Retales de Historia

Retales de Historia

domingo, 6 de febrero de 2011

Krakatoa

Indonesia se encuentra en una de las zonas de mayor actividad sísmica y volcánica de todo el planeta. Al suroeste, entre Java y Sumatra, en el Estrecho de Sunda, se encontraba la isla de Rakata, de 47 kilómetros cuadrados, y allí había un volcán llamado Krakatau, más conocido entre los occidentales como Krakatoa. El Krakatoa era considerado, en términos geológicos, como caldera volcánica.

Mapa que indica la situación del Estrecho de Sunda. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Un día, el 20 de mayo de 1883 comenzaron a aparecer escapes de gases en la zona norte. El agua de mar se filtró en la cámara magmática, produciendo enormes cantidades de vapor. La actividad cesó hacia finales de mayo, pero comenzó otra vez hacia el 19 de junio, y después del 11 de agosto las erupciones se tornaron más grandes, produciéndose más fisuras. El 24 de agosto, las erupciones se intensificaron; el 26 fue el principio del fin.

Foto del Krakatoa en plena actividad pocas horas antes de la gran explosión, tomada desde un barco que cruzaba el Estrecho de Sunda. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Alrededor de las 14:00 horas, se pudo ver una nube de ceniza que tenía una altura de 27 kilómetros; la causa fue una nueva fisura. En ese momento, la presión ejercida por una enorme bolsa de lava hirviente de casi kilómetro y medio de profundidad consiguió salir al aire con una impresionante fuerza. Durante mucho tiempo se creyó que el agua del mar se coló por la nueva grieta y al caer sobre la lava se convirtió en vapor que hizo aumentar la presión, haciendo saltar grandes bloques de granito y obsidiana que salieron disparados por encima de los 20.000 metros de altura. Pero investigaciones recientes estudian la teoría de que las primeras erupciones vaciaron en parte la cámara de magma, dejando pasar más magma con mucha más temperatura, dando lugar a gases que aumentaron la presión en las paredes de la caldera volcánica, desencadenando la catástrofe. La ceniza de la explosión alcanzó los 80 km de altitud. Se cree que la energía liberada en ese momento fue como la de 10.000 veces Little Boy, la bomba atómica de Hiroshima. Sólo quedó la cuarta parte de la isla Rakata. El estruendo provocó una ola gigantesca que acabó con casi todo en 80.000 km2.

Mapa de la isla de Rakata después de la gran erupción. La parte cuadriculada desapareció. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Dicen que el ruido de la explosión se oyó en Perth (Australia) a 3.500 kilómetros y a 4.800 (Isla Rodrigues). En realidad, se registró en aparatos de todo el mundo. El estruendo provocó sordera en la población de Java y Sumatra. Cayó piedra pómez en la cubierta de barcos que estaban en la zona sujetos con cadenas (un buque alemán que no estaba sujeto acabó a 4 kilómetros de la costa… tierra adentro) y la isla de Cocos, a más de 1.000 kilómetros, se vio cubierta de cenizas.

Grabado de la época en la que se representa lo que es obvio: un barco en mitad de la jungla. Llegó hasta allí por la fuerza que cogió del mar después de la erupción del Krakatoa. Fotografía tomada de la web buscada con Google


La fuerza del oleaje arrancó del mar bloques de coral que se estampaban en las playas cercanas y hacía balancearse a los barcos en Sudáfrica. Las partículas más pequeñas desprendidas por el Krakatoa hicieron que cambiara el color del cielo en ciudades tan lejanas como París o Nueva York, debido a la refracción de los rayos solares. También provocaron un cambio de la temperatura (que descendió en más de 1ºC) impidiendo que llegara la radiación solar, y no recuperó su nivel normal en cinco años. Por fin, el 28 de agosto se detuvo lo que parecía el fin del mundo. Y empezó el cálculo de cuánta gente había perdido la vida. Se cree que perecieron más de 35.000 personas, muchas de ellas aparecieron flotando sobre trozos de piedra pómez en lugares tan lejanos como África…

En 1927 se registró nuevamente actividad volcánica bajo la superficie del mar. Había nacido una nueva isla, Anak Krakatoa (hijo de Krakatoa). Creció rápido y al año siguiente ya salió a la superficie; en 1973 tenía una altura de 190 metros y hoy promete ser un digno sucesor de su padre Krakatoa, sinónimo de muerte y destrucción.

Anak Krakatau. Fotografía tomada de la web buscada con Google


De todos es sabido que las tierras donde han caído cenizas volcánicas son tremendamente fértiles, pero a ver quién es el guapo que se atreve a ir a vivir a este lugar después de todo lo ocurrido.

jueves, 27 de enero de 2011

La leyenda de Justo Armas


Justo Armas apareció un día en la ciudad de San Salvador. Cuando se le veía en público, iba elegantemente vestido pero descalzo. Cuando murió en 1936, seguían en pie muchos interrogantes. ¿Era Justo Armas el emperador de México, Maximiliano I de Habsburgo?

El fusilamiento de Maximiliano (1867) por Édouard Manet


Según la historia, Maximiliano de Habsburgo llega al trono de México por el afán de Napoleón III en organizar la existencia a todo su entorno. Pero las cosas no salen bien y el emperador francés es el primero en dejar colgado al emperador mexicano, llevándose a todos los soldados galos que quedan en México. Maximiliano es capturado por las tropas republicanas de Benito Juárez el 15 de mayo de 1867, y un mes después, el 19 de junio, es fusilado en compañía de sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, en el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro, a las siete y quince de la mañana.

Benito Juárez. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Según la leyenda, Maximiliano sobrevivió. Pero además de católico era masón y las normas de la masonería impiden que sus miembros se maten entre sí: tanto Maximiliano como Juárez eran masones. Éste último se veía ante una disyuntiva: ordenar el fusilamiento del emperador decidido en un juicio sumarísimo o salvar como sea a su hermano masón. Se cree que los soldados encargados de ejecutar el fusilamiento no conocían a Maximiliano de Habsburgo, no sabían cómo era realmente su apariencia física, con lo cual no iban a cuestionar que el hombre que tenían ante ellos era el emperador de México. ¿A quién se le ocurriría algo así en ese momento? Hay unas fotos en las que sale el cadáver de un hombre que dicen que es Maximiliano, pero no se le parece, ni hay claridad en los registros de defunciones de la época.

Maximiliano de Habsburgo. Fotografía tomada de la web buscada con Google


No se sabe si Juárez hizo simular un falso fusilamiento o si hizo la vista gorda a un rescate preparado por otros, lo cierto es que Maximiliano salvó la vida. Después de la ejecución, Juárez publicó una proclama, comunicando que Maximiliano de Habsburgo había sido hecho justo por las armas, y de ahí el nombre con que fue conocida la nueva identidad del supuestamente difunto emperador. Maximiliano iría a El Salvador, donde el capitán general Gerardo Barrios (también masón) facilitaría su estancia en la capital del país.

Justo Armas. Fotografía tomada de la web buscada con Google


El hombre conocido como Justo Armas empezó una vida en San Salvador, a donde llega en 1871. Era un hombre culto, hablaba varios idiomas –entre ellos el alemán– y estaba muy al corriente de quién era quién en las casas reales europeas. Como no podía vivir del aire montó un negocio, un servicio de catering de alto standing: cuando sus servicios eran requeridos, Justo se encargaba de servir un magnífico banquete en platos de porcelana de Sèvres, con cubiertos de plata e iluminaba la estancia con candelabros de plata también.

Cuando le preguntaban por su origen, don Justo contaba ser el único sobreviviente de un naufragio, cerca de Acajutla, y que en medio del peligro, juró que no volvería a llevar zapatos si se salvaba. Despertó en una cabaña, donde lo cuidaba una anciana y los pescadores de la zona pudieron rescatar parte de sus bienes. Pero ¿por qué pudieron recuperar los cubiertos y los candelabros que sólo por el peso se habrían ido al fondo? ¿De dónde salieron todos los objetos personales de Maximiliano que estaban en poder de Justo? Según algunos investigadores, la vajilla que utilizaba Justo en sus comidas era del mismo juego que la Casa Christofle hizo a Maximiliano y Carlota... Además, Justo Armas y el difunto emperador presentaban un parecido inquietante. Vale, Justo iba siempre descalzo, pero eso no impedía que se apreciara en él el porte y la distinción que se le supone a un archiduque.

En 1915, Justo Armas recibe la visita de representantes del gobierno austro-húngaro, y testigos de dicha visita que entendían el alemán, afirman haber oído súplicas de que "regresara a Austria para suceder en el trono a su hermano Francisco José, gravemente enfermo". "Soy mayor y estoy cansado, sólo quiero que me dejen tranquilo" fue lo que se oyó por respuesta. Si esto fuera verdad, sería la muestra de que en Austria-Hungría estaban al corriente de que el archiduque Maximiliano no había muerto, pero por conveniencia habían seguido la corriente a Benito Juárez. Al fin y al cabo, si Maximiliano era demasiado liberal para los intereses de Francia, más aún si cabe para los intereses de la corte austriaca.

Justo había sido acogido por una familia, los Arbizú, entre los que también había masones. De hecho, fueron ellos sus herederos. Cuando llegó su hora de morir, llamaron a un sacerdote, el arzobispo de San Salvador monseñor Belloso Sánchez, con el fin de darle la extremaunción. Justo hizo un repaso de su vida, de las personas que conoció y de su vida en Viena. Al salir de la estancia, el arzobispo manifestó en voz alta el origen imperial de Justo. Cuando Armas se quedó solo en su habitación, vio acercarse a su lecho de muerte una sombra ¿sería la Dama Blanca que se aparecía a los Habsburgo cuando había una muerte inminente en la familia? Y Justo/Máximo murió.

Pasó el tiempo, y hubo gente que quiso demostrar que Maximiliano y Justo Armas eran el mismo hombre. Se han hecho estudios de los rasgos faciales, se han hecho pruebas grafológicas y se han estudiado objetos personales. Todos llegan a una conclusión: Justo era Maximiliano. Pero falta una prueba concluyente, la del ADN, que está pendiente de hacerse porque los Habsburgo alegan que abrir las tumbas de los hermanos de Maximiliano sería un sacrilegio, mientras que los Arbizú no pusieron ningún inconveniente en que se tomara una muestra del ADN de Justo.

Justo Armas murió en San Salvador en 1936, pero no he conseguido encontrar dónde está tu tumba...



NOTA DE LA AUTORA:

Por primera vez en la historia del blog, tengo la ocasión de reeditar un post gracias a la colaboración de uno de mis lectores. Por cortesía de D. Carlos Ernesto Cortez Tejada, puedo añadir la fotografía de la tumba de Justo Armas y, para acompañar a la misma, tomo prestadas parte de las palabras que el Sr. Cortez Tejada escribió a modo de comentario. Estimado autor: Don Justo Armas está sepultado en el Cementerio de Los Ilustres de San Salvador, la capital salvadoreña. Se encuentra enterrado en la tumba de la familia Arbizú Bosque, la familia que lo acogió y con la cual vivió durante toda su estancia en San Salvador.

Tumba de la familia Arbizú Bosque, lugar donde se encuentra enterrado Justo Armas.

lunes, 17 de enero de 2011

El terremoto de San Francisco de 1906

Todos los años, el Departamento de Bomberos de San Francisco celebra una ceremonia que tiene lugar a las 5:12 de la mañana. El motivo es recordar el terremoto y posterior incendio que asolaron la ciudad el 18 de abril de 1906. Los expertos creen que el seísmo alcanzó una magnitud de 8,2 en la escala de Richter, escala que alcanza hasta el 9 pero no está cerrada. El epicentro tuvo lugar en Daly City, a 5,31 kilómetros al sur de San Francisco, y se sintió a más de 500 kilómetros.

En 1906, San Francisco es la novena ciudad en importancia de los Estados Unidos y tiene 400000 habitantes, de los cuales sólo la mitad eran nativos. Una parte se halla sobre colinas que alcanzan unos 285 metros de altitud. La ciudad se encuentra en el estado de California, que dispone de grandes recursos naturales: oro, sal, hierro, plata... San Francisco tenía muchos teatros y su Ópera recibía a los artistas más célebres.

Falla de San Andrés. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Pero no todo era perfecto… En California está situada la falla de San Andrés, de 970 kilómetros, más o menos. Va desde Oregón, al norte, hasta el desierto de Mojave, al sureste de California. Se encuentra entre la placa de Norteamérica y la del Pacífico: ahí las dos placas tratan de deslizarse una encima de la otra; cuanto más tiempo se obstruyan entre sí, más fuerte será el terremoto que tenga lugar.

Y llegó el fatídico día. Para relatar los primeros momentos, queremos incluir un fragmento del testimonio del gran tenor italiano Enrico Caruso, que se encontraba en la ciudad para representar el papel de Don José en la ópera Carmen de Bizet: «me encontraba en el Hotel Palace, donde tenía una habitación en el quinto piso. […] Me desperté alrededor de las 5, sentía que mi cama se balanceaba. Me levanté, fui a la ventana y miré fuera. Vi los edificios derribándose, y oía los gritos de hombres, mujeres y niños. Permanecí sin moverme unos cuarenta segundos. […] El yeso del techo cayó como una gran ducha, cubriendo todo el mobiliario…» Dicen que Caruso no volvió a San Francisco en su vida.

San Francisco asolada por el terremoto de 1906. Fotografía tomada de la web buscada con Google


En realidad no fue un solo terremoto, nunca es uno solo, sino que empieza uno y luego viene una réplica, o las que sean, que son las que rematan la faena. Pero peor que el terremoto, fue el incendio que vino después: hay muchas teorías sobre esto, pero lo más probable es que, al romperse los edificios, se rompieron también los conductos de gas lo que originó un incendio que tardó tres días en extinguirse por completo, pues también se rompieron los conductos del agua. La mayor parte de los edificios eran de madera. También se perdió la comunicación telefónica. Los almacenes de la bahía, el barrio chino y la zona de negocios quedaron destrozados, al igual que su Ayuntamiento, que hacía no mucho terminó de construirse. También se vieron afectadas otras ciudades de la bahía de San Francisco, como Santa Rosa y San José.

Como suele hacerse en Estados Unidos cuando se descontrola una situación de caos, el ejército tuvo que tomar cartas en el asunto. Se ordenó la ley marcial, disparándose a los saqueadores que quisieran aprovecharse. Para apagar el fuego, como no había agua, se dinamitaron algunos edificios para hacer de cortafuegos y, de esta manera, salvar el oeste de la ciudad. Algunos propietarios incendiaron su casa porque el seguro no les cubría sólo por el terremoto.

Nubarrones de humo provocado por el incendio posterior al seísmo. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Se cree que hubo más 3000 víctimas mortales sólo en San Francisco, sin contar las del resto de la bahía, pero no se puede saber con exactitud porque las autoridades no pusieron mucho interés en contabilizar a la población de origen oriental. Y hubo más muertos por el fuego que por el terremoto. La mitad de la población se quedó sin casa, se perdieron unos 28000 edificios, el 80% de la ciudad. Esta gente se acopló en su mayoría como pudo en tiendas de campañas instaladas en el parque del Golden Gate.

La ciudad no tardó en reconstruirse, en el mismo sitio, encima de la falla de San Andrés. Para conjurar el peligro, se empleó un nuevo sistema en la construcción, a base de cemento y acero. Se desterraron los vehículos tirados por animales y se introdujeron el tranvía y el automóvil, desapareciendo las cuadras donde se almacenaba la paja que servía de alimento a las caballerías.

La Exposición Universal de San Francisco de 1915 mostró al mundo una ciudad que resurgió de sus cenizas, pero que continúa conviviendo con el peligro.

viernes, 7 de enero de 2011

Henry Ford y la cadena de montaje

Una cadena de montaje es un mecanismo de producción en el que cada operario de ese mecanismo realiza una función específica sobre un producto. Después, el producto pasa a otro operario y así sucesivamente, hasta que el producto ha pasado por todos los operarios de ese mecanismo y resulta terminado. Así, reduciendo los tiempos parciales, se reducen los totales, los costes de producción y con ello se aumentan los beneficios. Esta forma de trabajar se utilizó en la construcción del Ford T, diseñado por Henry Ford, fundador de una de las empresas automovilísticas más importantes del mundo.

Henry Ford. Foto de Mondadori Portfolio\Mondadori Portfolio vía Getty Images


Ford era originario de Greenfield Township, Dearborn, en el estado de Michigan, donde nació el 30 de julio de 1863, durante la guerra civil estadounidense. Era de una familia de campo. Su padre tenía la esperanza de que se ocupara de la granja familiar, pero Henry tenía otros sueños, y a los 16 años de edad emigró a Detroit, donde empezó a trabajar como aprendiz de mecánico, mostrando mucha habilidad en ello. En 1896 hace su primer “coche”: juntó dos bicicletas a un motor, lo llamó cuadriciclo.

Se dedicó a las carreras para hacer dinero: lo consiguió y el 16 de junio de 1903 funda la Ford Motor Company, aunque no fue el único inversor. Diez años más tarde, a Ford se le ocurrió introducir la cadena de montaje en la fábrica; no fue el primero en utilizarla, pero la perfeccionó y contribuyó a la generalización de su uso. Montó la cadena con correas de transmisión de manera que las cintas acercaban las piezas a los trabajadores, que así no tenían que perder tiempo desplazándose a diferentes lugares.

Cadena de montaje Ford


Aumentó la productividad, pero también la monotonía, y entonces podía bajar otra vez la producción. Para solucionar esto, Henry Ford subió el sueldo a sus trabajadores mayores de 22 años y con más de 6 meses en la empresa, pagándoles 5 dólares al día, el doble que en otras empresas. Pero no se lo pagaban a cualquiera: varios investigadores se encargaban de saber quién tenía una vida sin vicios.

Entre 1937 y 1941, la Ford Motor Company no admitía la participación de los sindicatos como representantes de los trabajadores. Las crisis hicieron que empeorasen las condiciones de trabajo de los empleados con el fin de aumentar la producción: a Ford se le ocurrió que se podía acelerar la velocidad de las cintas transportadoras de la cadena de montaje; aquello debió ser de locura, igual que Chaplin en Tiempos Modernos. Y los sindicatos no podían hacer nada porque estaban prohibidos en la compañía. En 1941, toda la planta de River Rouge, en Michigan, se puso en huelga: este hecho, su mujer que le dio un toque y los jueces convencieron a Henry Ford de la conveniencia de la presencia sindical en sus empresas.

Ford no se dedicó solo a la construcción de coches: también hizo aviones. En 1925 compró la Stout Metal Airplane Company; su avión de mayor éxito fue el Ford Trimotor, con capacidad para doce pasajeros. La compañía tuvo que cerrar por la Gran Depresión de 1929.

Ford Trimotor


Fue contemporáneo de dos Guerras Mundiales. En 1915 viajó a Europa en barco, acompañado de un grupo de pacifistas, pensando que este gesto serviría para detener la guerra: pasaron de él. Este pacifismo no impidió que fabricara motores Liberty para aviones durante la Primera Guerra Mundial, y en la Segunda Guerra fabricara tanques y el bombardero B-24, que para algo era el tercer proveedor de la Defensa norteamericana.

También fue escritor, lo que le trajo no pocos problemas. En 1920, el diario The Dearborn Independent, del que era editor, publicó El judío internacional, fuente de inspiración de la ideología nazi. Con el tiempo, Ford terminó cerrando el periódico, pero ello no impidió que recibiera del mismísimo Hitler la Gran Cruz del Águila Alemana. Ford y Hitler se profesaban admiración mutua, de hecho, Ford pensó en el Ford T como un coche que llegara a todo el mundo: Hitler pensó en Volkswagen de la misma manera, por algo era el coche del pueblo. Pero el dólar es el dólar: le construyó a Stalin una planta en la actual Baja Novgorod.

Henry Ford también tuvo sufrimientos. Su hijo Edsel, que colaboró con él codo con codo, murió de cáncer de estómago en 1943 cuando sólo tenía 50 años. Edsel tenía un hijo, Henry Ford II, de 26 años. Su abuelo había pensado en un socio para que se hiciera cargo de la empresa, pero la viuda de Edsel presionó para que el nieto ocupara el puesto que quedaba vacante, cosa que consiguió en 1945.
 
Ford T


Henry Ford, uno de los hombres más ricos del mundo gracias al Ford T, murió el 7 de abril de 1947 en Fair Lane, DearBorn, Michigan. Se cree que en ese momento tenía casi 700 millones de dólares.

jueves, 30 de diciembre de 2010

El Biedermeier

Después del Congreso de Viena (noviembre de 1814- junio de 1815) pudo comprobarse en qué medida y en qué lugares tuvo influencia la Revolución Francesa. Luis XVIII sube al trono francés restableciendo a la Casa de Borbón, pero ya no pudo volver al antiguo orden, debiendo dar paso a un régimen con tintes constitucionales. En Austria, no ocurrió así, y el príncipe Klemens von Metternich fue el encargado de que se siguieran los cauces absolutistas. Se estableció una red de espías infiltrados en embajadas o lugares de ocio. Se limita la actividad política de la población mediante lo que se conoció como Decretos de Karlsbad (1819).

Klemens von Metternich por Thomas Lawrence (1825)


Lo cierto es que esa población, viendo que no podían abrir la boca para nada, empieza a quedarse en su casa, y se esfuerzan en hacerla lo más cómoda posible. Es cuando surge el Biedermeier, estilo artístico que es conocido, sobre todo, en el campo de la decoración, pero también lo encontramos en la literatura, la música, la moda… El equivalente inglés al Biedermeier sería el Regency. En alemán, Bieder significa sencillo, y Meier resulta ser un apellido muy extendido entre la clase burguesa, clase que empieza a reclamar para ellos una serie de comodidades que les hacen más llevaderas las actividades que realizan en su casa, que además es el único sitio donde pueden opinar libremente, salvo que tengan personal de servicio, en cuyo caso tienen que seguir con la boca cerrada, porque aquí también podían colarse los espías.

En lo que es el precedente de la actual sala de estar, las familias se reunían para bordar, leer, dibujar o tocar al piano adaptaciones de los autores más populares, entre los que se encontraba Johann Strauss padre. Las casas no eran muy grandes por lo que el mobiliario más bien es pequeño, pero cómodo y funcional: nos encontramos con mesitas de costura, cómodas o sillones inspirados en la forma de la lira.

Silla Biedermeier 

Entre los elementos decorativos se aprecian pequeñas columnas, capiteles, palmetas… La madera es un elemento fundamental: abedul, arce, cerezo, fresno, nogal, sicomoro y más; en las maderas de color claro se hacían dibujos con incrustaciones de las maderas más oscuras. El azul pastel y el amarillo destacan en la tapicería, aunque también encontramos flores en abundancia. Pero no siempre la gente se quedaba en casa y ese día iba a bailar el vals o a conversar sobre temas intrascendentes a los cafés vieneses. También había un estilo a seguir en la vestimenta: las mujeres, zapatos planos, chal y sombrillas. Los hombres pantalón largo, chaqueta ajustada, chaleco de color, corbata, guantes, bastón y reloj de bolsillo. Pero parece que no era ropa cómoda.

Estampa con moda Biedermeier entorno a 1820. Universal Images Group


Si por algún casual iban al teatro o a ver una obra musical, también se podía sentir la presencia de la censura. Curiosamente, en las salas de baile (no olvidemos que es época de valses) el público tenía libertad de movimiento, de moverse de forma algo menos recatada. En cuanto a la literatura, Karl Marx y Heinrich Heine emigraron, y los que no se iban o hacían caso omiso de las observaciones de los censores tenían que hacer frente a multas o cárcel. Los que no tenían ningún problema eran los autores de géneros menores, como la novela corta. La verdad es que a nadie le apetecía comerse el tarro con la represión que había.

En lo referente a la arquitectura, es elegante pero sin la pomposidad del estilo Imperio, por ejemplo, el Stadttempel en Viena. Influye en el Jugendstil y en la Bauhaus.

El Stadttempel es el edificio que sale en medio de la foto


La pintura resulta muy agradable y describe el ambiente con precisión fotográfica; es conformista (no quedaba más narices). Hay autores que defienden su origen en la pintura holandesa del XVII.

Imagen que refleja plenamente la vida cotidiana de la época Biedermeier


Pero después de todo esto, resulta que el Biedermeier es considerado movimiento de transición por pesar demasiado en él los gustos de la aristocracia… En 1848, al cabo de 30 años de denuncias arbitrarias y represión, los vieneses salieron a la calle para exigir, entre otras cosas, libertad de prensa. Se cansaron de quedarse callados.

Bibliografía recomendada

B. Echeverri. La gripe española. La pandemia de 1918-1919. CIS-Siglo XXI. Madrid. 1993.

Follet, Jean Philippe. Viena. Colección Un gran fin de semana. Salvat. Madrid. 2006.

Nicolás Gómez, S. M. (2010). Los estudios de arte del siglo XIX. Reflexiones en voz alta. Imafronte, (21-22), 277-287. Recuperado a partir de https://revistas.um.es/imafronte/article/view/201001

VVAA. Diccionario de Arte I. Spes (RBA). 2003.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La Dama Blanca

Una antigua leyenda de los Habsburgo habla de la aparición de un fantasma cada vez que se aproxima el final de un miembro de la familia. Se trata de una mujer que lleva puesto un vestido blanco, que camina como si estuviera flotando en el aire y que no tiene ningún problema a la hora de atravesar las puertas cerradas. Esta Dama Blanca, como así se la llamó, se apareció ante Carlos I de España y V de Alemania cuando murió en el Monasterio de Yuste (Cáceres) en 1558.

Carlos I de España y V de Alemania. El retrato que vemos es una copia que hizo Rubens en 1603 del original realizado por Tiziano en 1548, y que hoy se encuentra desaparecido. La copia del cuadro de Tiziano se encuentra en el Museo Histórico Alemán de Berlín. Foto de AKG/Álbum.

También se dice que se la vio cuando Felipe III de España (nieto del anterior) murió en el Alcázar de Madrid, en 1621. Carlos VI -Carlos III cuando aspiraba al trono español- vio al espectro en Viena, en 1740. Francisco Esteban de Lorena, marido de María Teresa de Austria, se dio con ella de sopetón (con el fantasma, no con su mujer) en el Palacio Imperial de Innsbrück en 1765, e inmediatamente después falleció. María Antonieta la vio en las Tullerías (París), cuando esperaba para ser guillotinada (1792) durante la Revolución Francesa.

María Antonieta. Retrato realizado por Marie-Louise-Élisabeth Vigée-Lebrun en 1778


Leopoldine, futura cuñada de Napoleón I, la vio cuando su madre, María Teresa de las Dos Sicilias estaba agonizando (Viena, 1807). Los títulos de rey de Roma, duque de Reichstadt y príncipe de Parma que tenía “Napoleón II” apodado el Aguilucho, pero más conocido por ser el hijo de Napoleón I y María Luisa de Habsburgo, no impidieron que se le apareciera la buena señora en Schönbrunn, muriendo en 1832.

Duque de Reichstadt. Grabado de Octave Tassaert


No consta que cuando murió el archiduque Rodolfo -heredero de Austria-Hungría- en 1889 se le apareciera la Dama Blanca, pero si la vieron un criado del archiduque y unos campesinos cuando el espectro rondaba por los jardines que rodeaban el pabellón de caza, aunque según Le Figaro se le apareció poco antes.

Archiduque Rodolfo de Habsburgo-Lorena, príncipe heredero de Austria, Hungría y Bohemia, con el uniforme de gala del Regimiento de Húsares. Fotografiado por Károly Koller en 1887

Y, cómo no, también se le apareció a Sissi en Montreaux once días antes de ser asesinada en Ginebra el 10 de septiembre de 1898 por Luigi Lucheni.

Asesinato de Sissi en Ginebra. Grabado del siglo XIX. Autor desconocido


Se dice que Sissi, emperatriz de Austria-Hungría, que llevaba en su sangre el gen de la locura de los Wittelsbach, sintió la presencia de la Dama Blanca cuando murieron su hija Sofía a consecuencia del tifus (Budapest, 1857), cuando los revolucionarios de Juárez fusilaron a su cuñado Maximiliano I de México (Querétaro, 1867), cuando murió su primo Luis II de Baviera -el rey loco- murió ahogado en el lago Starnberg (Baviera, 1886); su hermana la duquesa de Alençon, murió a consecuencia de un incendio en un bazar de caridad (París, 1897)… No sabemos si la Dama Blanca dejó de molestar a los actuales Habsburgo o si éstos caminan mirando al suelo para no verla. Qué familia.

Bibliografía recomendada

Antonio Feros. El Duque de Lerma: realeza y privanza en la España de Felipe III. Marcial Pons. 2002.

Brigitte Hamman. Sisi, emperatriz contra su voluntad. Editorial Juventud. 1996.

John Lynch. Carlos V y su tiempo. Editorial Crítica. 2000.

Stefan Zweig. María Antonieta. Mondadori.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Ferdinand de Lesseps y el Canal de Suez

El Canal de Suez es una vía de agua que mide aproximadamente 195 kilómetros y une el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo, con lo que se ahorra a muchos navíos la molestia de rodear África para alcanzar las rutas comerciales que atraviesan el Océano Índico para llegar a Asia. Actualmente tiene una anchura de 151 metros y 11 de profundidad. No necesita esclusas porque no hay desnivel entre ambos extremos. Hacer la travesía del Canal dura más o menos 15 horas y eso lo hacen unos 18.000 buques al año, lo que supone una media de 49,31 navíos diarios. En su trayectoria se encuentran los lagos Manzinah, Timsah y el Gran Lago Amargo.


El Canal de Suez en la actualidad. Bettmann

Fue construido entre 1859 y 1869, con un presupuesto de 200 millones de francos, pero costó el doble, y en él llegaron a trabajar al mismo tiempo 30.000 personas. Ferdinand de Lesseps, nacido en Versalles el 19 de noviembre de 1805, fue su gran impulsor.

Lesseps cursa estudios de Derecho en París. Decide seguir los pasos de su padre y se dedica a la Diplomacia: con 21 años es destinado al consulado francés en Lisboa. En los años siguientes tendría destino en diferentes países ribereños del Mediterráneo. En 1832 es nombrado vice-cónsul en Alejandría; como el barco en el que viaja tiene que pasar por una cuarentena y esta puede resultar muy aburrida, el cónsul general de Francia en la ciudad, Jean-François Mimaut, le hace llegar la memoria redactada por un miembro de la expedición de Napoleón a Egipto, Jacques-Marie Le Père. Ese trabajo habla sobre una probable comunicación entre el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo: es aquí cuando Ferdinand de Lesseps empieza a soñar con la construcción de un canal. De momento Lesseps sigue con su brillante carrera diplomática, pero en 1849 es enviado a Roma, donde es acusado de atribuirse competencias que no le corresponden: la desilusión que ello le provoca es tan grande que abandona la carrera diplomática.


Muhammad Said en 1855. Autor de la fotografía Gaspard-Félix Tournachon, Nadar


Respondiendo a la invitación que le hace su amigo el bajá Mohamed Said, en 1854 se traslada a Egipto para poner en marcha su proyecto. El 30 de noviembre de ese mismo año se firma la concesión del gobierno egipcio para la construcción del Canal, y el 25 de abril de 1857 se da el primer golpe de azadón junto a una playa desértica donde se levantó Port Said: esta ciudad se llamó así en honor al jedive amigo de Lesseps que tanto le apoyó. Durante la construcción del Canal, el Reino Unido no dejó de incordiar siempre que se le presentaba la ocasión: a los británicos les fastidiaba no haber sido ellos quienes sacaran adelante un asunto que se clavaba justo en medio de su ruta a la India. Pero el destino le favorece: Egipto, que anda un poco justa de dineros, pone a la venta su parte de las acciones en 1875, y allí está Benjamin Disraelí para convencer a la reina Victoria para hacerse con semejante ganga.

El 15 de agosto de 1869 se unieron las aguas del Mar Rojo y el Mar Mediterráneo: en este momento tiene 54 metros de ancho y 8 de profundidad. El Canal de Suez se inaugura tres meses después, el 17 de noviembre. Una caravana de 22 navíos se acerca a la entrada del Canal: abre la comitiva el Aigle, yate imperial francés. A bordo se encuentran Francisco José I, emperador de Austria-Hungría; el príncipe Federico de Prusia y Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, sobrina de Lesseps y una de las personas que más le animaron para llevar a cabo la obra.


Eugenia de Montijo, por Franz Xaver Winterhalter, 1862


Por cierto, el protocolo determinaba que el yate de Francisco José, por una cuestión de rango, tenía que ser el primero de la comitiva en entrar en el Canal, pero el emperador era un caballero, y cedió su puesto a Eugenia. También se encargó a Verdi la composición de una ópera, Aida, cuya representación iba a formar parte de las celebraciones pero no llegó a tiempo, aunque con ella se inauguró el Teatro Italiano de El Cairo el 24 de diciembre de 1871. A Lesseps le concedieron la Legión de Honor y Napoleón III propone nombrarle Duque de Suez. Desde luego, es un momento único.


Inauguración del Canal de Suez. Fotografía tomada de la web La Izquierda Diario, de México


Tan bien se siente Lesseps con todo lo que está pasando que en 1876 funda la Compañía Universal del Canal Interoceánico de Panamá. Pero dificultades técnicas, el clima insalubre de la zona y la mala administración contribuyeron a que la compañía quebrara en 1889 (finalmente el Canal de Panamá saldría adelante promovido por Estados Unidos, después de empujar a Panamá a independizarse de Colombia, y será inaugurado el 15 de mayo de 1914). Lesseps fue condenado a 5 años de cárcel que no cumplió por su avanzada edad. De todos modos, como estaba trastornado por los disgustos, su familia prefirió ocultarle la condena. Murió el 7 de diciembre de 1894 en La Chesnaye, cerca de Gully (Indre), a los 89 años de edad.


Ferdinand de Lesseps


Los problemas que Ferdinand de Lesseps tuvo con la Justicia los últimos años de su vida no quitarán nunca su mérito a la mayor obra de ingeniería del siglo XIX, el Canal de Suez.

Bibliografía recomendada

Arteaga, Almudena de. Eugenia de Montijo. Ediciones Martínez Roca. Barcelona. 2002.

Edgar-Bonnet, Georges. Ferdinand de Lesseps: le créateur de Suez. Plon. 1951.

Encyclopaedia Britannica. The New Encyclopaedia Britannica. 2007.

Lesseps, Alexandre de. Moi, Ferdinand de Lesseps. Olivier Orban. 1986.

Lesseps, Ferdinand de. Historia de la Construcción del Canal de Suez.

Lesseps, Ferdinand de. Lettres, journal et documents pour servir à l’histoire du canal de Suez, 5. vol., Didier. 1875-1880.

Rey Vicente, Miguel del/Canales Torres, Carlos. En Tierra Extraña: Expediciones Militares Españolas. Edaf. 2012.