Retales de Historia

Retales de Historia

jueves, 24 de febrero de 2011

¡Quieto todo el mundo!

Esto que voy a contar lo escribo basándome en mis recuerdos. Lo sucedido ocurrió cuando yo tenía 14 años, edad más que suficiente para enterarse de la gravedad de los hechos.

Los años 80 fueron una época en la que escuchaba mucho la radio. La verdad es que la música de entonces lo hacía fácil. Llegaba de la escuela y encendía la radio antes de saludar a nadie o incluso antes de merendar. Pero aquel día no lo hice así: merendé y después me puse a ver la tele. No recuerdo qué programas había pero ya había mucha publicidad, pero era entretenido. En la radio estaban transmitiendo la votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo; Adolfo Suárez había presentado su dimisión y Calvo Sotelo era el candidato. Pero, como ya dije, ese día no puse la radio.

Mi madre llevaba un buen rato hablando por teléfono con una amiga y, cuando cuelga, nos dice a mis hermanos y a mí: “Teresa estaba escuchando la radio y cree que ha ocurrido un golpe de Estado”. “Vaya imaginación que tiene tu amiga”, le dijimos. Nosotros pensábamos que podían ser problemas de transmisión pero un golpe de Estado… ja, ja, ja, qué bueno. Y ni siquiera pusimos la radio. Insisto en la radio porque en aquella época no había Internet, ni teléfonos móviles para poner sms.

Cuando dieron las 9 de la noche pusimos la tele, la primera cadena, la VHF (la otra era la UHF, uachefe para los amigos) para ver el Telediario, pero se retrasó un poco, o al menos eso era lo que pensábamos. Esperamos un rato más y ya empezamos a preocuparnos. Entonces nos pegamos a la tele y a la radio. Después no recuerdo muy bien lo que pasó en lo que quedaba de día, supongo que nos fuimos a dormir, los golpes de Estado no entienden de si al día siguiente hay cole o no, pero sí recuerdo que mis padres decían algo acerca de qué podía estar pasando con el Rey.

Al día siguiente mi madre me dijo que sólo yo iría al colegio (iba al cole con mi hermano Jorge, que entonces tenía 4 añitos. Igual había disturbios y yo sola correría mejor. Para esa hora ya supe que el Rey había salido en la tele de madrugada rechazando el Golpe y El País había sacado una edición de madrugada (ahora ya sé que fueron cuatro, luego a lo largo del día fueron tres más); una hora después salió Diario 16 con una foto de Tejero (un periodista se había escondido el carrete en los calzoncillos, y gracias que no se estropeó en el revelado). Según testimonio de Pedro Erquicia (periodista conocido por todos por su intervención en Informe Semanal, el Rey hizo dos grabaciones, pero no fue por si triunfaba o fracasaba el Golpe, sino por si una de las grabaciones había salido mal pues quedaba la otra.

Tejero en el momento de hacer Historia. Fragmento de una fotografía realizada por Manuel P. Barriopedro, de la Agencia EFE

Poco a poco me fui enterando de más cosas: en Valencia, Jaime Milans del Bosch y Ussía (tío del periodista Alfonso Ussía) salió a la calle con los tanques, y decretó el Estado de Sitio (a eso de las 2 de la madrugada ya se había suavizado la situación en aquella ciudad.). Soldados golpistas también habían entrado en RNE (donde estaba Eduardo Sotillos) y ordenaron emitir marchas militares, sino se tomarían represalias.

Despliegue de tanques en Valencia el 23 de febrero de 1981. Fotografía publicada en El País, en febrero de 1981

No recuerdo en qué momento empezaron a emitir imágenes por televisión, pero mis primeros recuerdos al respecto fueron la intervención del Rey “invitando” a la rendición y la actuación de Tejero en el estrado del Congreso de los Diputados. Parece que algunos corresponsales extranjeros se sorprendieron al ver a “un torero en el estrado”: era Antonio Tejero. Dijeron que Adolfo Suárez quiso hacer valer su autoridad como Presidente del Gobierno y está claro que no le hicieron ni caso. Otro hombre bastante más mayor se resistió también a los gritos de los asaltantes y quiso hacer valer su rango mayor que el de Tejero para intentar -en vano- que los asaltantes depusieron las armas: era Manuel Gutiérrez Mellado. Iñaki Gabilondo salió en televisión por primera vez.

Discurso del Rey Juan Carlos I en la madrugada del día 24 de febrero de 1981. Imagen publicada en el diario El País, en febrero de 1981

Como el Ejecutivo en pleno estaba secuestrado, los Secretarios de Estado y los Sub-secretarios se encargaron del Poder Ejecutivo con “oficina” en el Hotel Palace. En las conversaciones con estos representantes estaba el general Alfonso Armada, que también andaba metido en el ajo.

Los asaltantes dieron la orden (la verdad es que ese día dieron muchas órdenes, estaban en su salsa) de apagar las cámaras para que no quedara más testimonio del que ya había quedado filmado en el primer momento. Uno de los cámaras tuvo la habilidad de apagar el piloto rojo para que los guardias civiles creyeran que ya no se filmaba. Gran parte de lo que se vió en la Cámara debe su conservación a Fernando Castedo (entonces director general de rtve), que rajó la piel del asiento de su despacho y escondió ahí la película, cuando entraron las tropas en las instalaciones de televisión. Castedo podía ver en los monitores de su despacho lo que estaba ocurriendo en el Congreso. En muchos momentos se puede notar un silencio atroz. Anna Balletbó es liberada en consideración a su embarazo… ¡de gemelos! El resto de las diputadas se liberaron al día siguiente, por la mañana. También se soltó antes a los invitados y a los representantes de prensa.

Volviendo al 23. A eso de las 8 de la tarde sacaron a Felipe González, Alfonso Guerra y Santiago Carillo más tarde a Gutiérrez Mellado y Rodríguez Sahagún, ministro de Defensa. En ese momento muchos pensaron que era para matarlos, hablando pronto y claro; a fin de cuentas, González, Guerra y Carrillo formaban parte de la oposición de izquierdas. Carrillo fue uno de los tres hombres que no se agacharon cuando entró Tejero, pero como estaba en una parte más alta de los escaños no se le ve bien. Ya no hay imágenes, se oyen ráfagas de disparos...

Otra vez el día 24 vuelve la tensión: Íñigo Cavero pidió que le disparasen, y Fraga protestó por el atentado a la Democracia. Empieza a correr el rumor de que los GEO van a tomar al asalto el Congreso de los Diputados. Entre las autoridades de mayor rango que están al frente de las Fuerzas de Seguridad del Estado opuestas a los golpistas se encuentran José Antonio Sáenz de Santamaría, que ordenó a la Policía Nacional que rodeara el edificio del Congreso de los Diputados, y José Luis Aramburu Topete, que entró en el Congreso con el fin de intentar convencer a Tejero que se rindiese. Por cierto, Tejero era teniente coronel.

A las 11 de la mañana ya se rinden una docena de guardias civiles. Después se ve a salir a otro grupo de guardias por la ventana de la Sala de Prensa del Congreso. Se sabe que después Tejero se declara único responsable de lo ocurrido y que sólo se entregaría a un superior y, además, tenía que ser en El Pardo (cómo no). La verdad es que ahora no recuerdo muy bien dónde se entregó. Aunque exige que no haya cámaras, se le ve en unas imágenes despidiéndose de un grupo de guardias civiles. También hay otras en las que está hablando con un hombre que lleva uniforme de la Marina, luego supe que se trataba de Pardo Zancada.

Tejero, que a pesar de todo sigue de lo más chulo, da la orden de salida de la sala a los diputados, pero Landelino Lavilla, a quien ya había ninguneado, le dice que eso es competencia suya. Tampoco sé muy bien a qué hora, los primeros parlamentarios que salen a la calle son recibidos con aplausos. La Guardia Civil vuelve a sus labores; gran parte de los implicados estuvieron liados dando un golpe de Estado y descuidaron sus tareas de control de Tráfico. Los servicios secretos también andaban algo liados ayudando a los golpistas a llegar al Congreso, se ve que no conocían bien Madrid.

Manifestación por la Democracia. Fotografía publicada en la prensa española en febrero de 1981

18 horas de tensión precedieron a una manifestación por la democracia, que en Madrid reunió a más de 500.000 personas, salió a la calle a gritar “el Pueblo unido, jamás será vencido”.

Antonio Tejero cumplió una condena de chichinabo y aprendió a pintar en la cárcel y no concede entrevistas. Alfonso Armada perdió su graduación militar, pero siguió siendo marqués.

Para terminar, quiero citar unas palabra de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex-presidente de la Junta de Extremadura: “Dicen que el Golpe se paró por tres hombres: Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo. Por Dios, si todos hubiéramos sido tan valientes como ellos, se hubieran muchos más tiros y hubiéramos muerto muchos más”.

23 de febrero de 1981, día "extraño" donde los haya (hasta José María García estuvo transmitiendo la noticia). Sólo se condenaron a oficiales, las condenas fueron una porquería... Pero pudo la Democracia, que este "susto" sirva para darse cuenta que tenemos un tesoro.


lunes, 14 de febrero de 2011

El cruasán

Corría el año 1683 y 100.000 turcos asediaban Viena. Durante dos meses que debieron parecer una eternidad, los turcos hicieron lo imposible por tomar la ciudad, pero los vieneses se resistían: era lógico, si Viena caía, sabe Dios lo que ocurriría después con el resto de Europa. Pero los turcos tenían prisa, y se les ocurrió hacer una serie de túneles con la idea de que éstos les dejaran en el centro de la ciudad, igual que si fueran en el metro. Los turcos empezaron a excavar de noche, pasando debajo de las murallas, pensando que de noche los vieneses no se darían cuenta. No lo harían así por evitar el ruido, digo yo, porque si alguien está haciendo de noche un túnel debajo de tu casa, supongo que te enteras. Y, bien pensado, si fue porque no los vieran, si hacían un túnel bajo tierra daba lo mismo que fuera de día que de noche, que bajo tierra no los iba a ver nadie.

Si hay algo que saben hacer en Viena es el pan, una servidora lo dice por experiencia, y los panaderos están entre los que tienen que madrugar más, porque hacer buen pan lleva su tiempo. El gremio vienés de panaderos notó el ruido de lo que estaban liando los turcos, y dieron aviso a las autoridades, por lo que el ejército pudo intervenir a tiempo para parar los pies a los turcos… Viena dejó de correr peligro.

Se convocó entonces un concurso para crear un postre que recordara a todo el mundo tal acontecimiento. El certamen lo ganó el “inventor” de un bizcocho con textura similar al brioche, pero con forma de media luna para hacer burla al invasor, pues la media luna era el símbolo de la ciudad de Constantinopla. El bizcocho se llamaría Halbmond (en alemán, “Media Luna”). Con el tiempo, la reina María Antonieta (la que acabó sus días en la guillotina) introdujo el Halbmond en Francia, donde tomaría el nombre de croissant (en francés, “Creciente”) por su forma de media luna creciente. En España lo llamamos cruasán. A decir verdad, la moda también se acabó con la reina, aunque sólo de momento.

Fotografía tomada de la web buscada con Google

No sería hasta finales del siglo XIX, con la presencia del austriaco Barón Zang en París, en que el croissant reaparece entre los golosos parisinos. Pero es en 1920 cuando semejante delicia empieza a hacerse como hoy lo conocemos, a base de hojaldre y mantequilla, principalmente.

Panadería vienesa de August Zang en París (1909). Fotografía tomada de la web buscada con Google


Una tontería para terminar: la película Desayuno con diamantes, empieza cuando Audrey Hepburn se detiene a mirar el escaparate de una joyería neoyorquina mientras se toma un café con un croissant. Por cierto, lo del café también tiene algo que ver con el asedio de Viena, pero eso ya es tema de otra entrada.

domingo, 6 de febrero de 2011

Krakatoa

Indonesia se encuentra en una de las zonas de mayor actividad sísmica y volcánica de todo el planeta. Al suroeste, entre Java y Sumatra, en el Estrecho de Sunda, se encontraba la isla de Rakata, de 47 kilómetros cuadrados, y allí había un volcán llamado Krakatau, más conocido entre los occidentales como Krakatoa. El Krakatoa era considerado, en términos geológicos, como caldera volcánica.

Mapa que indica la situación del Estrecho de Sunda. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Un día, el 20 de mayo de 1883 comenzaron a aparecer escapes de gases en la zona norte. El agua de mar se filtró en la cámara magmática, produciendo enormes cantidades de vapor. La actividad cesó hacia finales de mayo, pero comenzó otra vez hacia el 19 de junio, y después del 11 de agosto las erupciones se tornaron más grandes, produciéndose más fisuras. El 24 de agosto, las erupciones se intensificaron; el 26 fue el principio del fin.

Foto del Krakatoa en plena actividad pocas horas antes de la gran explosión, tomada desde un barco que cruzaba el Estrecho de Sunda. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Alrededor de las 14:00 horas, se pudo ver una nube de ceniza que tenía una altura de 27 kilómetros; la causa fue una nueva fisura. En ese momento, la presión ejercida por una enorme bolsa de lava hirviente de casi kilómetro y medio de profundidad consiguió salir al aire con una impresionante fuerza. Durante mucho tiempo se creyó que el agua del mar se coló por la nueva grieta y al caer sobre la lava se convirtió en vapor que hizo aumentar la presión, haciendo saltar grandes bloques de granito y obsidiana que salieron disparados por encima de los 20.000 metros de altura. Pero investigaciones recientes estudian la teoría de que las primeras erupciones vaciaron en parte la cámara de magma, dejando pasar más magma con mucha más temperatura, dando lugar a gases que aumentaron la presión en las paredes de la caldera volcánica, desencadenando la catástrofe. La ceniza de la explosión alcanzó los 80 km de altitud. Se cree que la energía liberada en ese momento fue como la de 10.000 veces Little Boy, la bomba atómica de Hiroshima. Sólo quedó la cuarta parte de la isla Rakata. El estruendo provocó una ola gigantesca que acabó con casi todo en 80.000 km2.

Mapa de la isla de Rakata después de la gran erupción. La parte cuadriculada desapareció. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Dicen que el ruido de la explosión se oyó en Perth (Australia) a 3.500 kilómetros y a 4.800 (Isla Rodrigues). En realidad, se registró en aparatos de todo el mundo. El estruendo provocó sordera en la población de Java y Sumatra. Cayó piedra pómez en la cubierta de barcos que estaban en la zona sujetos con cadenas (un buque alemán que no estaba sujeto acabó a 4 kilómetros de la costa… tierra adentro) y la isla de Cocos, a más de 1.000 kilómetros, se vio cubierta de cenizas.

Grabado de la época en la que se representa lo que es obvio: un barco en mitad de la jungla. Llegó hasta allí por la fuerza que cogió del mar después de la erupción del Krakatoa. Fotografía tomada de la web buscada con Google


La fuerza del oleaje arrancó del mar bloques de coral que se estampaban en las playas cercanas y hacía balancearse a los barcos en Sudáfrica. Las partículas más pequeñas desprendidas por el Krakatoa hicieron que cambiara el color del cielo en ciudades tan lejanas como París o Nueva York, debido a la refracción de los rayos solares. También provocaron un cambio de la temperatura (que descendió en más de 1ºC) impidiendo que llegara la radiación solar, y no recuperó su nivel normal en cinco años. Por fin, el 28 de agosto se detuvo lo que parecía el fin del mundo. Y empezó el cálculo de cuánta gente había perdido la vida. Se cree que perecieron más de 35.000 personas, muchas de ellas aparecieron flotando sobre trozos de piedra pómez en lugares tan lejanos como África…

En 1927 se registró nuevamente actividad volcánica bajo la superficie del mar. Había nacido una nueva isla, Anak Krakatoa (hijo de Krakatoa). Creció rápido y al año siguiente ya salió a la superficie; en 1973 tenía una altura de 190 metros y hoy promete ser un digno sucesor de su padre Krakatoa, sinónimo de muerte y destrucción.

Anak Krakatau. Fotografía tomada de la web buscada con Google


De todos es sabido que las tierras donde han caído cenizas volcánicas son tremendamente fértiles, pero a ver quién es el guapo que se atreve a ir a vivir a este lugar después de todo lo ocurrido.

jueves, 27 de enero de 2011

La leyenda de Justo Armas


Justo Armas apareció un día en la ciudad de San Salvador. Cuando se le veía en público, iba elegantemente vestido pero descalzo. Cuando murió en 1936, seguían en pie muchos interrogantes. ¿Era Justo Armas el emperador de México, Maximiliano I de Habsburgo?

El fusilamiento de Maximiliano (1867) por Édouard Manet


Según la historia, Maximiliano de Habsburgo llega al trono de México por el afán de Napoleón III en organizar la existencia a todo su entorno. Pero las cosas no salen bien y el emperador francés es el primero en dejar colgado al emperador mexicano, llevándose a todos los soldados galos que quedan en México. Maximiliano es capturado por las tropas republicanas de Benito Juárez el 15 de mayo de 1867, y un mes después, el 19 de junio, es fusilado en compañía de sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, en el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro, a las siete y quince de la mañana.

Benito Juárez. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Según la leyenda, Maximiliano sobrevivió. Pero además de católico era masón y las normas de la masonería impiden que sus miembros se maten entre sí: tanto Maximiliano como Juárez eran masones. Éste último se veía ante una disyuntiva: ordenar el fusilamiento del emperador decidido en un juicio sumarísimo o salvar como sea a su hermano masón. Se cree que los soldados encargados de ejecutar el fusilamiento no conocían a Maximiliano de Habsburgo, no sabían cómo era realmente su apariencia física, con lo cual no iban a cuestionar que el hombre que tenían ante ellos era el emperador de México. ¿A quién se le ocurriría algo así en ese momento? Hay unas fotos en las que sale el cadáver de un hombre que dicen que es Maximiliano, pero no se le parece, ni hay claridad en los registros de defunciones de la época.

Maximiliano de Habsburgo. Fotografía tomada de la web buscada con Google


No se sabe si Juárez hizo simular un falso fusilamiento o si hizo la vista gorda a un rescate preparado por otros, lo cierto es que Maximiliano salvó la vida. Después de la ejecución, Juárez publicó una proclama, comunicando que Maximiliano de Habsburgo había sido hecho justo por las armas, y de ahí el nombre con que fue conocida la nueva identidad del supuestamente difunto emperador. Maximiliano iría a El Salvador, donde el capitán general Gerardo Barrios (también masón) facilitaría su estancia en la capital del país.

Justo Armas. Fotografía tomada de la web buscada con Google


El hombre conocido como Justo Armas empezó una vida en San Salvador, a donde llega en 1871. Era un hombre culto, hablaba varios idiomas –entre ellos el alemán– y estaba muy al corriente de quién era quién en las casas reales europeas. Como no podía vivir del aire montó un negocio, un servicio de catering de alto standing: cuando sus servicios eran requeridos, Justo se encargaba de servir un magnífico banquete en platos de porcelana de Sèvres, con cubiertos de plata e iluminaba la estancia con candelabros de plata también.

Cuando le preguntaban por su origen, don Justo contaba ser el único sobreviviente de un naufragio, cerca de Acajutla, y que en medio del peligro, juró que no volvería a llevar zapatos si se salvaba. Despertó en una cabaña, donde lo cuidaba una anciana y los pescadores de la zona pudieron rescatar parte de sus bienes. Pero ¿por qué pudieron recuperar los cubiertos y los candelabros que sólo por el peso se habrían ido al fondo? ¿De dónde salieron todos los objetos personales de Maximiliano que estaban en poder de Justo? Según algunos investigadores, la vajilla que utilizaba Justo en sus comidas era del mismo juego que la Casa Christofle hizo a Maximiliano y Carlota... Además, Justo Armas y el difunto emperador presentaban un parecido inquietante. Vale, Justo iba siempre descalzo, pero eso no impedía que se apreciara en él el porte y la distinción que se le supone a un archiduque.

En 1915, Justo Armas recibe la visita de representantes del gobierno austro-húngaro, y testigos de dicha visita que entendían el alemán, afirman haber oído súplicas de que "regresara a Austria para suceder en el trono a su hermano Francisco José, gravemente enfermo". "Soy mayor y estoy cansado, sólo quiero que me dejen tranquilo" fue lo que se oyó por respuesta. Si esto fuera verdad, sería la muestra de que en Austria-Hungría estaban al corriente de que el archiduque Maximiliano no había muerto, pero por conveniencia habían seguido la corriente a Benito Juárez. Al fin y al cabo, si Maximiliano era demasiado liberal para los intereses de Francia, más aún si cabe para los intereses de la corte austriaca.

Justo había sido acogido por una familia, los Arbizú, entre los que también había masones. De hecho, fueron ellos sus herederos. Cuando llegó su hora de morir, llamaron a un sacerdote, el arzobispo de San Salvador monseñor Belloso Sánchez, con el fin de darle la extremaunción. Justo hizo un repaso de su vida, de las personas que conoció y de su vida en Viena. Al salir de la estancia, el arzobispo manifestó en voz alta el origen imperial de Justo. Cuando Armas se quedó solo en su habitación, vio acercarse a su lecho de muerte una sombra ¿sería la Dama Blanca que se aparecía a los Habsburgo cuando había una muerte inminente en la familia? Y Justo/Máximo murió.

Pasó el tiempo, y hubo gente que quiso demostrar que Maximiliano y Justo Armas eran el mismo hombre. Se han hecho estudios de los rasgos faciales, se han hecho pruebas grafológicas y se han estudiado objetos personales. Todos llegan a una conclusión: Justo era Maximiliano. Pero falta una prueba concluyente, la del ADN, que está pendiente de hacerse porque los Habsburgo alegan que abrir las tumbas de los hermanos de Maximiliano sería un sacrilegio, mientras que los Arbizú no pusieron ningún inconveniente en que se tomara una muestra del ADN de Justo.

Justo Armas murió en San Salvador en 1936, pero no he conseguido encontrar dónde está tu tumba...



NOTA DE LA AUTORA:

Por primera vez en la historia del blog, tengo la ocasión de reeditar un post gracias a la colaboración de uno de mis lectores. Por cortesía de D. Carlos Ernesto Cortez Tejada, puedo añadir la fotografía de la tumba de Justo Armas y, para acompañar a la misma, tomo prestadas parte de las palabras que el Sr. Cortez Tejada escribió a modo de comentario. Estimado autor: Don Justo Armas está sepultado en el Cementerio de Los Ilustres de San Salvador, la capital salvadoreña. Se encuentra enterrado en la tumba de la familia Arbizú Bosque, la familia que lo acogió y con la cual vivió durante toda su estancia en San Salvador.

Tumba de la familia Arbizú Bosque, lugar donde se encuentra enterrado Justo Armas.

lunes, 17 de enero de 2011

El terremoto de San Francisco de 1906

Todos los años, el Departamento de Bomberos de San Francisco celebra una ceremonia que tiene lugar a las 5:12 de la mañana. El motivo es recordar el terremoto y posterior incendio que asolaron la ciudad el 18 de abril de 1906. Los expertos creen que el seísmo alcanzó una magnitud de 8,2 en la escala de Richter, escala que alcanza hasta el 9 pero no está cerrada. El epicentro tuvo lugar en Daly City, a 5,31 kilómetros al sur de San Francisco, y se sintió a más de 500 kilómetros.

En 1906, San Francisco es la novena ciudad en importancia de los Estados Unidos y tiene 400000 habitantes, de los cuales sólo la mitad eran nativos. Una parte se halla sobre colinas que alcanzan unos 285 metros de altitud. La ciudad se encuentra en el estado de California, que dispone de grandes recursos naturales: oro, sal, hierro, plata... San Francisco tenía muchos teatros y su Ópera recibía a los artistas más célebres.

Falla de San Andrés. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Pero no todo era perfecto… En California está situada la falla de San Andrés, de 970 kilómetros, más o menos. Va desde Oregón, al norte, hasta el desierto de Mojave, al sureste de California. Se encuentra entre la placa de Norteamérica y la del Pacífico: ahí las dos placas tratan de deslizarse una encima de la otra; cuanto más tiempo se obstruyan entre sí, más fuerte será el terremoto que tenga lugar.

Y llegó el fatídico día. Para relatar los primeros momentos, queremos incluir un fragmento del testimonio del gran tenor italiano Enrico Caruso, que se encontraba en la ciudad para representar el papel de Don José en la ópera Carmen de Bizet: «me encontraba en el Hotel Palace, donde tenía una habitación en el quinto piso. […] Me desperté alrededor de las 5, sentía que mi cama se balanceaba. Me levanté, fui a la ventana y miré fuera. Vi los edificios derribándose, y oía los gritos de hombres, mujeres y niños. Permanecí sin moverme unos cuarenta segundos. […] El yeso del techo cayó como una gran ducha, cubriendo todo el mobiliario…» Dicen que Caruso no volvió a San Francisco en su vida.

San Francisco asolada por el terremoto de 1906. Fotografía tomada de la web buscada con Google


En realidad no fue un solo terremoto, nunca es uno solo, sino que empieza uno y luego viene una réplica, o las que sean, que son las que rematan la faena. Pero peor que el terremoto, fue el incendio que vino después: hay muchas teorías sobre esto, pero lo más probable es que, al romperse los edificios, se rompieron también los conductos de gas lo que originó un incendio que tardó tres días en extinguirse por completo, pues también se rompieron los conductos del agua. La mayor parte de los edificios eran de madera. También se perdió la comunicación telefónica. Los almacenes de la bahía, el barrio chino y la zona de negocios quedaron destrozados, al igual que su Ayuntamiento, que hacía no mucho terminó de construirse. También se vieron afectadas otras ciudades de la bahía de San Francisco, como Santa Rosa y San José.

Como suele hacerse en Estados Unidos cuando se descontrola una situación de caos, el ejército tuvo que tomar cartas en el asunto. Se ordenó la ley marcial, disparándose a los saqueadores que quisieran aprovecharse. Para apagar el fuego, como no había agua, se dinamitaron algunos edificios para hacer de cortafuegos y, de esta manera, salvar el oeste de la ciudad. Algunos propietarios incendiaron su casa porque el seguro no les cubría sólo por el terremoto.

Nubarrones de humo provocado por el incendio posterior al seísmo. Fotografía tomada de la web buscada con Google


Se cree que hubo más 3000 víctimas mortales sólo en San Francisco, sin contar las del resto de la bahía, pero no se puede saber con exactitud porque las autoridades no pusieron mucho interés en contabilizar a la población de origen oriental. Y hubo más muertos por el fuego que por el terremoto. La mitad de la población se quedó sin casa, se perdieron unos 28000 edificios, el 80% de la ciudad. Esta gente se acopló en su mayoría como pudo en tiendas de campañas instaladas en el parque del Golden Gate.

La ciudad no tardó en reconstruirse, en el mismo sitio, encima de la falla de San Andrés. Para conjurar el peligro, se empleó un nuevo sistema en la construcción, a base de cemento y acero. Se desterraron los vehículos tirados por animales y se introdujeron el tranvía y el automóvil, desapareciendo las cuadras donde se almacenaba la paja que servía de alimento a las caballerías.

La Exposición Universal de San Francisco de 1915 mostró al mundo una ciudad que resurgió de sus cenizas, pero que continúa conviviendo con el peligro.

viernes, 7 de enero de 2011

Henry Ford y la cadena de montaje

Una cadena de montaje es un mecanismo de producción en el que cada operario de ese mecanismo realiza una función específica sobre un producto. Después, el producto pasa a otro operario y así sucesivamente, hasta que el producto ha pasado por todos los operarios de ese mecanismo y resulta terminado. Así, reduciendo los tiempos parciales, se reducen los totales, los costes de producción y con ello se aumentan los beneficios. Esta forma de trabajar se utilizó en la construcción del Ford T, diseñado por Henry Ford, fundador de una de las empresas automovilísticas más importantes del mundo.

Henry Ford. Foto de Mondadori Portfolio\Mondadori Portfolio vía Getty Images


Ford era originario de Greenfield Township, Dearborn, en el estado de Michigan, donde nació el 30 de julio de 1863, durante la guerra civil estadounidense. Era de una familia de campo. Su padre tenía la esperanza de que se ocupara de la granja familiar, pero Henry tenía otros sueños, y a los 16 años de edad emigró a Detroit, donde empezó a trabajar como aprendiz de mecánico, mostrando mucha habilidad en ello. En 1896 hace su primer “coche”: juntó dos bicicletas a un motor, lo llamó cuadriciclo.

Se dedicó a las carreras para hacer dinero: lo consiguió y el 16 de junio de 1903 funda la Ford Motor Company, aunque no fue el único inversor. Diez años más tarde, a Ford se le ocurrió introducir la cadena de montaje en la fábrica; no fue el primero en utilizarla, pero la perfeccionó y contribuyó a la generalización de su uso. Montó la cadena con correas de transmisión de manera que las cintas acercaban las piezas a los trabajadores, que así no tenían que perder tiempo desplazándose a diferentes lugares.

Cadena de montaje Ford


Aumentó la productividad, pero también la monotonía, y entonces podía bajar otra vez la producción. Para solucionar esto, Henry Ford subió el sueldo a sus trabajadores mayores de 22 años y con más de 6 meses en la empresa, pagándoles 5 dólares al día, el doble que en otras empresas. Pero no se lo pagaban a cualquiera: varios investigadores se encargaban de saber quién tenía una vida sin vicios.

Entre 1937 y 1941, la Ford Motor Company no admitía la participación de los sindicatos como representantes de los trabajadores. Las crisis hicieron que empeorasen las condiciones de trabajo de los empleados con el fin de aumentar la producción: a Ford se le ocurrió que se podía acelerar la velocidad de las cintas transportadoras de la cadena de montaje; aquello debió ser de locura, igual que Chaplin en Tiempos Modernos. Y los sindicatos no podían hacer nada porque estaban prohibidos en la compañía. En 1941, toda la planta de River Rouge, en Michigan, se puso en huelga: este hecho, su mujer que le dio un toque y los jueces convencieron a Henry Ford de la conveniencia de la presencia sindical en sus empresas.

Ford no se dedicó solo a la construcción de coches: también hizo aviones. En 1925 compró la Stout Metal Airplane Company; su avión de mayor éxito fue el Ford Trimotor, con capacidad para doce pasajeros. La compañía tuvo que cerrar por la Gran Depresión de 1929.

Ford Trimotor


Fue contemporáneo de dos Guerras Mundiales. En 1915 viajó a Europa en barco, acompañado de un grupo de pacifistas, pensando que este gesto serviría para detener la guerra: pasaron de él. Este pacifismo no impidió que fabricara motores Liberty para aviones durante la Primera Guerra Mundial, y en la Segunda Guerra fabricara tanques y el bombardero B-24, que para algo era el tercer proveedor de la Defensa norteamericana.

También fue escritor, lo que le trajo no pocos problemas. En 1920, el diario The Dearborn Independent, del que era editor, publicó El judío internacional, fuente de inspiración de la ideología nazi. Con el tiempo, Ford terminó cerrando el periódico, pero ello no impidió que recibiera del mismísimo Hitler la Gran Cruz del Águila Alemana. Ford y Hitler se profesaban admiración mutua, de hecho, Ford pensó en el Ford T como un coche que llegara a todo el mundo: Hitler pensó en Volkswagen de la misma manera, por algo era el coche del pueblo. Pero el dólar es el dólar: le construyó a Stalin una planta en la actual Baja Novgorod.

Henry Ford también tuvo sufrimientos. Su hijo Edsel, que colaboró con él codo con codo, murió de cáncer de estómago en 1943 cuando sólo tenía 50 años. Edsel tenía un hijo, Henry Ford II, de 26 años. Su abuelo había pensado en un socio para que se hiciera cargo de la empresa, pero la viuda de Edsel presionó para que el nieto ocupara el puesto que quedaba vacante, cosa que consiguió en 1945.
 
Ford T


Henry Ford, uno de los hombres más ricos del mundo gracias al Ford T, murió el 7 de abril de 1947 en Fair Lane, DearBorn, Michigan. Se cree que en ese momento tenía casi 700 millones de dólares.

jueves, 30 de diciembre de 2010

El Biedermeier

Después del Congreso de Viena (noviembre de 1814- junio de 1815) pudo comprobarse en qué medida y en qué lugares tuvo influencia la Revolución Francesa. Luis XVIII sube al trono francés restableciendo a la Casa de Borbón, pero ya no pudo volver al antiguo orden, debiendo dar paso a un régimen con tintes constitucionales. En Austria, no ocurrió así, y el príncipe Klemens von Metternich fue el encargado de que se siguieran los cauces absolutistas. Se estableció una red de espías infiltrados en embajadas o lugares de ocio. Se limita la actividad política de la población mediante lo que se conoció como Decretos de Karlsbad (1819).

Klemens von Metternich por Thomas Lawrence (1825)


Lo cierto es que esa población, viendo que no podían abrir la boca para nada, empieza a quedarse en su casa, y se esfuerzan en hacerla lo más cómoda posible. Es cuando surge el Biedermeier, estilo artístico que es conocido, sobre todo, en el campo de la decoración, pero también lo encontramos en la literatura, la música, la moda… El equivalente inglés al Biedermeier sería el Regency. En alemán, Bieder significa sencillo, y Meier resulta ser un apellido muy extendido entre la clase burguesa, clase que empieza a reclamar para ellos una serie de comodidades que les hacen más llevaderas las actividades que realizan en su casa, que además es el único sitio donde pueden opinar libremente, salvo que tengan personal de servicio, en cuyo caso tienen que seguir con la boca cerrada, porque aquí también podían colarse los espías.

En lo que es el precedente de la actual sala de estar, las familias se reunían para bordar, leer, dibujar o tocar al piano adaptaciones de los autores más populares, entre los que se encontraba Johann Strauss padre. Las casas no eran muy grandes por lo que el mobiliario más bien es pequeño, pero cómodo y funcional: nos encontramos con mesitas de costura, cómodas o sillones inspirados en la forma de la lira.

Silla Biedermeier 

Entre los elementos decorativos se aprecian pequeñas columnas, capiteles, palmetas… La madera es un elemento fundamental: abedul, arce, cerezo, fresno, nogal, sicomoro y más; en las maderas de color claro se hacían dibujos con incrustaciones de las maderas más oscuras. El azul pastel y el amarillo destacan en la tapicería, aunque también encontramos flores en abundancia. Pero no siempre la gente se quedaba en casa y ese día iba a bailar el vals o a conversar sobre temas intrascendentes a los cafés vieneses. También había un estilo a seguir en la vestimenta: las mujeres, zapatos planos, chal y sombrillas. Los hombres pantalón largo, chaqueta ajustada, chaleco de color, corbata, guantes, bastón y reloj de bolsillo. Pero parece que no era ropa cómoda.

Estampa con moda Biedermeier entorno a 1820. Universal Images Group


Si por algún casual iban al teatro o a ver una obra musical, también se podía sentir la presencia de la censura. Curiosamente, en las salas de baile (no olvidemos que es época de valses) el público tenía libertad de movimiento, de moverse de forma algo menos recatada. En cuanto a la literatura, Karl Marx y Heinrich Heine emigraron, y los que no se iban o hacían caso omiso de las observaciones de los censores tenían que hacer frente a multas o cárcel. Los que no tenían ningún problema eran los autores de géneros menores, como la novela corta. La verdad es que a nadie le apetecía comerse el tarro con la represión que había.

En lo referente a la arquitectura, es elegante pero sin la pomposidad del estilo Imperio, por ejemplo, el Stadttempel en Viena. Influye en el Jugendstil y en la Bauhaus.

El Stadttempel es el edificio que sale en medio de la foto


La pintura resulta muy agradable y describe el ambiente con precisión fotográfica; es conformista (no quedaba más narices). Hay autores que defienden su origen en la pintura holandesa del XVII.

Imagen que refleja plenamente la vida cotidiana de la época Biedermeier


Pero después de todo esto, resulta que el Biedermeier es considerado movimiento de transición por pesar demasiado en él los gustos de la aristocracia… En 1848, al cabo de 30 años de denuncias arbitrarias y represión, los vieneses salieron a la calle para exigir, entre otras cosas, libertad de prensa. Se cansaron de quedarse callados.

Bibliografía recomendada

B. Echeverri. La gripe española. La pandemia de 1918-1919. CIS-Siglo XXI. Madrid. 1993.

Follet, Jean Philippe. Viena. Colección Un gran fin de semana. Salvat. Madrid. 2006.

Nicolás Gómez, S. M. (2010). Los estudios de arte del siglo XIX. Reflexiones en voz alta. Imafronte, (21-22), 277-287. Recuperado a partir de https://revistas.um.es/imafronte/article/view/201001

VVAA. Diccionario de Arte I. Spes (RBA). 2003.