabajaba había desaparecido por un montón de arena y por encima volaban piedras incandescentes. Había un ruido ensordecedor. Era el infierno.


Dionisio Pulido junto al volcán.


El volcán que Dionisio vió nacer está situado en el Cinturón Volcánico Mexicano, a más 300 kms al oeste de México D.F. Sólo el primer día de actividad, el Paricutín creció por acumulación de cenizas más de 7 metros, llegando a una altura de 336 metros al terminar el año. En todo ese tiempo, había crecido casi un metro al día. Unos días después de nacer el fenómeno, los ríos de lava llegaban hasta el pie de lo que ya era un volcán. Esa lava tuvo diferentes viscosidades, y en su composición se aprecian andesitas y basaltos congruentes.


Iglesia de Parangaricutiro con el Paricutín humeando al fondo.


Vista aérea de la Iglesia de Parangaricutiro rodeada de lava.


Empezó siendo un volcán de tipo estromboliano y terminó siendo de tipo hawaiiano. Creció en el llano de Quitzocho, perteneciente al pueblo de Paricutín. En los días siguientes al inicio de la erupción, siete poblaciones desaparecieron bajo las capas de cenizas del volcán, entre ellas estaban San Juan Parangaricutiro, Zirosto, Zacán, Angahuan y Paricutín, que desapareció por completo, mientras que en San Juan la iglesia asoma por encima de la lava. Se perdió ganado, se perdieron los pastos y se secaron los manantiales: ni reses ni personas podían beber. La lava y los piroclastos cubrieron una superficie de 300 kilómetros cuadrados (aunque en este dato las fuentes pueden variar), y la lluvia de ceniza llegó hasta México D.F. A pesar de todo esto se pudo evacuar a la población (aunque hubo muchos afectados de las vías respiratorias), pero quedó un paisaje casi del todo yermo en algo más de una semana.


Se puede dividir la cronología de la aparición del Paricutín en cuatro períodos:

1.- El período Quitzocho (febrero-octubre de 1943). Crece un cono en el Valle de Cuiyusuru. De vez en cuando fluye la lava y hay erupciones intermitentes con bombas volcánicas. El cono alcanza una altura de 365 metros. La ciudad de Paricutín es evacuada.

2. El período Sapichu (octubre de 1943-enero de 1944). Derrames de lava en el norte, cenizas y bombas volcánicas.

3. El período Taquí-Ahuan (enero de 1944- enero de 1945). El cono principal se reactiva. Se producen derrames de lava que fueron las que consiguieron alejarse más del cono principal.

4. Período final (enero-febrero de 1952). En enero se alcanza a ver una columna de gases que alcanza los 3 kilómetros de altura. Poco a poco se apaga la actividad, aunque se producen deslizamientos de bloques. Sólo quedó un observador del Estado estudiando la zona, todos los demás geólogos se marchan.

La actividad del Paricutín llegó hasta 1952. Su altura actual es de 3.170 metros sobre el nivel del mar. Y para la destrucción que hubo sorprende saber que, actualmente, hay (aunque no mucha) fauna (ardillas, ratones, conejos, zorros…) y flora (coníferas, jaras, árboles frutales…). Se levantaron nuevas poblaciones: San Juan Nuevo y Nuevo Paricutiro. La principal fuente de ingresos de los lugareños proviene del turismo, de la agricultura y la artesanía.


Más o menos así se encuentra San Juan de Parangaricutiro en la actualidad.


¿Por qué sigue viviendo gente en zonas así? ¿Por la fertilidad de las tierras volcánicas o por la fascinación del peligro?

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Les comparto mi poema, destinado a conmemorar los 70 años del hermoso coloso purépecha:

    PARICUTIN
    “¡Ay, Señor de los Milagros, . . . soy uno de tus milagros!”

    Se reventaron las tripas
    de la tierra incandescente,
    se nos tiznaron las milpas,
    Volcán, coloso inmanente.

    De natura fue el encono,
    fragor de pirekua, tono,
    nació un cono muy humeante,
    ¡P’urhépecha, rey vibrante!

    No hubo pena, ni castigo,
    déjenme, les cuento y digo:
    Tata Dionisio Pulido,
    te lo juro, yo no olvido.

    Que tú asististe a mi parto,
    de la mente no te aparto,
    ¡si temblaste junto a mí,
    si viste como surgí!

    Con mis fumarolas prietas,
    huaraches pisaron grietas,
    sobre un anafre, . . . se sufre,
    percibiste olor a azufre.

    Espanté tus sentimientos,
    ¿recuerdas mil novecientos?,
    año del cuarenta y tres,
    del mundo fui el interés.

    Convoqué a muchos famosos,
    fotógrafos y curiosos,
    vulcanólogos, pintores,
    poetas de mis amores.

    De Angahuan, hijo adoptivo,
    grandioso, superlativo,
    michoacano por derecho,
    Meseta, mi dulce lecho.

    En geología soy hazaña,
    magma, piedra de obsidiana,
    mineral, vapor ardiente,
    un fantasma gris latente.

    He suavizado el carácter,
    exhalo por ancho cráter,
    sigo activo, visitado,
    mi lava no se ha acabado.

    Soy turismo, panorama,
    de económica derrama,
    nunca quedaré a la zaga,
    soy cirio que no se apaga.

    San Juan Viejo, iluminado,
    ¡milagroso Dios, amado!,
    enterrado oficias misas,
    a ti brindo mis cenizas.

    Por joven, sigo creciendo,
    Nana Cueráperi, entiendo,
    ¡soy tu entraña, soy tu herencia,
    corazón, fuego, . . . tu esencia!

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    México, D. F., 20 de febrero del 2013
    Dedicado a Don Guadalupe Trigo
    Reg. SEP Indautor No. 03-2013-051712171201-14

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    1. Estimado Sr. Ramos: es muy amable por su parte haber publicado su poema en mi blog. Un saludo.

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  3. Al contrario Ludovica, gracias a ti, por dar foro a mi pensamiento. Que te vaya siempre bien. Estoy a tus órdenes . . . adiós.

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