Retales de Historia

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lunes, 9 de abril de 2012

El Manifiesto de Sandhurst

En España, tras la revolución de septiembre de 1868, la que expulsa de España a la reina Isabel II, se suceden seis años de intentos de implantar en nuestro país el liberalismo democrático. Uno tras otro vemos pasar a Amadeo I (y último) de Saboya, que ocupa el trono entre 1870 y 1873. Después viene la I República, con cuatro presidentes: Figueras, Pi i Margall, Salmerón y Castelar. Aguantaron menos que Amadeo, pues estuvieron entre febrero de 1873 y enero de 1874. Luego sigue la “fase pretoriana republicana”, con el gobierno del general Francisco Serrano, entre enero y diciembre de 1874. Demasiadas personas en tan poco tiempo, y conflictos como las guerras carlistas, hacían recomendable pensar en algo.

El príncipe Alfonso de Borbón hacia 1870.

En 1874, el príncipe Alfonso, hijo de la antigua reina Isabel II, era el representante de la Casa de Borbón que ostentaba los derechos al trono (obviando al pretendiente carlista) después de que su madre (obligada por las circunstancias) se los cediera en 1870. Don Alfonso se encuentra exiliado en Inglaterra, formándose como soldado en la Academia Militar de Sandhurst, en el condado de Surrey, al sudeste de Inglaterra.

Academia Militar de Sandhurst.

Con la excusa de agradecer las felicitaciones por sus 17 años, don Alfonso hace público el Manifiesto de Sandhurst, declaración de carácter político firmada por el príncipe Alfonso el 1 de diciembre de 1874 en Nork-Town (Sandhurst), aunque, en realidad, el texto estaba elaborado por Antonio Cánovas del Castillo, cabeza visible del alfonsismo en los años anteriores y verdadero artífice de la Restauración.

Antonio Cánovas del Castillo.

En este documento se mostraba la disposición del príncipe Alfonso para convertirse en rey de un régimen constitucional, católico y defensor del orden social. En él don Alfonso (siempre por “inspiración” de Cánovas) se presenta a sí mismo como la única persona capaz de terminar con la inestabilidad que sufría España, y la única persona que puede garantizar derechos y libertades.

General Martínez Campos.

Soy único representante yo del derecho monárquico en España (…). Cuantos me han escrito muestran igual convicción de que sólo el restablecimiento de la monarquía constitucional puede poner término a la opresión, a la incertidumbre y a las crueles perturbaciones que experimenta España (…). Sólo puedo decir que nada omitiré para hacerme digno del difícil encargo de restablecer en nuestra noble nación, al tiempo que la concordia, el orden legal y la libertad política (…). Ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal (…)...

Entrada de Alfonso XII en Madrid el 14 de enero de 1875.

El manifiesto se publicó por la prensa española el 27 de diciembre de 1874. Dos días después, el 29 de diciembre, el general Martínez Campos protagonizó un levantamiento militar en Sagunto (Valencia), proclamando Rey de España a Alfonso XII. A pesar de lo bien que vino un apoyo de esta dimensión, no convenía asociar el inicio del nuevo reinado a un golpe militar (idea esta que también está reflejada en el Manifiesto), por lo que Cánovas del Castillo se avino a dirigir el gobierno hasta la llegada del rey a Madrid el día 14 de enero de 1875. Se inicia así el breve reinado del que sería apodado El Pacificador. Falta hacía.

Alfonso XII.

viernes, 9 de marzo de 2012

Carlota, emperatriz de México

La emperatriz Carlota.

Seguimos en México. María Carlota Amalia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Saxo-Coburgo y Orléans Borbon-Dos Sicilias y de Habsburgo-Lorena, Carlota de Bélgica, había nacido el 7 de junio de 1840 en el castillo de Laeken. Era la tercera hija del rey Leopoldo I, primer rey de los belgas (que no rey de Bélgica) y de la princesa Luisa María de Francia. Se llamó Carlota en honor de la primera esposa de su padre, Carlota de Gales. Esto fue así porque al nacer, el rey se sintió desilusionado con el sexo de la niña, a pesar de tener ya dos hijos varones, y Luisa María pensó que de esa forma el rey no la rechazaría, ya que este rey tuvo mucho cariño a su primera mujer. Carlota también era prima de la reina Victoria y nieta del rey de Francia Luis Felipe de Orleans, con cuya esposa, María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, Carlota se escribió frecuentemente durante su estancia en México. Lo cierto es que Leopoldo también enviudaría de Luisa María cuando Carlota contaba con diez años, siendo confiada su educación a la condesa de Hulste. A partir de este momento, Carlota se vuelve más reservada y se refugia en la lectura.

Carlota de Bélgica niña, retratada por Winterhalter. 

Por su origen, Carlota no se casaría con cualquiera. El elegido fue Maximiliano de Habsburgo, hermano de Francisco José I de Austria-Hungría, el marido de Sissi. Tras largas negociaciones para determinar la dote, se casaron un 27 de julio de 1857. Después, Francisco José los envió a Milán, donde Maximiliano estuvo en calidad de gobernador del Reino de Lombardía-Venecia. Pasa el tiempo, y el emperador destituye a su propio hermano, pues tiene miedo de que le haga sombra por su inteligencia y su buena gestión.

María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, retratada por  Winterhalter. 

Maximiliano y Carlota se retiran al castillo de Miramar, en Trieste, pasando una cómoda vida, hasta que en 1861 reciben la visita de José María Gutiérrez de Estrada. Maximiliano, aspiraba a más de lo que había hecho hasta ahora, siempre se sintió el comparsa de su hermano, el emperador de Austria, y quería demostrar que él también sabía dirigir un Imperio, pero en Europa no había sitio para todos. Y cuando Gutiérrez Estrada, miembro de la oposición a Benito Juárez le ofreció la corona de México, la aceptó. En su familia nadie veía muy claro que fuera un buen plan eso de irse a México, de hecho, María Amalia de Borbón-Dos Sicilias (la abuela con la que se escribiría Carlota) “veía la muerte” en el trono de México. Pero Carlota también pensaba que merecía más y apoyó a su marido en la aventura imperial. En 1864, Maximiliano es proclamado emperador de México: Carlota ya es emperatriz. La coronación tiene lugar en la capital mexicana el 10 de abril de 1864 y su residencia oficial será el Castillo de Chapultepec.

Castillo de Chapultepec.

Pero el proyecto mexicano resultó mucho más enrevesado de lo que el mismo Maximiliano pensaba. De hecho, Maximiliano estuvo a punto de rechazar el trono, pero Carlota le presionó para que no lo hiciera: ¿Sentido de la responsabilidad o ambición? También se vive en México una gran inestabilidad política porque los intereses de los emperadores (liberales) chocan continuamente con los intereses de las familias políticas conservadoras opuestas a Juárez, familias que les habían puesto en el trono.

Por otra parte, desde el momento en que les fue ofrecida la corona mexicana, Carlota y Maximiliano se pusieron a estudiar español y la historia de México: se habían tomado la molestia de conocer a su nuevo país. Y si la vida de emperatriz era del gusto de Carlota, también es cierto que se dedicó a obras de caridad, fundando la Casa de Maternidad e Infancia; se preocupó por los indios, mejorando su situación frente a las clases pudientes. Se esforzaron por hacer las cosas bien: pusieron el telégrafo, modernizaron ferrocarriles, hicieron ocupar los sitios aislados, se suprimieron los castigos corporales y se redujo la jornada laboral, pero no estuvieron acertados a la hora de rodearse con una corte que no era mexicana aunque, con el tiempo, contaron con más personal del país.

Comisión mexicana en Miramar.

A los problemas hay que añadir que la pareja imperial no tuvo hijos, lo que no facilitaba las cosas. Se cree que en uno de los viajes que Maximiliano hizo a Europa sin la compañía de Carlota, buscó a otras mujeres, y contrajo la sífilis (las infidelidades mutuas fueron abundantes). Posteriormente, contagiaría a su esposa, lo que imposibilitó que Carlota pudiera tener descendencia. Lo curioso es que, a pesar de este drama, estuvieron de acuerdo en muchas cosas; una de ellas fue la de nombrar sucesor a Agustín de Iturbide y Green, miembro de la familia del anterior emperador mexicano.

Agustin de Iturbide y Green.

Por si hubiera pocos problemas, la guerrilla también se dedicaba a incordiar. Aunque en los primeros enfrentamientos que tuvo el ejército imperial de Maximiliano con la guerrilla mexicana se pudo contar con la ayuda del ejército imperial francés, Napoleón III, decidió retirar sus soldados: a decir verdad, estaba asustado por la amenaza prusiana. Pero Maximiliano contaba con el apoyo del emperador francés, mejor dicho, esperaba su apoyo; a fin de cuentas, fue él quien le empujó a embarcarse en el proyecto.

Maximiliano esperó en vano: Napoleón III, su valedor en México, al igual que ya había hecho con otros, no tuvo ningún reparo en dejarle colgado, a pesar de que Carlota en persona acudió a pedirle ayuda. Napoleón le sugirió la posibilidad de que los emperadores regresaran de México, que nadie lo vería como una cobardía, pero Carlota insistió en que Napoleón cumpliera los acuerdos de Miramar, por los que el emperador francés estaba obligado a prestar ayuda al emperador mexicano. Aquí ocurrió algo realmente triste: Francisco José le hace saber a Maximiliano que si deja México le prohibirá entrar en cualquier dominio del Imperio Austro-Húngaro y la archiduquesa Sofía (su madre) le dice que un Habsburgo nunca incumple sus compromisos… Hasta su familia le dio la espalda.

Napoleón III.

Carlota había recorrido las cortes europeas para buscar apoyos para la causa imperial, para su marido, pero nadie le hizo caso. Ni siquiera el Papa, que de esa manera le hizo pagar a Maximiliano que estableciese la libertad de cultos en México: en aquella ocasión, cesó la comunicación con la Santa Sede. A partir de ese momento, la locura de Carlota es evidente, bebiendo sólo agua de las fuentes públicas y comiendo lo que se elaboraba delante de ella. Entonces, alguien envía a Maximiliano un telegrama en el que le informan del estado de su mujer. Quizá por la confusión del momento, entendió mal el sentido de una misiva ya de por sí poco clara (“la emperatriz Carlota ha sido atacada de una congestión cerebral, la princesa ha sido conducida a Miramar”) y pensó que Carlota había muerto. En realidad, ante el deterioro de Carlota, su hermano, el conde de Flandes, había ido a Roma para llevarse a su hermana al castillo de Miramar, en Trieste, lugar donde Maximiliano y Carlota habían pasado tantas horas felices.

Grabado antiguo del castillo de Miramar en Trieste.

Aquí no quiero dejar de contar una leyenda. En un desesperado intento de Carlota por dar herederos a Maximiliano, acudió a una pequeña tienda de la Ciudad de México con el fin de dar con un remedio natural que le ayudara a tener hijos. La fatalidad quiso que la dueña de la tienda fuera partidaria de Juárez: la mujer le dio a Carlota una seta venenosa que contribuyó a su locura.

Todos los esfuerzos de Carlota en Europa cayeron en saco roto: el 19 de junio de 1867, Maximiliano de Habsburgo es fusilado en Querétaro. Se dice que sus últimas palabras fueron “pobre Carlota”. Dos meses más tarde, el 6 de agosto de 1867, Carlota se marcha a Bélgica: el fusilamiento de Maximiliano terminó por hacerle perder del todo la cabeza. Carlota de Bégica, Carlota de México, tenía 26 años. Se recluye en el castillo de Bouchot, donde moriría sesenta años más tarde, el 19 de enero de 1927. Sobrevivió a su marido sesenta años, el sueño imperial apenas había durado tres.

Maximiliano y Carlota de México retratados con atributos de emperadores. Obra realizada por Franz Xaver Winterhalter.




lunes, 20 de febrero de 2012

Paricutín

Estaba Dionisio Pulido trabajando en el campo y se llevó el mayor susto de su vida. El 20 de febrero de 1943, a las cuatro de la tarde, vió como salían disparados de una grieta vapor y piedras. Esto ocurría en un campo de maíz, a unos 100 metros de donde se encontraba Dionisio: nacía el Paricutín, iniciando así una actividad que duró nueve años.


El Paricutín en una explosión de 1946.


Dionisio sintió que se quemaba los pies y un ruido horrible le hizo salir corriendo. Quiso avisar a su familia pero cuando llegó su casa ya no estaba. Para entonces, el campo donde trabajaba había desaparecido por un montón de arena y por encima volaban piedras incandescentes. Había un ruido ensordecedor. Era el infierno.


Dionisio Pulido junto al volcán.


El volcán que Dionisio vió nacer está situado en el Cinturón Volcánico Mexicano, a más 300 kms al oeste de México D.F. Sólo el primer día de actividad, el Paricutín creció por acumulación de cenizas más de 7 metros, llegando a una altura de 336 metros al terminar el año. En todo ese tiempo, había crecido casi un metro al día. Unos días después de nacer el fenómeno, los ríos de lava llegaban hasta el pie de lo que ya era un volcán. Esa lava tuvo diferentes viscosidades, y en su composición se aprecian andesitas y basaltos congruentes.


Iglesia de Parangaricutiro con el Paricutín humeando al fondo.


Vista aérea de la Iglesia de Parangaricutiro rodeada de lava.


Empezó siendo un volcán de tipo estromboliano y terminó siendo de tipo hawaiiano. Creció en el llano de Quitzocho, perteneciente al pueblo de Paricutín. En los días siguientes al inicio de la erupción, siete poblaciones desaparecieron bajo las capas de cenizas del volcán, entre ellas estaban San Juan Parangaricutiro, Zirosto, Zacán, Angahuan y Paricutín, que desapareció por completo, mientras que en San Juan la iglesia asoma por encima de la lava. Se perdió ganado, se perdieron los pastos y se secaron los manantiales: ni reses ni personas podían beber. La lava y los piroclastos cubrieron una superficie de 300 kilómetros cuadrados (aunque en este dato las fuentes pueden variar), y la lluvia de ceniza llegó hasta México D.F. A pesar de todo esto se pudo evacuar a la población (aunque hubo muchos afectados de las vías respiratorias), pero quedó un paisaje casi del todo yermo en algo más de una semana.


Se puede dividir la cronología de la aparición del Paricutín en cuatro períodos:

1.- El período Quitzocho (febrero-octubre de 1943). Crece un cono en el Valle de Cuiyusuru. De vez en cuando fluye la lava y hay erupciones intermitentes con bombas volcánicas. El cono alcanza una altura de 365 metros. La ciudad de Paricutín es evacuada.

2. El período Sapichu (octubre de 1943-enero de 1944). Derrames de lava en el norte, cenizas y bombas volcánicas.

3. El período Taquí-Ahuan (enero de 1944- enero de 1945). El cono principal se reactiva. Se producen derrames de lava que fueron las que consiguieron alejarse más del cono principal.

4. Período final (enero-febrero de 1952). En enero se alcanza a ver una columna de gases que alcanza los 3 kilómetros de altura. Poco a poco se apaga la actividad, aunque se producen deslizamientos de bloques. Sólo quedó un observador del Estado estudiando la zona, todos los demás geólogos se marchan.

La actividad del Paricutín llegó hasta 1952. Su altura actual es de 3.170 metros sobre el nivel del mar. Y para la destrucción que hubo sorprende saber que, actualmente, hay (aunque no mucha) fauna (ardillas, ratones, conejos, zorros…) y flora (coníferas, jaras, árboles frutales…). Se levantaron nuevas poblaciones: San Juan Nuevo y Nuevo Paricutiro. La principal fuente de ingresos de los lugareños proviene del turismo, de la agricultura y la artesanía.


Más o menos así se encuentra San Juan de Parangaricutiro en la actualidad.


¿Por qué sigue viviendo gente en zonas así? ¿Por la fertilidad de las tierras volcánicas o por la fascinación del peligro?

viernes, 3 de febrero de 2012

María Durán

Eso de trabajar en oficios de diversa índole es que te encuentras a gente de lo más variopinta, pero también tienes ocasión de conocer personas con talentos extraordinarios: estoy hablando de una compañera de mi actual trabajo, María Durán.

María Durán

La verdad es que este post lo he empezado varias veces y lo he deshecho otras tantas, como Penélope con la mortaja de su suegro… Incluso he hablado con María en alguna ocasión con el fin de saber algo más de ella: cuándo empezó a dibujar, sus fuentes de inspiración, cosas normales de preguntar a un artista. Al final, desbordada por la calidad de su trabajo, decidí echar mano de aquello de “una imagen vale más de mil palabras”. No ha sido fácil elegir una muestra.


La petite mandarine. Autora: María Durán


Milnovecientosochentay... Autora: María Durán


Leoncitos. Autora: María Durán


Grandmother. Autora: María Durán


You can't kill me. Autora: María Durán


Pag. 13. Autora: María Durán


Geisha información. Autora: María Durán


Uuuuuata. Autora: María Durán


Invasión del agua lunar. Autora: María Durán


La sombra del clown. Autora: María Durán


Antes de terminar de destrozar este post, deciros que María no tiene el reconocimiento que merece. Y seguramente os preguntaréis porqué he hecho la entrada en este blog y no en El microcosmos… Muy sencillo: cuando por fin alcance ese reconocimiento, me gustaría poder decir -de alguna manera- “yo estuve allí”.

lunes, 23 de enero de 2012

Fleming y la penicilina

Una tos muy sospechosa y varios pañuelos de papel me inspiran a hablar de un fármaco al que le tengo alergia, uno de los grandes descubrimientos del siglo XX: la penicilina. Como muchos otros descubrimientos, fue producto de la casualidad, pero de esa casualidad que es producto de la constancia, en este caso, de la constancia de Alexander Fleming.

Alexander Fleming. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Alexander Fleming nace en Lochfield (Escocia), el 6 de agosto de 1881. Pertenecía a una familia de economía modesta que se dedicaba a la agricultura, lo que no impidió que Alexander tuviera inquietudes culturales y científicas. La familia no tiene recursos propios para pagarle estudios universitarios, pero una pequeña herencia que reciben cuando el joven Fleming contaba veinte años, hace que éste puede licenciarse en  1908 en la Facultad de Medicina del St. Mary’s Hospital de Londres, institución con la que estaría vinculado veinte años de su vida. Aunque una leyenda atribuye a los Churchill que Alexander pudiera cumplir su sueño de ser médico: los Churchill pasaron un verano en Long’s Hill -donde vivía la familia Fleming- y el padre de Alexander salvó de morir ahogado en una ciénaga al mismísimo Winston Churchill, un día que éste se fue al campo a pasear. Agradecido, Randolph Churchill -padre del Winston- se ofreció a pagar a Alexander una educación como la que recibiría su propio hijo.

Volviendo al tema. Cuando se licenció, Alexander Fleming se especializó en Bacteriología y empezó a investigar (había sido medalla de oro en la Universidad). Pero en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial y Fleming intervino como oficial de la Royal Army Medical Corps en Francia. De vuelta a Londres una vez terminado el conflicto, regresa a la investigación. Su laboratorio siempre estaba desordenado, aunque él se entendía en medio de aquel caos. Entre todo su material de laboratorio tiene placas de Petri, que son cajitas de plástico o cristal que tienen una tapa, y sirven para realizar cultivos para su posterior estudio. Y en una de ellas descubrió las lisozimas, que son las defensas naturales del organismo: a Alexander no se le había ocurrido nada mejor que sacarse algo de la nariz y vió como ese algo creó una barrera de defensa contra unos microorganismos que le atacaban. Esta guarrada ocurrió en 1921.

A la izquierda, Fleming sujetando una placa de Petri. A la derecha, el penicilium. Fotografías tomadas de la web buscada con Google


Pero esto es sólo el principio de lo que vendría después (no, no se sacó más, que yo sepa). Un día de septiembre de 1928, Alexander se dio cuenta que había una placa que tenía un cultivo de estafilococos donde no paraba de crecer una mancha que los hacía retroceder: en esa mancha se encontraba el hongo penicilium. Lo malo es que el Gobierno británico no soltaba mucho dinero para investigación (esto a qué nos suena…), pero Alexander recibió la ayuda providencial de Ernst Chain (judío alemán) y Howard Florey (australiano), que estaban al tanto de las investigaciones sobre el penicilium y tenían fé en lo que hacía su colega. Chain y Florey pusieron a su disposición los aparatos de los que ellos disponían en la Universidad de Oxford.

Ernst Chain. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Howard Florey. Fotografía tomada de la web buscada con Google


La Segunda Guerra Mundial no interrumpió las investigaciones: Fleming, Chain y Florey huyeron a los Estados Unidos para continuar los experimentos. Antes de terminar la guerra ya se pudo aplicar la penicilina en soldados que habían sido heridos en el frente y, en 1945, los tres recibieron el Premio Nobel de Medicina. Posteriormente, Fleming se dedicó a la docencia, siendo rector de la Universidad de Edimburgo. Y le llegaron más honores, siendo nombrado doctor honoris causa en numerosas universidades del mundo, entre ellas la de Madrid.

La placa reza "Al Dr. Fleming en agradecimiento de los toreros 14 de mayo de 1964". El monumento se encuentra frente a la Plaza de Toros de las Ventas, en Madrid. Fotografía tomada de la web buscada con Google


El 10 de marzo de 1955, Alexander Fleming muere en Londres, víctima de un fallo cardíaco: su corazón le falló a él, pero no a nosotros porque, al igual que hizo Marie Curie con el radio, no quiso enriquecerse con su descubrimiento, no adquirió derechos sobre la penicilina; quiso que los beneficios fueran para todos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Mercurio y Argos

De todos es sabido que Zeus (Júpiter para los romanos) era el padre de los dioses del Olimpo. Y muy faldero. A pesar de que Hera (su señora) tenía muy mala leche con el tema de las amantes, Zeus no se cortaba un pelo a la hora de ir con todas las mozas que le daba la gana (y muchas de ellas le ayudaron a Hera a saciar las ganas de paternidad de su marido.) Una de ellas fue Io, una joven que pasaba su tiempo libre recogiendo florecillas en el campo.

Tan pronto como Zeus se fijó en Io empezaron a frecuentar la mutua compañía, supuestamente a espaldas de Hera (aunque en realidad las aventuras de Zeus eran un secreto a voces). Pero Hera se enteró, y montó en cólera (como era habitual cada vez que se enteraba de un lío de su marido), y a Zeus no se le ocurrió otra cosa que convertir a su amante en una hermosa vaca, e Io pasó de recoger flores a comérselas. Pensó Zeus que convirtiendo en vaca a su amante pasaría desapercibida para Hera, pero esta no cayó en el engaño, y para desahogarse soltó un tábano para que hiciera la vida imposible a la vaca. Io/la vaca, en su desesperación por deshacerse del bicho, recorrió toda Europa, pasando por el Estrecho del Bósforo (en griego, “paso de la vaca”). Finalmente, extenuada, Io se detuvo y Hera aprovechó para atraparla.

El Estrecho del Bósforo en una imagen de satélite (es la parte de arriba del pasillo de agua). Fotografía tomada de la web buscada con Google


Para asegurarse que no tenía posibilidad de escapatoria, Hera encargó a su fiel sirviente Argos que vigilase a la prisionera. Argos era un ser que tenía cien ojos, cincuenta estaban despiertos mientras los otros cincuenta dormían: Io no tenía forma de huir. Pero Zeus quería rescatar a su amante y encargó a Mercurio (Hermes para los griegos) que rescatara a Io (Mercurio era hijo de Zeus y de otra señora que no era la suya).

Mercurio localizó a la prisionera y a Argos, y empezó a contarle un montón de historias (otros dicen que se puso a tocar la flauta) suponemos que muy aburridas, porque los cincuenta ojos despiertos se durmieron. Este es el momento que refleja Velázquez en su cuadro Mercurio y Argos, pintado hacia 1659, y que se encuentra en el Museo del Prado de Madrid (el lienzo fue salvado del fuego que sufrió el Alcázar de Madrid en 1734).

Mercurio y Argos. Fotografía tomada de la web buscada con Google


En un primer plano está Hermes, que lleva su bolsa, algo que parece un caduceo y su sombrero con alas; junto a él está Argos, con la cabeza caída sobre el pecho: nadie diría que son personajes mitológicos. En segundo plano, como si la cosa no fuera con ella, tenemos a Io.

Volviendo a cuando Argos se quedó sopa. Mercurio aprovechó el momento para matarlo y así liberar a la amante de su padre. Más tarde, Io y Zeus decidieron romper la relación porque veían el asunto un poco complicado, sobre todo porque Hera no dejaba de acosarles. Por su parte, Hera, cuando vió lo que le había pasado a su fiel Argos, decidió perpetuar su memoria poniendo los cien ojos del guardián en la cola del pavo real.

Moneda griega de dos euros, que hace alusión al mito de Io. Fotografía tomada de la web buscada con Google


sábado, 12 de noviembre de 2011

El Archiduque del Baño

Luis Víctor de Habsburgo. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Durante el siglo XIX, Austria (luego Austria-Hungría), con toda la antigüedad de su historia y con toda la extensión de su territorio, era la mayor defensora del catolicismo en Europa y parte del mundo conocido. En parte por ello, no podía permitirse cierto tipo de escándalos, y de ahí que muchos acontecimientos de su historia vayan a permanecer envueltos en el misterio. Pero no todos los escándalos que se dieron en Austria, y para ser más exactos los relacionados con su realeza, merecían tener mayor trascendencia histórica que unos comentarios en los corrillos de Viena.

Luis Víctor con sus hermanos. De izquierda a derecha: Carlos Luis, Francisco José, Maximiliano y Luis Víctor. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Luis Víctor José Antonio de Habsburgo (Viena, 15 de mayo de 1842) fue el menor de los hijos de Francisco Carlos de Austria y Sofía de Baviera (la tan temida suegra de Sissi) y, por tanto, hermanísimo de Francisco José I. Titulaba como Archiduque de Austria y Príncipe Real de Hungría y de Bohemia. Francisco y Sofía no tuvieron hijas que les sobrevivieran, la que tuvieron murió muy pronto, y Luis Víctor nació mucho después que sus otros hermanos, lo que hizo que se convirtiera en el niño mimado de Sofía. A partir de aquí, no tardó en mostrar maneras que dieron que pensar, como el hecho de que disfrutaba vestirse de mujer.

Fotomontaje en el que Luis Víctor sale vestido como hombre y como mujer. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Y llegó el momento de casar a Bubby (se ve que era un apodo muy extendido entre los Habsburgo porque la reina regente María Cristina también llamaba así al niño-rey Alfonso XIII): por más novias que le presentaron, Luis Víctor no se decidió por ninguna. Una de ella fue la hija del emperador de Brasil, Pedro II. Otro proyecto de novia fue Sofía Carlota de Baviera (hermana de Sissi), que llegó a ser novia de Luis II de Baviera, el Rey Loco, proyecto que tampoco cuajó, quizás porque el rey tenía muchos pajaritos en la cabeza y porque también era homosexual, como Luis Víctor.

Princesa Isabel de Brasil, hija de Pedro II. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Sofía Carlota de Baviera. Fotografía tomada de la web buscada con Google


La condición sexual de Luis Víctor fue lo que se dice un secreto a voces. De vez en cuando se escapaba por Viena para buscar aventuras con hombres jóvenes, algo así como hizo George Michael en Londres hace algún tiempo y, de hecho, a ambos los pillaron en plena faena con un mozo del que se estaban beneficiando en unos lavabos públicos; además, el ligue del Archiduque era menor de edad. A George Michael le metieron en un proceso judicial que no viene al caso; a Luis Víctor le sirvió para que se le conociera como el Archiduque del Baño (si se piensa un poco, hace falta ser cutre y poco elegante para ser archiduque y que te pillen en una actitud que hubiera sido preferible guardarse para la intimidad de un palacio). Está claro que a Francisco José no le hizo mucha gracia la aventura de su hermano, pues lo echó de la Corte y lo mandó a vivir al Castillo de Klesheim (que a mí me parece más bien palacio), cerca de Salzburgo: toda la servidumbre estaba compuesta exclusivamente por mujeres.

Klesheim. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Como Luis Víctor sobrevivió a todos sus hermanos (para algo era el pequeño), pudo ver cómo se iba a paseo todo por lo que tan modosamente había luchado su familia. Murió el 18 de enero de 1919, dos meses después de terminar la Primera Guerra Mundial.